Mostrando entradas con la etiqueta Díasdeabecedario. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Díasdeabecedario. Mostrar todas las entradas

No entiendo el YinYang



Días de abecedario es un juego propuesto por alguna de las personas a las que leo (sigo tratando de recordar cual) y hace varios años trato de juntar las ganas de hacerlo. La idea es escribir utilizando cada una de las letras del abecedario. Lo que sea, lo que surja, lo que se pueda… según lo que esa letra nos invite.  Aquí vamos con la “Y”

Foniátricamente disfruto un montón de la y, que la tienen todos, pero en argentina la mimamos  muy especialmente y le damos una fuerza impresionante y característica. Nadie la pronuncia como nosotros.
Nuestro Patrimonio lingüístico no es solo las palabras y sus significados, ni sus acepciones y cositas, también es lo divertido de saber que el español mima la “ñ” y El argentino ensalza la “y”


Hay algo en lo binario que des hace tiempo viene haciendo ruido, y el yin yang es un intento milenario de romper con esa polaridad, es un símbolo de no diferenciación que propone no pensar los opuestos como antagónicos (pese a seguir entendiendo la existencia de esos opuestos en tanto tales), que postula la superposición de los matices, el encuentro en lo diferente, la convivencia de lo contradictorio.
Encontrar lo masculino en lo femenino, entrelazar la luz y la oscuridad, combinar le día y la noche y entender que todo existe junto y mezclado, circular y salpicado, armónico y equilibrado.



No podemos seguir pensando en lo dual porque sería desconocer lo múltiple, seria negar un innegable abanico de matices y la existencia misma con toda su complejidad.
Este símbolo del taoísmo es un indicio, pero se queda corto… hay mucho más que negro en blanco y blanco en negro, hay magia en el “entre” y un sinfín de grises. El símbolo de la dualidad olvida que hay mucho más que dos en todos los temas imaginables, en las fuerzas opuestas hay más que oposición, lo que se supone que complementa no puede evitar convivir, esa armonía es inevitable, la luna no se ve sin la luz del sol, no existe el hombre sin la mujer, ni la mujer sin el hombre. No hay más que un bella simplificación de esta verdad en ese símbolo, no hay sino resumen de un despliegue inabarcable de una mirada complejizante que sin duda muchos monjes (¿?) taoístas han tenido, no hay forma de recriminar que no lo sepan, seguro lo han sabido, y la popular imagen ha perdido parte de su mensaje en la multiplicación simplista de su misión.


No entiendo el yin yang más que como una simplificación de una verdad bella, mística y múltiple, más que como un resumen de un montón de cosas que se interimplican de manera inevitable… como la complejidad misma.



No entiendo el Wabi sabi



Días de abecedario es un juego propuesto por alguna de las personas a las que leo (sigo tratando de recordar cual) y hace varios años trato de juntar las ganas de hacerlo. La idea es escribir utilizando cada una de las letras del abecedario. Lo que sea, lo que surja, lo que se pueda… según lo que esa letra nos invite.  Aquí vamos con la “W” (tarea nada sencilla)


Poco se y mucho me resuena la filosofía japonesa que de origen a la estética wabi sabi. Tiene algunos principios simples y claros con los que sin conocerla había estado tratando de amigarme y estoy cerca de convertirlo en mi bandera de culto.

Es un término estético, pero viene del budismo y me parece muy interesante aplicado a la vida diaria, como forma de perdonarse (perdonarnos) ser humanos. Las ideas del wabi sabi implican:
  • Nada es perfecto
  • Nada es permanente
  • Nada está completo

Entender esto y entender que está bien, es lógico y es natural alcanza. No parecemos necesitar nada más para ser felices en nuestra rutina.
Encontrar esa fascinante belleza en la imperfección de la vida nos reconcilia con nuestros devenires. Para esto tenemos que dejar solo lo esencial (porque no le podemos tolerar imperfección a tantas cosas)
En tiempos modernos de obsolescencia programada y cultura del descarte, me parece precioso que podamos buscar bancarnos los defectos y verlos bellos en lugar de necesitar evitarlos.


Encontrar placer en la irregularidad de las maderas, las cerámicas, las fibras naturales, los tejidos artesanales y no en los pulcros acabados pulidísimos que parecen venir de otros planetas. Poner en valor lo rustico, lo viejo, lo que tiene historia y el paso del tiempo con sus marcas visibles. Lo dicen los decoradores, pero me gustó llevarlo al autoamor, al aceptarse y valorarse con todo lo que la vida vivida nos puso arriba, a nosotros, a nuestro entorno afectivo, y en última instancia a nuestros objetos.

Al pareces, una persona wabi es para los japoneses un humilde por elección en sintonía con la naturaleza (suena tan budista como indiscutible), es feliz con poco  (un camino de ida que es encantador cultivar, mas allá de las cosas, con los pequeños momentos). 
Por otro lado, sabi es la progresión natural, la carga del tiempo vivido, bien vivido, otra palabra que remite a objetos, pero podría hacerlo a personas. Implica que los objetos han estado cuidados, limpios y protegidos, pero el paso de la vida se puede ver igual.
Este movimiento estético celebra las cicatrices en las superficies, el tiempo como regalo, y no como castigo, como algo que es real y no hace falta disimular, objetos con espíritu y corazón.
Pensar en personas en los términos que estos decoradores nombran objetos y ambientes; penumbra, intemperie, perecedero, desgastado, modesto, asimétrico, áspero, sencillo, lleno de grietas; es fácil, así somos, así nos relacionamos. Wabi sabi es una forma de pensar y estar en el mundo.


No entiendo como no salimos a la vida con estos principios de fugacidad de la existencia atados en el cuerpo, orgullosos de nuestras huellas visibles y las sentibles. Con un ciclo de vida que nos crea y nos recrea para ser lo que podemos ofrecer al que se nos quiera acercar. Con eso claro, disfrutar el hoy y las pequeñas cosas es una consecuencia natural. Como vivir.


No entiendo la Vocación



Días de abecedario es un juego propuesto por alguna de las personas a las que leo (sigo tratando de recordar cual) y hace varios años trato de juntar las ganas de hacerlo. La idea es escribir utilizando cada una de las letras del abecedario. Lo que sea, lo que surja, lo que se pueda… según lo que esa letra nos invite.  Aquí vamos con la “V”


Desde chiquitos escuchamos hablar de la vocación, del llamadito, o el talento innato para hacer algo, para ser alguien. No todos lo escuchamos, no todos a tiempo, muchos ni sabemos si lo escuchamos o nos imaginamos la voz que nos convenía oír… sin embargo, estamos rodeados de personas cuya vocación los mueve a hacer cosas increíbles y personas que apagaron esas voces para sumirse en una profunda  negación de si mismos.
Esa convocatoria extraña a una forma de vida, ese interés profundo que nace desde muy adentro es lo que nos hace mezclar un poco de lo que tenemos y otro poco de las herramientas y conocimientos necesarios que buscamos, para seguir el camino que creemos que es el nuestro.

Pensando estas y otras cosas, un día escribí un cuentito... y acá va.



Se levantó sonriendo en mitad de su sueño. Soñaba con su familia, con un almuerzo familiar en el que estaban todos. Estaba la abuela Delia con la mirada dulce, estaba el abuelo Emilio con la carcajada estruendosa, estaban sus padres, contentísimos, sirviendo la mesa, estaba su hermana, contándole cosas graciosas de la semana laboral, estaba su hermano, presentando novia nueva, estaba Haras, la labradora dorada que desde cachorra viva con ellos en el coqueto barrio porteño que la vio nacer. Estaban ellos y estaban otros, los muy cercanos y los no tanto. Y se levantó sonriendo.
Se acercó a la ventana y corrió la cortina. Era domingo. El sol entró y desde el marco inferior de la ventana emergieron tres cabecitas profundamente oscuras, tres cabecitas rapadas con enormes bocas repletas de dientes excesivamente blancos. Inés devolvió la sonrisa y fue a abrir la puerta. Un viento suave peino la tierra de la vereda y como un suspiro caliente besó el cuerpo de Inés.  Viento africano, aire de Mozambique.
Más criaturas se acercaron a la puerta para llenar de cariño físico a Inés y mezclar el portugués natal con el español que tímidamente venían aprendiendo en la escuela.
Ante el alboroto y para no perderse el revuelo, de abajo de un sillón salió un perrito petiso, bigotudo y bastante chueco que moviendo una cola larga y despeinada se ganó el protagonismo de la improvisada reunión.

Inés miro su nueva mascota, sus nuevos amigos, su nueva casa y recordó su sueño reciente. Evocó a su familia. Que nostalgia de Buenos Aires sentía a veces. Las risas aumentaron de volumen y ahuyentaron los pensamientos de Inés que se unió a los juegos de los chicos del barrio. 
Mañana otra vez seria lunes y la salita de cuidados médicos le seguiría confirmando que estaba justo donde tenía que estar. La vocación de la doctora Inés estaba muy lejos del coqueto barrio porteño que la vio nacer. Y la distancia cuesta, pero ella es increíblemente feliz.


No entiendo como la vocación nos mueve y nos conmueve de maneras maravillosas e insospechadas. Somos capaces de mucho cuando descubrimos a que venimos.


No entiendo los Unicornios



Días de abecedario es un juego propuesto por alguna de las personas a las que leo (sigo tratando de recordar cual) y hace varios años trato de juntar las ganas de hacerlo. La idea es escribir utilizando cada una de las letras del abecedario. Lo que sea, lo que surja, lo que se pueda… según lo que esa letra nos invite.  Aquí vamos con la “U”


Me gusta la fantasía, me gusta la magia, me gustan los personajes mitológicos, pero me tienen harta los unicornios.

Yo entiendo que la moda, el marketing y los patrones de consumo lo están manteniendo en la cima de la popularidad, pero me encuentro sobrepasada en mi capacidad de ver productos muchos con variadas versiones de este animalejo.


De patas largas y estilizadas o con cuerpos rechonchitos, de cuernos coloridos o dorados, dulces o malvados, en mochilas y agendas, en tazas y remeras, en todos los accesorios que sean capaces de imaginar. Los unicornios nos esperan con enormes alas o con tímidas alitas para llevarnos de viaje por la estandarización; los otrora sinónimo de irrepetible (al decir de Silvio Rodríguez) han hecho el movimiento pendular que los ubica del otro lado y ahora todos somos unicornios (con ayuda de una repetida vincha de plástico)


Frases sobre utopías acompañan la silueta e invitan a soñar, volar, creer y ser original (menuda paradoja), tanto que los monocuernos han migrado de los caballos alados a otros animales como caballos sin alas, gatos, delfines y más, tanto que las crines multicolores invaden las fiestas de cumpleaños y los salones de las escuelas, tanto que las cocinas de las abuelas y las carteras de las tías están repletos de ellos, tanto que no los quiero ver más.

¿Faltara mucho para que sirenas, minotauros o dragones le ganen protagonismo al emblemático caballito? Me parece muy compatible cualquiera de estas opciones con los mismos productos y hasta con idénticas frases…. ¿O todavía tenemos que esperar que alguna productora audiovisual le ponga nombre y tema musical al bichito estas vacaciones de invierno?


No entiendo hasta cuando hay que naturalizar las nenas cornudas y los enjambres de artesanos ofreciendo cuanta chuchería sea posible con el citado bicharraquito, no entiendo como no se cansan, como no se corren de un lugar tan común, de un algo tan visto, remasticado y re mil usado. Harta de los unicornios.


No entiendo la Temporada alta



Días de abecedario es un juego propuesto por alguna de las personas a las que leo (sigo tratando de recordar cual) y hace varios años trato de juntar las ganas de hacerlo. La idea es escribir utilizando cada una de las letras del abecedario. Lo que sea, lo que surja, lo que se pueda… según lo que esa letra nos invite.  Aquí vamos con la “T”


Se va el verano y comienzan las rutinas, porque muchos ya están renovados de las vacaciones, otros volvieron hace un mes y la mayoría recién se termina de reencontrar con sus equipos, porque en un periodo muy cortito del año, todos se van de vacaciones.


En algún momento, parece que la fecha de escolarización de las criaturitas nos marcó el almanaque a todos. De algún modo emergió la temporada alta, como concepto rector de la partida de la propia ciudad, es el momento en que hay que descansar (como si todos nos cansáramos en la misma fecha, o como si hacer faltar a los chicos dos semanas a clases les arruinara el futuro).


La temporada alta, es ese momento después de la navidad y antes del reinicio de clases en que todos corren a las agencias de turismo, a las revistas especializadas o a las rutas, porque es cuando se descansa, es cuando hay que estar de viaje, es cuando tenemos que hacer la pausa del año. TODOS.

Así nace el amontonamiento en los dos o tres lugares de veraneo obligado, porque el país es muy diverso, pero para muchos, “vacaciones” es sinónimo de Mar del Plata, Carlos Paz o alguna otra cosita no muy diferente a esas.
Este amontonamiento, esta explosión de estos lugarcitos y de otros que van emergiendo para tomar las familias que no encuentran lugar en los primeros, o las osadas que se animan a otras latitudes, tiene consecuencias. 
El amontonamiento genera aumento de precios, porque muchos quieren estar ahí, y no tiene sentido que les resulte tan simple alcanzar su objetivo. 
El amontonamiento trae stress, porque necesitamos conseguir donde dormir, en que llegar, que comer y donde “descansar” siendo muchos en el mismo lugar y en esto se suman las prisas, porque para lograr la felicidad en el lugar en el que nos amontonamos hay que estar muy atento al reloj, a que hora se llenan los comedores, cuando hay que bañarse para que no nos quedemos sin mesa, cuando sirven el desayuno del media pensión y otros muchos reglamentos de nuestro tiempo sin reglas que aportan a que necesitemos descansar del descanso.
Todo porque no nos animamos a viajar en septiembre, o en mayo.


No entiendo la temporada alta, sus incomodidades y esa falsa ilusión de fecha feliz que es para muchos (por suerte, para cada vez menos)


No entiendo la Serendipia



Días de abecedario es un juego propuesto por alguna de las personas a las que leo (sigo tratando de recordar cual) y hace varios años trato de juntar las ganas de hacerlo. La idea es escribir utilizando cada una de las letras del abecedario. Lo que sea, lo que surja, lo que se pueda… según lo que esa letra nos invite.  Aquí vamos con la “S”


La vida nos regala lo que cree que necesitamos. Puede no coincidir con lo que esperamos que nos regale. Puede parecer que no nos entiende y hasta podemos sentir que nuestra propia vida no nos conoce.

Buscar calma y encontrar música

Hace falta estar predispuesto. Necesitamos ser felices con los cambios de planes no elegidos porque buscar algo y encontrar otra cosa es maravilloso. Es un movimiento serpentino que nos envuelve y nos desborda.

No entiendo como la vida nos regala la alegría de cambiar nuestro rumbo como si supiera que no lo vamos a decidir sin que intervenga. Hay que estar predispuesto a la serendipia que es esa doble alegría de encontrar algo (que siempre está bueno) y a eso sumarle la sorpresa de no estar buscándolo, eso es lo que le da un plus, le suma magia, es algo que nos elige, un rincón de la búsqueda con mística de puntos suspensivos, porque no es el objetivo de nuestra búsqueda, pero es algo que se encuentra. Tener los ojos abiertos a la bifurcación y poder ver en todo siempre la posible serendipia.

Buscar hacer un trámite con una larga fila y encontrar tiempo para jugar al ludo en familia

¿Cuántas serendipias nos perdemos por no dejarnos sorprender?
(¿Será que estoy sobre interpretando y el significado de esta palabra no es tan coloquial?)
Que contradictorio suena alegrarse por no encontrar lo que se busca sino otra cosa. Hay algo de paradoja en esa alegría, en esa satisfacción, en esa conquista de lo que nos esperaba allí en ese hallazgo que nos revela para nuestra suerte una sorpresa que nos sacude.

Buscar trabajo y encontrar el amor
Goglear una palabra y encontrar un recuerdo
Hacer un trámite engorroso y encontrar un amigo de la infancia


La vida cotidiana se puede llenar de serendipias con cada hallazgo afortunadamente inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta, solo es cuestión de estar atentos.

No entiendo como no brillar cada vez que la serendipia nos encuentra. No entiendo cuantas veces habré sido parte de algo asi <3. 


No entiendo el Plástico



Días de abecedario es un juego propuesto por alguna de las personas a las que leo (sigo tratando de recordar cual) y hace varios años trato de juntar las ganas de hacerlo. La idea es escribir utilizando cada una de las letras del abecedario. Lo que sea, lo que surja, lo que se pueda… según lo que esa letra nos invite.  Aquí vamos con la “P”


Hay cositas que la humanidad hace en un momento… y después se da cuenta que no estuvo bien. Hay inventos que parecen maravillosos, y llegado un punto, notamos que son bastante menos felices de lo que sospechábamos.
Un día las personas descubrimos el plástico, probamos varios usos, le dimos muchas formas. Nos gustó el resultado, nos pareció versátil, barato, vendible, multiplicable. Entonces empezamos a hacer casi todo con plástico.


Hagamos un ejercicio; donde estés sentado, mirá. Mirá tu entorno, mirá tu bolso, mirá tu ropa. Mucho de todo lo que ves y usas todo el tiempo, es plástico. No hace falta demasiado para descubrirlo. Mirando un ratito vemos el predominio de este material, vemos su protagonismo y entendemos su exceso.

El gran problema emerge cuando, sin tener demasiado conocimiento, nos remitimos a indagar el origen de este producto, las materias primas que le dan existencia. Ahí encontramos que el plástico nace de recursos no renovables, y por lo tanto, limitados... es decir, hay mientras hay y después ya no habrá.
Sin embargo, no es eso lo más problemático (llegado el caso, se termina y lo que no se hizo, no se hace y se piensa en otro material). 

Lo complicado es que el plástico, como tal, no se reinserta en el ciclo de la materia. No sabe como hacerlo, no logra ser parte del medio. Todo lo que hacemos con plástico tarda muchísimos años en descomponerse (y por alguna extraña razón, decidimos hacer productos de un solo uso con un material así de perdurable). Entonces, acá se queda, en este planeta, en el que nada desaparece, pero todo se transforma; los materiales que no se vuelven a incluir en el ciclo de la vida (tan bien explicado por Mufasa en nuestra infancia), se convierten en un gran problema. 
La basura que sigue dando vueltas sin cambiar de forma, es basura rebelde. El plástico usado y descartado se pasea por las ciudades tapando bocas de tormenta: inunda. El plástico vuela hasta los cursos de agua, donde los animales lo confunden con alimento: asfixia. El plástico se acumula en las entrañas de muchos eslabones de la cadena trófica, hasta llegar al ser humano: intoxica. El plástico se almacena en depósitos de residuos en todas las ciudades del mundo, sin tener posibilidad de descomponerse, formando un altísimo porcentaje de la basura del planeta, y no por eso dejamos de producirlo, usarlo un par de minutos y tirarlo rápidamente y sin pensar en sus siguientes años. 


Si miramos esa foto, podemos ver las gruesas y enormes bolsas de residuos que un sólo local de comida rápida, de una ciudad promedio, en un día de semana genera; sólo en un día. El empleado sigue sacando bolsas, no sé cuantas más se habrán acumulado en esa jornada. No sé cuantos locales de comida de este tipo, con este volumen de residuos existen en esta ciudad, cuantos en el país, cuantos en el planeta, solo sé que esta foto es un pequeño puntito en el enorme sacudón que los terricolas le estamos propinando a nuestra casa común.
Muchos años van a pasar para que esas bolsas se descompongan, y todo lo que hay en su interior, es más y más plástico, hasta los envases de cartón donde ubican los alimentos están recubiertos de plástico, hasta los aderezos que nos ofrecen vienen en envases de plástico, las bebidas que consumimos sentados en sus sillas plásticas, tienen tapas plásticas y sorbetes plásticos, absolutamente prescindibles y excesivamente abundantes.

No entiendo hasta cuando vamos a seguir pensando que nuestras decisiones cotidianas no tienen impacto en las cuestiones ambientales. No se hasta cuando vamos a poder sostener este ritmo de consumo y descarte. No sé cuando vamos a entender que la responsabilidad es de todos. 

No entiendo la invasión del plástico en la vida diaria y el enorme esfuerzo que requiere evitarlo... no entiendo cuantas generaciones va a llevar el cambio de habito... y no estoy segura de ser parte de la primera generación que lo intente.


No entiendo la Oscuridad



Días de abecedario es un juego propuesto por alguna de las personas a las que leo (sigo tratando de recordar cual) y hace varios años trato de juntar las ganas de hacerlo. La idea es escribir utilizando cada una de las letras del abecedario. Lo que sea, lo que surja, lo que se pueda… según lo que esa letra nos invite.  Aquí vamos con la “O”


En un principio, no había más que oscuridad. Con el surgimiento de la luz, ese origen quedó relegado a una opción. Que elegimos cuando prendemos la luz y que nos pasa cuando no está, es una cuestión tan personal como incomprensible.


La oscuridad nos regala el misterio, un enigma poco valorado que nos ofrece la posibilidad de explotar otros sentidos... agudizar el olfato, el oído, incluso el tacto y tal vez el gusto. Al mismo tiempo, estos sentidos traen fantasmas. Estamos tan acostumbrados a la supremacía de la vista, que anularla nos abruma y hace aparecer todo lo que no solemos percibir y eso (empírica o metafóricamente), nos hace aflorar un montón de temores.


Se entiende entonces, perfectamente, que entre personas de todas las edades haya quienes le temen a la oscuridad. Como siempre, los más honestos son los chicos... sin embargo, muchos adultos reconocen dejar lucecitas prendidas "por si de noche quiero ir al baño" (cuando sabemos que podrían prenderla llegado el caso). Fantasmas, bichos y ladrones... todos podrían aparecer con la luz prendida, pero nos da miedo encontrarlos en la oscuridad... en cualquier caso... dejar la luz encendida sólo les facilita a estos seres encontrarnos con mayor facilidad 😁

Hay tanto potencial en la oscuridad, tanto por explorar si nos damos la oportunidad, un mundo de nuevos saberes y sentires que espera ser valorado.

No entiendo a los que duermen con la luz prendida para escapar de la oscuridad, como si no fuera obvio que los monstruos tienen visión nocturna


No entiendo la "Ñ"




Días de abecedario es un juego propuesto por alguna de las personas a las que leo (sigo tratando de recordar cual) y hace varios años trato de juntar las ganas de hacerlo. La idea es escribir utilizando cada una de las letras del abecedario. Lo que sea, lo que surja, lo que se pueda… según lo que esa letra nos invite.  Aquí vamos con la “Ñ”


Estoy en clase, suelo estar en clase, me gusta la sensación de estar tomando clases. El tema es interesante y la profesora es excelente. Cada palabra suya vale la pena. Lápiz y papel alerta. La mano se mueve rápido, casi como una vibración… un sucumdum… un qué se yo. De punta a punta del cuadernito espiralado arrastrando tinta y garabateando a gran velocidad.
En medio del torbellino; Me enoja un poco el punto de la “i”. De todas formas no es el único. También me enoja el sombrerito de la "t" y los acentos. Digo… todo lo que no me deje tomar apuntes de corrido, me enoja un montoncito. El ir me gusta, el volver sobre mis pasos en el renglón para terminar letras que no se hacen de un solo trazo, no me gusta.


No entiendo la diéresis, ni tampoco la colita de la "ç" (una letra que no tenemos, pero me generaría eso mismo). En esta misma línea ubico el flequillito de la "ñ", de verdad, habiendo tantas formas posibles de trazo como para hacer otras letras, ¿con qué necesidad le pedimos a las ya existentes que cumplan otra función? Y para colmo, las disfrazamos para no ver que son las mismas y pronunciarlas de otra manera. ¡Qué barbaridad!

¿Como habrá sido el momento? ¿Por que ponerle sombrerito a la "n" y no a la "w", que en nuestra lengua tiene tan poco uso?... Es curioso ver que el relato escrito se esfuerza por poner en dos dimensiones lo que en la vida cotidiana fluye de manera impensada y multidimensional. Onomatopeyas e interjecciones, gestos, ruidos y expresiones y las ganas de encerrar sonidos entre papeles, lo mismo que el pentagrama, pero con mucha mayor complejidad.  

No veo absolutamente necesaria la existencia de la "ñ", ciertamente, no logro hilar tan finito como para distinguir su efecto auditivo de un "ni", pero me parece que es un guiño particular que los hispanoparlantes guardamos celosamente del resto de los mortales, como nuestra marquita mimada, nuestro secreto a voces, lo que nos hace especiales. La Ñ tiene una fuerza que es cultural, es algo que no compartimos con nadie, y en un lenguaje tan extendido como el nuestro, es hermoso poder sentir esa diferenciación.

No entiendo como en mitad de una veloz tomada de apuntes me detengo a no entender algo que hace tantos años que hago, me entretengo en repensar las letras que hace toda una vida que uso. Me gusta escribir a mano.

No entiendo algunas particularidades caligráficas


Nota al pie: La imagen que ilustra, es de un cuento que encontré en mi biblioteca, cuando buscaba una Ñ para fotografiar.... nunca lo había leído, ni sabía que estaba ahí. Ya lo amo <3


No entiendo el Jengibre



Días de abecedario es un juego propuesto por alguna de las personas a las que leo (sigo tratando de recordar cual) y hace varios años trato de juntar las ganas de hacerlo. La idea es escribir utilizando cada una de las letras del abecedario. Lo que sea, lo que surja, lo que se pueda… según lo que esa letra nos invite.  Aquí vamos con la “J”


No entiendo como no usamos más jengibre. Lo descubrí hace relativamente poco y casi me volví adicta. Se me hace muy difícil resistirme a masticarlo en su versión confitada, es algo así como mi snack favorito que nunca falta en la cartera. No me privo de agregarlo a cada limonada que preparo. Lo disfruto junto al sushi. Lo espolvoreo sobre cualquier vegetal hervido y le cambia la vida a cualquier fideo aburrido que  me dispongo a comer. Es el condimento ideal para sustituir la sal y deberíamos seguir explorando las muchas posibilidades que ofrece.


Me puse a curiosear las ventajas de su ingesta, porque primero lo amé por el paladar, y después le agradecí sus talentos. Encontré que las propriedades del Jengibre se deben a que posee acción anticoagulante, vasodilatadora, expectorante, analgésica, digestiva, antiinflamatoria, antiemética, antitusiva, astringente, carminativa, antipirética y antiespasmódica, con todo esto, es casi un alimento milagroso. Sus muchos beneficios favorecen la garganta, el colesterol, la presión, ayudan a la perdidad de peso, aportan a los musculos, la circulación, el intestino, y reducen la artritis


Su sabor picante y su perfume inconfundible lo vuelven muy atractivo, sin embargo, todo esto lo encontramos en la raíz, y no es muy común conocer la planta  que se aprecia en la superficie de este completo alimento. La planta llega a tener 90 cm de altura, con largas hojas de 20 cm, que se pueden encontrar en India, China, Nepal, Indonesia y Tailandia. Generalmente sus consumidores solo conocemos como luce su raiz... con un inconfundible aspecto semi mitologico que lo hace irresistible.

No entiendo como no armamos clubes de fomento del jengibre... salgamos a las veredas con pancartas que griten sus poderes y llenemos el mundo de adictos a esta raiz que encanta, cura, previene y enamora. Yo amo el jengibre. No entiendo como vivir sin él.


No entiendo los Hiatos




Días de abecedario es un juego propuesto por alguna de las personas a las que leo (sigo tratando de recordar cual) y hace varios años trato de juntar las ganas de hacerlo. La idea es escribir utilizando cada una de las letras del abecedario. Lo que sea, lo que surja, lo que se pueda… según lo que esa letra nos invite.  Aquí vamos con la “H“


Hay vidas que en algún momento entran en pausa, en paréntesis, en suspenso. 
Hay vidas que tiene huecos y eso afecta las vidas que rodean esas vidas. 
Hay vidas que se dejan de vivir, mientras otras tratan de que no deje la vida.
Un día escribí un cuentito para tratar de entender los hiatos de la vida, un día, en la ficción dibujé el hiato de una tal Nerina.



“Nerina movió una mano”, contaba su mama en el pasillo. “Nerina no era de hacer esas cosas” coincidía un grupo de amigos cerca de una ventana. “Nerina tienen que estar en casa pronto” recordaba su hermano a un muchacho. “Nerina ya aprendió lo que tenía que aprender” decía su padre a una pared. “Nerina está evolucionando favorablemente”, sonrió un gordito de cachetes rosados con guardapolvos blanco.
Nerina la peleaba en silencio desde esa cama de hospital público al que había llegado mezclando su carnet de conducir con un montón de alcohol. Su cuerpo inmóvil encerraba una conciencia absoluta que luchaba por expresarse y tranquilizar a esa familia que la lloraba desde hacía días.
“No valió la pena”, se repetía en el silencio interrumpido por los ruiditos inaguantables del aparataje infame que la mantenía con vida. “No fue una noche que merezca ser la última”, reflexionaba. Su papa tenía razón, el aprendizaje había sido sobredimensionado pero efectivo y Nerina ya estaba en condiciones de recuperar el dominio de su cuerpo y retomar su rutina adolescente.
Pocos días después, todo aquello había sido un hiato doloroso y sufrido que había quedado atrás.

No entiendo los hiatos de las vidas.


No entiendo los globos.




Días de abecedario es un juego propuesto por alguna de las personas a las que leo (sigo tratando de recordar cual) y hace varios años trato de juntar las ganas de hacerlo. La idea es escribir utilizando cada una de las letras del abecedario. Lo que sea, lo que surja, lo que se pueda… según lo que esa letra nos invite.  Aquí vamos con la “G“


Me puse a leer sobre su origen, porque no sabía cómo habíamos llegado a tenerlos, encontré que los primeros eran de vejiga de animal, hasta principios del siglo XIX en que se modernizaron y su uso se masificó en la década del 1930. Desde siempre son recipientes flexibles rellenos de aire o helio, su función parece ser la de juguete, elemento decorativo o publicitario. Hay artistas que los retuercen hasta formar figuras, y otros que prefieren estamparlos con imágenes o engancharlos entre ellos para armar pérgolas y columnas. También tienen un uso de verano; los globos rellenos de agua que estallan contra la gente.


En cualquier caso, no me enloquecen… particularmente, me dan un poco de desconfianza los de látex, tengo la sensación continua de que van a estallar al mínimo contacto, siento que es como llevar una explosión portátil, que a traición va a rozar una pared, un cigarrillo o un ángulo de algo, y va a asustarme. Por otro lado, no los encuentro atractivos, no me parecen vistosos o divertidos, no he jugado mucho con ellos de niña; los de helio, tienden a huir de sus portadores dejando un vacío y una frustración imposibles de disimular y aun los de agua, que tienen un plus de entretenimiento, me parece que son tan frágiles que van a despedazarse antes de llegar el momento, por exceso de agua o acción del sol, o de lo que sea.
Me da mucha intriga el imaginar lo que piensa la gente que los compra en vía pública, o los que lo regalan entre adultos para ocasiones propiciadas por el calendario consumista de nuestra sociedad.

Siempre su vida útil es muy limitada, ya que el aire o  helio abandona el recinto en cuestión de días y el resto del globo no puede reutilizarse, siendo su deposición final un problema, porque el globo de látex tarda unos 10 años en degradarse. Las sueltas de globos, que tan esperanzadoras lucen en las fotos de las agrupaciones humanitarias, no llevan mensajes al cielo, solo llevan globos a los océanos en los que muchos animales pueden asfixiarse  al confundirlos con sus alimentos habituales... sigo sin encontrarles ninguna virtud.


No entiendo los globos, y veo que tienen muchos usos, muchas variantes y muchos amantes.

No entiendo los Fuegos artificiales



Días de abecedario es un juego propuesto por alguna de las personas a las que leo (sigo tratando de recordar cual) y hace varios años trato de juntar las ganas de hacerlo. La idea es escribir utilizando cada una de las letras del abecedario. Lo que sea, lo que surja, lo que se pueda… según lo que esa letra nos invite.  Aquí vamos con la “F"


Los fuegos artificiales  son mezclas de Pólvora negra, Polvillo de acero, zinc y cobre, Clorato de potasio, Azufre, Nitrato de cobre, de bario y de estroncio y Cloruro de litio y otros compuestos que toman a su cargo la coloración (parece que los compuestos de estroncio emiten luz roja, los de bario hacen luces verdes, el sodio metal es amarillento y el cobre azul…. Según leí recién).

Se parece a una explosión en el cielo :) 

Muchos años pasaron desde aquel 200 antes de Cristo en que un bambú lanzado al fuego en china explotó y dio origen a esta tradición. Unos mil años después un alquimista chino mezcló azufre, carbón y salitre y siguió avanzando la técnica de hacer ruido y poco a poco colores, y obvio, daño. Después de todo, estamos hablando de pólvora, que es el invento que se utiliza para matar.

Entonces, el único fin de los fuegos artificiales, en nuestra sociedad tecnologizada es hacer lucecitas de colores en el cielo, precedidas por un molesto y contaminante sonido de explosión. Mezclamos elementos peligrosos y nos enfrentamos a manipulaciones de alto riesgo para obtener como único resultado unas formas zonzas en el cielo que ya tenemos muchas otras técnicas para lograr. Suena tan poco evolucionado que tengamos que causar perjuicios ambientales, incurrir en enormes gastos económicos y exponer al pánico a muchas personas para tan hueco efecto.


No entiendo los fuegos artificiales y la pavada de crear estímulos visuales con finalidad lúdica para tener gente mirando para arriba a un costo tan alto.


No entiendo los Exámenes



Días de abecedario es un juego propuesto por alguna de las personas a las que leo (sigo tratando de recordar cual) y hace varios años trato de juntar las ganas de hacerlo. La idea es escribir utilizando cada una de las letras del abecedario. Lo que sea, lo que surja, lo que se pueda… según lo que esa letra nos invite.  Aquí vamos con la “E“


Los exámenes nos son familiares a todos, sin importar el grado de escolarización que hayamos alcanzado, en algún momento, alguien nos avisó que examinaría que tal estábamos incorporando los nuevos conocimientos.


Entonces empieza el ritual… pasar horas de encierro (estudiando o sintiendo culpa por no estudiar), focalizar en lo que ha pasado en las clases, revisar apuntes desprolijos, leer información proporcionada por el docente, ponderar temas, organizar los tiempos y pensar las respuestas a preguntas aun no formuladas. La previa tiene angustia, incertidumbre y especulación.

Llegado el día vienen más nervios, empatía con los que están en la misma, mucha sensación de grupalidad, bastante miedo y la idea de enfrentamiento, de combate, de ir a vencer a alguien, a derrotarlo.

El momento tiene mucho azar y ahí se juegan muchas emociones y factores que pueden llevar a equivocaciones que no tienen nada que ver con lo racional, que es lo único que queremos creer que somos y vamos a ser en ese contexto tan vivido.

La situación, las caras, las esperas, los cuerpos, los apuntes con mil colores y muchas flechas, la gran verdad pretendiendo ver la luz en un mano a mano asimétrico que encuentra al educador y el educando en un nudo.

El final es un poco peor, el esfuerzo, la exposición y la crisis previa van a resumirse arbitrariamente en un número, que será el que determine el logro que hemos podido demostrar (no alcanzar) y con ello… las múltiples variantes de subjetividad que el docente primero y la escala numérica después, le han podido impregnar a nuestra titánica tarea.

He pasado horribles momentos de examen en el rol de alumna y otros tantos en el rol docente, no hay forma de que el paso del tiempo pueda atenuar ese sentimiento de que algo está muy raro en creer que eso nos dice algo de alguien y su conocimiento, y el sistema no permite tomar caminos laterales para calificar instancias de aprendizaje


No entiendo porque seguimos tratando de que esta metodología refleje el resultado de un proceso. La instancia evaluadora es siempre una cuestión de stress. No importa si van a examinar mis aprendizajes, mis capacidades o mis glóbulos blancos, siempre que se dice examen, aparece la tensión y eso suele alterar los resultados que se pretende examinar, volviéndolo poco menos que obsoleto.


No entiendo a Dubai




Días de abecedario es un juego propuesto por alguna de las personas a las que leo (sigo tratando de recordar cual) y hace varios años trato de juntar las ganas de hacerlo. La idea es escribir utilizando cada una de las letras del abecedario. Lo que sea, lo que surja, lo que se pueda… según lo que esa letra nos invite.  Aquí vamos con la “D“


Dubai es un país que se hizo conocido por lo irreal de sus construcciones, por lo grosero de su poder adquisitivo y por lo mucho que se olvidan de estar en medio de un desierto, aunque el desierto no se olvida de los piojitos ingratos que tiene parados arriba, y cada vez más seguido les recuerda que él pone sus reglas.


Mientras la mayor parte de la ciudad se pretende metrópoli de inmensos rascacielos, en algunos rincones todavía sobrevive la auténtica arquitectura de aquellas latitudes, dominada por el estilo musulmán y los ingeniosos recursos edilicios con que tradicionalmente se combatían las agresivas temperaturas. 

Dubai nace cuando un clan de buscadores de perlas se separa del Emirato de Abu Dhabi. Años después, en 1971 se une a otros cinco emiratos para conformar el país Emiratos Árabes Unidos, en plena crisis económica y política (por un lado, Japón había descubierto un modo artificial de cultivar perlas, y por otro, sufrían ataques de países cercanos). 
Pronto el hallazgo de petróleo en la región cambio el curso de la desgracia y la bonanza colaboró con el aumento del sedentarismo. De este modo, las construcciones proliferaron sin planificación en torno a las mezquitas e incorporaron materiales más duraderos, como piedras y corales.


Una característica distintiva de la arquitectura del desierto son las llamadas torres de viento, originalmente, un cuadrado hueco con postes de madera y hojas de palma, emplazado en lugares estratégicos del trazado urbano que cumple la función de una chimenea para vehiculizar el calor y refrescar los edificios. Además, las calles estrechas de paredes altas blanqueadas a la cal, colaboran con la reducción de la temperatura.
Por su parte, las casas, todas con ventilación cruzada y mayormente de dos plantas con un enorme patio central y suelos cubiertos de alfombra para las reuniones sociales a la sombra, también se desesperan por combatir la brecha térmica de mucho calor en el día y fríos nocturnos

Torre de viento
Con todo esto (y mucho más que sería muy específico desarrollar aquí), Dubai es uno de los países que más se resiste a ser si mismo...logrando un clima irreal, dominado por los mayores edificios, la pista de esquí artificial mas grande del mundo, uno de los acuarios de mayores dimensiones y otra serie de excentricidades que hablan de una opulencia difícil de ignorar. 


En las calles, los camellos, reducidos a souvenir, fueron reemplazados por autos de alta gama de precios incalculables que recorren sus autopistas haciendo gala de lo ostentoso como atractivo turístico de este rincón del mundo que recibe visitantes curiosos y que efectivamente, no lo entiendo.