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No entiendo el Nesquik Cereal



No lo entiendo. 

Estaba en oferta y mi última visita al supermercado tenía por objetivo recargar mis stocks de Nesquik. Siempre tengo en casa un par de kilos y otros muchos litros de leche para protagonizar desayunos y meriendas, acompañar jornadas de home office y reemplazar almuerzos y cenas. De todas formas, me pareció que no podía ser muy grave probar el nuevo, con agregado de cereal.


Entonces me compré montones de paquetitos de los amarillos de siempre, pero con una banda verde que advertía un 28% de cereal. 

La mayor de las frustraciones sobrevino cuando preparé la primera taza. En los días sucesivos, intenté mirarla con mejores ojos, probé otras veces por si se trababa de un primer impacto... pero nada, es completamente imposible de tomar. Horrible! y para colmo la página de Nestlé está orgullosa de contar que tiene el mismo sabor que el original (para leer esa patraña, clic aqui)

Nada más que agregar. No entiendo como alguien pudo haber inventado esta aberración, y no entiendo porque compré tantos antes de catarlo.


No entiendo como no pasar horas buscando formas en las nubes


Me cuesta mucho dejar de hacerlo. Lo disfruto y me puedo pasar horas con dolor de cuello forzando siluetas en el cielo. Comparto esta foto de una búsqueda que registre:


¿Pueden verlos?
Encontrar formas en las nubes tiene la complicación de tener que explicar a otra persona que vimos por ahí. 
Este cielo de Villa Logüercio, junto a la laguna de Lobos, en Buenos Aires, tiene una parejita de chicos, un abrazo, un beso en la frente y un montón de ternura.
El pelo, la oreja, la nariz, la profundidad del ojo cerrado... está perfectamente definido.
¿Pueden verlos?

También comparto un cuentito, muy breve y sencillito que escribí hace algunos meses y retoma esta temática, tratando de explicar desde la literatura los efectos de las nubes en la rutina humana;

Instantes
Se tiró al césped junto a su perro, que tomaba sol panza arriba con envidiable serenidad. Imitó  la posición con todo el cuerpo (aunque el animal lo mirara intrigado con uno de sus entrecerrados ojos)
Quedaron tendidos a la par, entregados al cálido abrazo otoñal de Febo. Al principio le molestaron los yuyitos, después sintió patas de algunos bichitos, finalmente se mimetizó con el entorno y al cabo de un tiempo se animó a abrir los ojos.
Con el brillo del sol, se hicieron visibles para él sus propias pestañas, esas, que estando siempre ahí hacen que las dejemos de ver. De fondo danzaban presumidas las nubes. Esa tarde se movían rápido y, sea lo que sea que eso signifique, era divertido. Conejos, casitas, elefantes y seres cachetones, todos ellos desfilaban por el cielo con ese polisémico compás de cumulonimbus. Su perro suspiro. Él le rascó la pancita.
Y casi como si alguien quisiera cambiar el canal de esta preciosa película muda, por su cabeza se cruzó uno de sus problemas, y luego otro y en minutos ya eran tres.
Apretó fuerte los ojos, sintió como se dibujaban las arruguitas en sus parpados. Hizo un esfuerzo mental inexplicable y los abrió suave y lentamente, prestando atención al movimiento de su piel. Volvió a mirar sus pestañas, tomó una de las patas de su perro (como quien se aferra a un rosario con fe) y se repitió como un matra que era lo importante en ese momento; conejos, casitas, elefantes y seres cachetones. 


A modo de solución, por si no los encontraron en la foto anterior, y para compartir la belleza sutil del cielo, dejo la imagen que con el dedo tracé desde el césped, para ayudar a mirar a la parejita que las nubes pintaron este fin de semana.


No entiendo como puede haber tanta gente que se pierde estas obras de arte aéreas. 



No entiendo las deformaciones de la simbología de Pascua


Seguramente muchos de ustedes tampoco.
Ahora que ya todos celebramos la festividad y comimos todo el chocolate que nos permitió ingerir el cuerpo, ahora que tenemos encanutado el ultimo huevo para comer en alguna noche depresiva, ahora que ya el rito familiar fue cumplido tal y como lo marca la tradición, es ahora cuando podemos salirnos de nuestros cuerpos y mirarnos desde afuera y pensar ¿Qué estoy haciendo?

No vamos a ceñirnos a hablar de la valoración religiosa de ésta, porque como todas las festividades religiosas, salvo en contados hogares, se han vaciado bastante de significado. Sin embargo, si podemos pensar históricamente la cuestión religiosa para ver porque estamos donde estamos.

Si repasamos la génesis de la festividad, nos encontramos con el pueblo esclavizado de Israel, atrapado en Egipto, guiado por Moises a través de las aguas para llegar a la tierra prometida. Para algunos, la cosa llega hasta ahí. Años más tarde, la llegada del cordero de Dios que es sacrificado en la cruz para la salvación de todos (acotadísima síntesis, sabrán comprender que no es el eje del relato) e instituye el rito de la Santa Cena, en torno al pan y el vino.


Muchísimos años después, las palabras; sacrificio, cordero, esclavitud, liberación, cruz, paso, resurrección, renacimiento y otras consignadas u omitidas en el párrafo anterior, se desdibujan y las pascuas se alinean con iconos tales como; huevo, conejo, gallina y fundamentalmente; chocolate.



No entiendo exactamente. El tema del huevo, como nacimiento, ¿no estaría más cerca del significado de la navidad? Después, y relacionado al poco comprensible huevo, surge con una ampliamente legitimada relación la figura de la gallina, pero (seguramente salido de una galera, más que de un huevo) llega a nuestra mesa la iconografía del conejo. ¿Alguien me lo explica?.

El conejo, ¿qué pito toca? ¿Quien lo invito? ¿No es el aniversario del sacrificio del cordero de Dios? Tiene mucho más sentido una oveja que un conejo. Y como sugerencias ¿cruces de chocolate? ¿o coronas de espinas de pastillaje? 
Si lo que celebramos, en cambio, es la liberación del pueblo de Israel ¿No tendría mucho más sentido evocar el cayado de Moises en el formato del igualmente incomprensible bastón de caramelo navideño? Y el temita del chocolate… ¿cómo se vincula con la fe, el paso, o quien sabe que… con la delicia indiscutible del fruto del cacao?

No entiendo las deformaciones de la simbología de pascua, pero me encanta el chocolate.