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No entiendo el agua sin gas



Lo muy terrible es que si entiendo su existencia, pero no su aclaración.


Naturalmente el agua existe sin gas, ¿porque tienen que aclarar que permanece en ese estado?
¿Se imaginan agua mineral, natural con gas? seria raro ver la efervescencia correr por la montaña.... y es por eso que cuando le agregan gas, es válida la aclaración... pero no antes.


De por sí ya es raro que nos cobren el agua, o sea, asumamos que estamos pagando una botella y que esto es así porque en algún momento dejo de ser obvio que negar un vaso de agua es un crimen. 
Un buen día tomar agua paso a ser posible solo si la pagamos y para eso la botella (que en su proceso de producción contamina el agua). 
Y en medio de esto, el agua gasificada y la sutil diferencia con la soda (otro debate, otra fantochada).


El concepto de agua de mesa habilita la botella de vidrio en el bar (porque nadie pediría un vaso de agua corriente de red, por más potable que sea), esto da origen a la botella de plástico en el kiosco y la no solidaridad del vaso de agua, que nadie se atrevería a pedir (culturalmente)

O sea… la existencia del agua embotellada marca el declive de la humanidad de la raza humana (valga la paradoja y habilítenme la redundancia)… porque ya no podemos  contar con la solidaridad del desconocido y nada podemos esperar del otro si no hay dinero de por medio. Tocar cualquier timbre y pedir un poco de agua una tarde de calor, no existe, autoriza a desconfiar, a pensar en las peores intensiones del  extraño personaje que intenta obtener ese beneficio de manos de un perfecto fulano y seguro, algo malo está por pasar… mejor no se lo doy.

Bienvenida la ordenanza del agua sin cargo para acompañar la comida en los bares.
Bienvenidos los bebederos en vía publica que nos homogeneizan como sociedad, donde si hay algo en lo que nos parecemos, es en que necesitamos agua para estar vivos.

El agua es vida y dice mucho de nosotros.

El concepto de “agua sin gas” es el alerta que nos lleva a todo este recorrido por la historia del consumo de agua en situaciones no domésticas.  Y lo peor… es que si…. Lo entendemos…


No entiendo a los soderos (o De la megafauna al sifón)

Una vez escuche a una arqueóloga hablar sobre la extinción de las ballenas, elefantes, koalas y gorilas. Ella decía que estos animales son sobrevivientes de la megafauna que dejó de existir hace miles de años, estaban en el pleistoceno y desaparecieron (diez mil años antes del presente, o sea de 1950), con la última glaciación. Ya en el holoceno no había más megafauna.

El punto de vista me pareció interesantísimo; desde esa mirada era fácil pensar que lejos de tener que defenderlos y cuidarlos, lo que había que hacer era entender que sobrevivieron muchísimos miles de años más de los que le correspondía a su especie. Es como un mensaje de dejar partir a alguien que esta desubicado, o pasado de moda para este momento del mundo.

Las cosas en el mundo, en todos los órdenes de la vida tienen fecha de caducidad, los seres vivos, las eras geológicas, los procesos revolucionarios e incluso las profesiones.

Esto último es divertido descubrirlo en los actos escolares, cuando los chicos de la era de internet  interpretan (rozando la ciencia ficción) a personajes como el vendedor de velas, la mazamorrera, el aguatero y arengan a las masas con sus memorizados pregones desconociendo casi en su totalidad las palabras que repiten. La época colonial, es para ellos inasible.

Algunos padres recordaran con nostalgia la figura del lechero, o del vendedor de enciclopedias que junto a otros tantos, forma parte de una transición del vendedor ambulante al vendedor domiciliario.

Ahora resulta que el mercado laboral postmoderno ha vaciado las casas y es muy difícil concretar una venta puerta a puerta, casi está extinta la figura del ama de casa (que tal vez dentro de unos años forme parte de las representaciones escolares) y esto genera nuevos movimientos en ámbitos como la venta domiciliaria que ha encontrado su nicho en el e-commerce y otros kiosquitos de internet que la cultura delivery ha sabido alimentar.

Sin embargo, como todo proceso, de extinción, siempre queda un agonizante sobreviviente. Entre los vendedores estamos en condiciones de considerar que el sodero es esa ballena en peligro de extinción, desubicado exponente de algo que debió haber dejado de existir, pero prevalece  y conserva sus fieles defensores.

Después de todo... no hay tantas diferencias entre un elefante y un sifón.