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No entiendo... un cuentito de madres que buscan.




Algún día del año pasado me puse a escribir un cuentito sobre mamás... que en esta fecha, tiene sentido compartir. Porque de maternar y buscar, hay muchas formas. 



Madres que buscan

Y un día me puse en sus zapatos, o en sus pañuelos. Me vi espejada en la desoladora búsqueda de un hijo que no sabemos si algún día va a aparecer, que no sabemos si estamos buscando bien, que no sabemos dónde puede estar.



Un día me sentí como todas esas madres que buscan insaciables ese amor que tienen a la maternidad, a la familia, al lazo de sangre, a la transferencia de ADN. Las vi mirándome, me vi mirándolas, me descubrí siéndolas.



Un día, entre tantos otros días, me compare con lo incomparable y no me dio culpa. Me sentí como ellas, aunque nada que ver. Vi mi lucha espejada en una de las más tristes luchas que alguien puede imaginarse jamás.



Sé que no es correcta la metáfora, entiendo que no se puede medir con la misma reglita, pero en mi angustia, pensé en la de ellas. Y bastante poco me importa que se pueda decir que es una mezcla, un pastiche, una sobre interpretación. No le pedí opinión a nadie. Ni opinión, ni ayuda, ni contención, ni lastima. A nadie. 
Somos dos que te buscamos entre las sabanas, y sabemos que quizás, ahí no estés. Somos dos que te buscamos en el dormitorio de casa, cuando tal vez estés en la casa de otro, en algún espacio judicial frío, en el seno de una familia sin amor. En el vientre de alguien que maldice portarte. Pero con tu papa te buscamos casi como un ritual entre las sabanas de nuestra cama, casi como una tarea más de la agenda con la que hay que cumplir en las fechas que grita el almanaque más que la emoción. 
Y no sabemos si la lucha tiene sentido, y no sabemos si es egoísta y narcisista. 
Y no sabemos si te vamos a encontrar. Pero te buscamos. Y como el tiempo pasa, hay cosas que van cambiando de color, hay matices en la mirada, hay palabras elegidas para no dañar, y hay soledades elegidas porque la lastima no es nuestro juego.



Y como ellas buscan a sus hijos, nosotros buscamos el nuestro. Los motivos son muy distintos, pero la desazón puede llegar a ser comparable. Ellas tienen fotos, nosotros tenemos estudios, y pastillas. Ellas tienen pañuelos, nosotros tenemos espermogramas y ecografías. Ellas tienen valentía, nosotros una cobardía inmensa que nos da vergüenza admitir.
Ellas son madres, nosotros no. Pero es comparable.

No entiendo la angustia de buscar un hijo... no existen palabras para explicarla.


No entiendo el mal marketing de los sapos



Hay algunos bichitos sobre los cuales el consenso general resuelve hacer mala cara. Por alguna razón, los anfibios son los favoritos para el bulling zoológico.


Yo no lo entiendo. Me resulta fascinante el aspecto irreal y mitológico de sus pieles duras con texturas de hace miles de años.


Pienso en la magia de la metamorfosis que implica su proceso reproductivo, imagino lo que sienten mientras sus cuerpos atraviesan las diversas etapas de la fecundación externa para alcanzar el estado adulto.


No entiendo dónde o como nació el mal marketing de los sapos. Los miro comer bichitos con la  velocidad invisible de sus lenguas. 
Los miro saltar pesadamente y caminar con torpeza inexplicable. 
Los miro a los ojos amarillos de pupilas verticales igualitas a las de tantos seres prehistóricos (me tomo un recreo mental para pensar quien habrá inventado la forma de las pupilas de los dinosaurios, si es imposible que haya restos materiales o relatos orales al respecto). 
Miro sus parpados, veo tres: el transparente, el de arriba y el de abajo (si, los anfibios tienen esa cosa mágica de vivir en la tierra y en el agua… y vienen perfectamente equipados para estas funciones)


No sé cómo todavía nadie los quiere, si tantos bichitos menos estéticos han logrado una pizca de reconocimiento, no sé cómo este anuro popular no logra llegar a los corazones. Habría que hacer una campaña para mejorar la imagen pública de este animalito noble y discriminado que es el sapo.


Mitos y leyendas han desprestigiado desde tiempos inmemoriales a este ser y la falta de información ha hecho que estas criaturas padezcan un rechazo injusto e inmerecido.
Dar a conocer las virtudes y atributos de los sapos, contagiar afición a observar los misteriosos dibujos que tienen tatuados en la piel y popularizar de su rol ecológico y su belleza natural, quizás sea el camino para iniciar el camino al entendimiento (?) de la belleza de los sapos.


No entiendo cómo hacer que los sapos ganen el rinconcito que se merecen en nuestros corazones.


No entiendo a octubre



No entender a octubre es algo que puede empezar desde su etimología…. Porque parece que se puede cambiar el calendario entero, pero no se pueden modificar los nombres de los meses.


Octubre se llama octubre, porque su nombre provienen del latín  “ocho meses”, aunque ahora sea el mes diez, las paradojas de la vida, lo corrieron del ser el octavo mes del calendario romano a ser el décimo del calendario gregoriano; el otro calendario empezaba en marzo, o sea…. donde ahora anda empezando fácticamente... digamos que octubre nos recuerda con su nombre que le metimos dos meses mentirosos a nuestros cortos años. ¿O no? (ver al respecto)

Octubre tiene el dolor de 1492, y nos trae el recuerdo de todos los charcos de sangre que puede hacer el ser humano a cambio de cosas a las que les atribuye un valor absolutamente simbólico, mientras el real valor de una vida, poco le importa a muchísimas generaciones de hombres sedientos de poder, prestigio, reconocimiento, sed de "vayaunoasaberqué", cosas que les resultan aun hoy interesantes y seguimos padeciendo en este recorrido que transitamos como especie en  auto exterminio a altísimos costos. 

Eso nos dice octubre y para reconciliarse con nosotros (en términos de humanidad), un  24 de octubre de 1945, nace la Organización de las Naciones Unidas. O sea… una buena idea que no fue, un proyecto de paz mundial, de trabajo en equipo que ya sabemos que no es tal.

Así está octubre, tratando de dar explicaciones que no le corresponden. Es el décimo mes del año, y no tiene por qué dar explicaciones de nada, la culpa es tuya, que no encontrar tu lugar en el itinerario que cíclicamente vuelve a empezar y te va a volver a pasar. De hecho, sus 31 días lo hacen parecer eterno, pero mide lo que tiene que medir, mide lo mismo que enero, y nadie se lo reprocha al primogénito del año.

Rarísimo clima trae octubre, con sus lluvias y sus soles, su inestable forma de hacernos improvisar. Octubre hace lo que quiere, y nosotros, lo que podemos. Octubre de post-its en las paredes, imanes en la heladera y listitas en todos los bolsillos. Es octubre cada vez que pasamos las hojitas de la agenda para constatar que todavía falta mucho, pero ya vamos yendo a la librería a comprar la del año siguiente con la ilusión de que lo acercamos un poquito más. Octubre es ese ratito del año donde uno descubre que ya faltan las fuerzas, y sabemos que estamos en el segundo semestre, que ya se termina, pero igual falta un montón!

No entiendo a octubre que se llena de lapachos y los primeros jacarandás pero nos deja a todos con ganas de salir a la vereda, de perdonar al frío y encarar la intemperie. Confiados en las promesas de la primavera, decididos a romper el letargo, es octubre de no entender si hay que esperar navidad o cerrar proyectos mientras enlistamos los nuevos. Octubre que no entiendo más nada, que la rutina ya aburre y la reestructuración se hace esperar. Octubre de más de lo mismo, pero distinto, como si fuera culpa de octubre que tomemos malas decisiones. 

No entiendo a octubre, como si fuera culpa del calendario que no sepamos vivir bien cada día.


No entiendo la escapadita



Viene un fin de semana largo y empieza a resonar la palabrita en los pasillos laborales, en los buses de transporte urbano, en las conversaciones de vereda y en las charlas de bar. Las semanas de rutina se descubren interrumpidas por una seguidilla de días que para un alto porcentaje de la gente prometen ser no laborales, y para que la desconexión sea total las cabecitas de los compatriotas se estremecen asociando las nociones de “Finde largo” y “escapadita”.


¡La pucha! ¿De qué se estará escapando la raza humana? Si lo que hacen en sus ciudades de origen es solo el resultado de la elección de vida que les compete y el deber de mutarla solo les cabe a ellos. 

¿De qué? ¿De quién? O ¿hasta cuándo se estarán escapando?

Si la escapadita tiene una duración en el tiempo de tres, cuatro o en más generoso caso de cinco días ¿para qué? ¿Por dónde? ¿Y cuánto nos estamos escapando en función de que tanto nos estamos engañando?.


¿Y si en el escape los alcanzan?

Entonces nos escapamos rápido, corremos para que nuestra vida no nos vea.  Vamos a lugares, hacemos cosas y compartimos con gente que no nos haga acordar a quienes somos, porque, técnicamente, nos escapamos de eso. De lo que somos/hacemos/vivimos/sentimos todos los días. De eso que nos agobia y nos cansa, y nos desmotiva y nos hace saltar de alegría de tan solo imaginar que por un puñadito de días no nos va a acechar. Y en su descuido nos escapamos.


Y así vamos…. Rápido a huir de nosotros, sin saber que allá, nos encontramos más. Porque el viaje es encuentro con uno, porque en la distancia solo nos tenemos a nosotros. Y porque a donde vayas, te llevas. Aunque te escapes…


No entiendo el concepto de “escapadita”. Cuidado. Es una trampa.


No entiendo el ronroneo



Play-rec y nada
Pese a tener seis kilos de gato vibrando sobre el pecho, el audio no había registrado el ronroneo.
No lo entiendo



Lo escucho, lo siento, pero no queda plasmado en el registro sonoro. Entonces, me pongo a leer, a googlear, a “investigar” que cosa es el ronroneo; algo que escucho desde antes de nacer todos los días de mi vida, una de esas cositas que están tan naturalizadas que no son dignas de curiosidad. Y allá fuimos (mi curiosidad y yo) a preguntarle a la cibercomunidad de que se trata el motorcito de los gatos.


Para mi sorpresa, parece que no se sabe. Algunos lo sitúan en la laringe, otros lo atribuyen a la vena cava posterior en combinación con el diafragma, la mayoría afirma que el gato no tienen ninguna característica anatómica evidente que parezca ser la causante del ronroneo.

También se desconoce la razón de su existencia. Se sabe que los gatos ronronean cuando están felices, cómodos, en confianza, pero también hay casos en los que el ronroneo se asocia a malestares, aparece en casos de gatos heridos, enfermos, pariendo o agonizando. Se sugiere que cuando el gato ronronea, está avisándonos que no es una amenaza, ya sea en busca un mimo o necesitando cuidados delicados. 
Puras especulaciones, porque aun nadie sabe para que lo hacen y como ya dijimos, tampoco saben cómo lo hacen. Al respecto, leí que Cuando hay dolor y sufrimiento, nuestros cuerpos (los de todos los seres sintientes) son traumatizados, apagan la actividad no esencial, y dado que en casos extremos los gatos ronronean, esto hace suponer que tiene que estar relacionado con la supervivencia, ya que ronronean cuando están severamente heridos o muriendo.


Lo cierto es que los felinos ronronean y esto no excluye a los grandes gatos como el tigre, el león, el jaguar y el leopardo, que al exhalar también lo hacen.
Existen, además, diversas investigaciones sobre los poderes curativos del ronroneo tanto para el propio animal, como para los que estamos cerca. Según los estudios, la frecuencia óptima para la estimulación de los huesos coincide con los 25 a 50 hertz de frecuencia dominante en el ronroneo de los gatos, lo que indicaría que es adecuada para el crecimiento de los huesos y la curación de la fractura, la reparación de tendones y las heridas de ligamentos, este tipo de frecuencias son buenas para cualquier tipo de herida, reducción de la infección y la hinchazón, alivio del dolor, y alivio de la enfermedad crónica pulmonar.


Algunas cosas a mencionar en relación a la salud de los propios gatos; no suelen sufrir enfermedades pulmonares crónicas, lastimaduras del músculo y el tendón, enfermedades de los huesos, y otros males que si afectan a especies como los perros.  Esto lleva a pensar si el ronroneo puede ser un fortalecedor constante que tonifica los músculos.
También hay testimonios de especialistas que cuentan con qué facilidad se recomponen los huesos de los gatos en comparación con los de otros animales.

Es curioso que pese a la cantidad de subespecies que se pueden descubrir dentro de los felinos domésticos y las diferentes líneas evolutivas que pudieron haber atravesado , los sonidos que hacen se ajustan exactamente en amplitud como frecuencia, a las frecuencias que se han encontrado que hacen sanación.


Pero mientras los que saben siguen investigando los poderes y propiedades del ronroneo, nosotros seguimos sin entender de qué se trata el motorcito que encienden los gatos, que no llega a ser captado el micrófono de un grabador.


No entiendo el Nesquik Cereal



No lo entiendo. 

Estaba en oferta y mi última visita al supermercado tenía por objetivo recargar mis stocks de Nesquik. Siempre tengo en casa un par de kilos y otros muchos litros de leche para protagonizar desayunos y meriendas, acompañar jornadas de home office y reemplazar almuerzos y cenas. De todas formas, me pareció que no podía ser muy grave probar el nuevo, con agregado de cereal.


Entonces me compré montones de paquetitos de los amarillos de siempre, pero con una banda verde que advertía un 28% de cereal. 

La mayor de las frustraciones sobrevino cuando preparé la primera taza. En los días sucesivos, intenté mirarla con mejores ojos, probé otras veces por si se trababa de un primer impacto... pero nada, es completamente imposible de tomar. Horrible! y para colmo la página de Nestlé está orgullosa de contar que tiene el mismo sabor que el original (para leer esa patraña, clic aqui)

Nada más que agregar. No entiendo como alguien pudo haber inventado esta aberración, y no entiendo porque compré tantos antes de catarlo.


No entiendo el vagón de mujeres en Dubai



Son muchas las cosas que se complica entender en un contexto de credo musulmán. Pero también es muy difícil tratar de viajar con un total desprendimiento de la cultura de origen. La idea de abrir los sentidos, de borrar los prejuicios y entender que la diversidad no es ni mejor ni peor, simplemente distinta… es complicada.


Veníamos circulando por países con presencia musulmana, pero claramente minoritaria. Nos habíamos acostumbrado a que en todas partes las mujeres ya puedan trabajar, y entendiéndolo como un gran progreso:





De repente, en Dubai (Emiratos Árabes), una señal en el metro te hace replantear la hibridación de los mundos. El vagoncito rosa se planta ante tus pies, tal como lo indicaba el suelo.

Antes de que llegue el tren, el piso anuncia que vagón va a aparecer ahi
Multa para hombres en la cabina femenina
Vale la mitad equivocarse de vagón que prender un cigarrillo
Las nenas, de este lado de la rayita
Los muchachos, del otro lado de la franja rosada
Casi como un chiste, las mujeres que por su religión no pueden estar cerca de otros hombres estan separadas por una marca en el suelo que oficia de frontera más simbólica que real y transfiere a las musulmanas la tranquilidad de viajar entre chicas. 

Igual que en Dubai, en paises con muchos habitantes afines a estas creencias se repite la marcación del vagón femenino.

Kuala Lumpur - Malasia
El cartel es sumamente gracioso
Dentro del vagón los carteles te preguntan si estas seguro de estar en el lugar correcto, por si el rosado imperante no te había llamado la atención y estas incomodando a las chicas.

Así... mientras algunos nos preocupamos por alcanzar las mismas oportunidades, otros se encargan de marcar las diferencias. Así es el mundo, de eso se trata viajar, y del entendimiento tenemos que hacernos cargo nosotros.

No entiendo el vagón de mujeres en Dubai, suena a planteo anacrónico en una de las ciudades más modernas del mundo.


No entiendo los carteles anti robo de Bangkok



En todo el mundo es una preocupación la inseguridad, y si estamos en lugares con mucha gente, el riesgo aumenta. Esto es algo que en Bangkok han detectado, y como son gente que piensa en todo, nos avisan, nos previenen y nos hacen recomendaciones para que un descuidista no nos deje un mal recuerdo de nuestra visita a sus atractivos turísticos.

Te avisan que tus bolsos corren riesgo...




Te recomiendan que no dejes las mochilas y objetos de valor fuera de tu vista...



Y te dan una serie de sugerencias de seguridad...


En Kuala Lumpur, también encontramos el mensajito...


Y pueden ver la misma advertencia en Sudáfrica aquí.

No entiendo los carteles anti robo de Bangkok, pero me resultan super simpáticos.


No entiendo carteles de Malasia



Algunas  costumbres hay que recordar que cambian y otras, hay que procurar que sigan
De eso Malasia sabe.  

Es por eso que se venden carteles luminosos (con la potencia de lo bizarro que solo el sudeste asiático puede ofrecer) en los que se pueden ver diversas deidades del budismo y el hinduismo que hibridan la población malaya.


También se invita a cuidar la conducta en espacios de culto, como las cuevas de Batu, en las que las deidades hindúes tienen su espacio de exposición, pero los vicios y los deportes no están bien vistos.


Por otro lado, es necesario repasar las reglas del natatorio, solo ropa de nadar, aunque el criterio es plural y eso implica una amplitud fabulosa, solo nadaremos con lo que indica el cartel


En los espacios públicos las reglas son muchas, algunas apuntan al cuidado de la higiene, o a las demostraciones de afecto, otras, ni idea! Son muchas y están en su alfabeto… esperamos no haber transgredido nada.


Ya hablamos un poco de baños en esta región, lo característico años atrás era utilizar letrinas, ahora que los servicios sanitarios en muchos lugares se occidentalizaron, todavía hace falta aclarar que deben usarse de una manera diferente  los anteriores.


Y por último nos despedimos de Malasia con un cartel de su aeropuerto, donde nos cuentan cuanto falta para llegar caminando de un lugar al otro.


No entiendo los carteles de Malasia, pero los comparto, por si andan por ahi...


No entiendo la in-conclusión



Pensé que esta vez no iba a pasar, puntualmente cumplí con todas las consignas de #30díasdeescribirme y de repente, el último día… empezó la previa de mis vacaciones, y nunca lo terminé… hoy lo retomo para no dejarlo a la deriva: el último esfuercito era escribir en cuatro escenas mi día y tuvo tantas partes ese día, que es completamente imposible…
En verdad, tal vez la consigna no pretendía ser exhaustiva, quizás solo nombrar cuatro puntitos hubiera sido suficiente, pero por algo, no sucedió, no escribí nada, me fui de viaje, pasó un mes, volví (o estoy volviendo)...


No entiendo porque siempre pasa algo que me deja ahí… como cumpliendo a medias con casi todo, como intentando pero sin lograr.
Elijo entender que es para seguir dejando puertas abiertas para que nada se termine.

Esta publicación forma parte del proyecto “30 días de escribirme”, propuesto por el blog escribir.me (todos invitados a jugar!)

Día 30: escribí tu día en 4 escenas


No entiendo el vínculo con la ropa



Son muchas las cosas que me cuesta entender de la ropa.
Cuándo dejar de usarla es una de ellas. Por lo general, la ropa que yo uso no padece grandes flagelos, llevo una vida tranquila. Entonces, solo se adhiere a ella un halo de sacralidad, se le estampan los momentos, se le contornean las palabras, se llenan de vida, de mí, de lo que me rodea, de lo que me acompaña.

Es por eso que me cuesta tanto dejarla.
Pero no sería lo más grave del caso…
Lo terrible es que a muchos miembros de mi entorno, les resulta muy fácil dar de baja sus aliadas textiles y proceden a cederme sus ropas amparados en el cambio de temporada, los colores de este verano o la llegada un nuevo estilo para sus vidas. 

Esto, sumado a mi falta de descarte hace que tenga muchas, pero muchas prendas.

Parte de mi antiguo guardarropas, hoy llegaron los dos nuevos... se puede acumular más.

Todo esto derivo en la idea de que la ropa tenia que se puesta en donación. Entonces, decidí que cada tres prendas donadas, recién podría comprar una nueva. Lo puse en práctica. Podríamos pensar que fue un éxito, porque llevo aproximadamente seis años sin comprar ropa de verano (navidad y mi cumpleaños hacen que no precise nada mas). 
Fue así que esta abundancia de prendas de las que no me quería deshacer, pero colapsaban mi hábitat, me llevo a otra práctica (que ciertamente me resulta mágica); cada vez que tomo vacaciones, lo hago con prendas que no vuelven. Liberador y funcional. Durante el año, la ropa interior feita, las mallas que han cumplido su ciclo, las prendas que ya me han acompañado lo suficiente, se suben a la mochila y se disponen a vivir su última aventura, a sonreír para sus últimas fotos (es una linda despedida).
Como ventaja complementaria, no hay más problemas con pagar exceso de equipage y está buena la cosa de dejar donaciones en los lugares que visitamos, aunque solo sean las prendas de los veinte días de vacaciones anuales. Otro “bonus” es obviar la ceremonia de lavarropas post viaje.

Alguna vez mis amigos se sorprendieron de esta práctica, muchos creen más acertado comprar ropa pre viaje para estrenar en destino. Es por eso que no entiendo la ropa, porque es algo que cada uno de nosotros entiende a su manera. Paletas cromáticas, largos de faldas, marcas, escotes, es un mundo interior lo que llevamos puesto.

Si tuviera que hablar de cómo llegó a mi cada una de las prendas que visto cuando escribo, en casi todos los casos, es ropa de mi hermana, o de mi mamá, que está en mi sección “entre casa”. Es muy habitual que a excepción del calzado y algunos accesorios, todo tenga este origen. En otras oportunidades son regalos, en muchos casos legados de amigas, y hasta indumentaria institucional de voluntariados y trabajos temporales. Lo cierto es que también elijo algunas prenditas en viaje, a las que quiero mostrarles mi ciudad, y con el tiempo, son las más difíciles de liberar.

Una linda reflexión sobre la vida, que toma como eje la ropa es "Zapatos Nuevos", se las dejo, porque es bueno escucharla más o menos, una vez por semana:

Otra reflexión mucho menos profunda, pero mía, es la que alguna vez publiqué acá: link

Ecología-economía-sentido común... la vida y la ropa (ponele)


Esta publicación forma parte del proyecto “30 días de escribirme”, propuesto por el blog escribir.me (todos invitados a jugar!) 
Día 26: escribí acerca de la ropa que estás usando ahora mismo. Cómo cada prenda llegó a tu vida



No entiendo los duelos



No entiendo los duelos, no entiendo cuando terminan, no entiendo como transitarlos, no entiendo por qué no me salen.
Ya estamos sobre el final de la serie de disparadores de escritura #30díasdeescribirme y si bien en muchas ocasiones me desvié bastante del eje la consigna, hoy no puedo… así que… es justo eso lo que no entiendo, como el paso del tiempo no termina de cicatrizar ciertas cosas.

Día 24: escribile una carta a alguien que ya no está
En el último tiempo tuve dos perdidas grandes, en el caso de la última, pude escribir estos articulitos
En el caso de la anterior… quise escribir algo hoy, pero me resulta posible…

Esta es la esculturita homenaje que le hice en mi adolescencia y hoy está en mi escritorio
¿Que si pasamos cosas juntas? ¡Si, todas!
¿Qué cosas? Hemos jugado durante horas, hemos comido juntas en la cama, hemos compartido cantidad de cumpleaños, navidades y fundamentalmente el dia de mi santo. Hemos estudiado juntas parte de la primaria, toda la secundaria y toda la universidad. Compartimos cientos de películas y libros en los distintos sillones de casa. Bailamos, nos disfrazamos y nos sacamos infinidad de fotos durante diecinueve años.
¿Que si lloramos juntas? ¡Cuántas veces! Tantas que creo que lo más difícil fue que me hayas dejado llorándote sola.



Esta publicación forma parte del proyecto “30 días de escribirme”, propuesto por el blog escribir.me (todos invitados a jugar!) 
Día 24: escribile una carta a alguien que ya no está


No entiendo a los hiperconectados



Mis papas me enseñaron a no mentir, pero a la hora de la cena o durante el almuerzo, papá nos pedía que cuando sonaba el teléfono digamos que él no estaba. Eran momentos en los que no quería estar disponible para quien sea que lo buscara, porque era la hora de la comida, y eso era motivo suficiente para que en la casa en la que no se mentía, se diga que papá no estaba.

Años más tarde papa se compró un teléfono celular, era enorme, carísimo y súper novedoso. Muy pocos había en la ciudad cuando el de papá llegó a casa y si había algo que teníamos en claro desde el momento inicial, era que el número del celular de papa no había que dárselo a nadie, pero a nadie. Si lo buscaban en casa, a lo sumo le podíamos dar el teléfono de la fábrica para que intentaran  ubicarlo ahí, o quizás ofrecer un horario tentativo en que podían encontrarlo en casa, pero el  celular de papá era para emergencias, y solo unos pocos representábamos algo importante como para usar esa información.

Un día, mi hermana y yo habíamos sacado en la mesa de un restaurante nuestros videojuegos de mano, los teníamos pausados en el nivel en el que habíamos quedado y cada segundo estábamos mas cerca de batir una marca, era la tecnología del momento, y nos tenía enloquecidas. Mi hermanito aún era un bebe y estaba sentado en una sillita alta. Nuestros videojuegos, por pedido paterno siempre estaban en modo “mute”, a papá no le gustaba el ruido y quizás sea por eso que aun hoy se me hace insoportable. Fueron algunos segundos de Tetris, yo tendría once años, el enojo de papa fue breve pero entendible, en la mesa se comparte. Volvimos a poner en pausa nuestros juegos y nos dispusimos a cenar.

Ya pasaron muchos años de aquellos fragmentos de vida, pero dicen que la infancia es el momento de aprender lo importante, y al menos, a mí me sigue pareciendo importante respetar esas cosas. Me molesta, y me pasa muy seguido que estén dando prioridad a lo que pasa en la pantalla postergando al que está presente. Y no hablo de atender llamadas urgentes (de esas que para mi papá estaban tomadas con pinzas y contadas con los dedos de una mano)
Y no, no tengo mil años, ni soy anticuada, ni quiero que vuelvan los teléfonos a disco, ni vivo sin electricidad. Solo quiero que la gente que con la que hablo me mire a los ojos y no interrumpa la charla por un ruidito o porque alguien en otro lugar quiere hablar cuando la palabra la estoy ejerciendo yo. No quiero que estén escribiéndole a otro mientras trato de hilar una conversación, ni quiero que lleguen a mi casa y me pidan la clave de wi fi como si fueran a permanecer tantas horas allí.
No quiero que las charlas giren en torno a lo que pasa en la pantalla, a un like de Facebook o una noticia de twitter, no quiero que nos encontremos para que se entere instagram ni que los grupos de WhatsApp sean interlocutores válidos durante el encuentro. No quiero que haya chicos buscando atención de los padres mientras ellos están inmersos en sus dispositivos táctiles, no quiero que los perros solo jueguen para ser filmados. No quiero que comer sea solo para compartir la foto del menú en redes, no quiero deshumanizar los vínculos en el intento de hipervincular.
No quiero, pero nadie me pidió mi opinión.

Mientras los padres hacen compras, los sientan, en otra dimensión
Por un momento pensé que algo raro estaba operando en el mundo, porque antes los papás pedían que estemos en momentos compartidos y ahora son los padres los que evitan conectar y no los hijos. Me siento como se sentirían mis padres cada vez que tengo que pedir o resignar la atención de un amigo, porque le están escribiendo, porque le llegó una foto, porque le mandaron un chiste, que no puede esperar para ser atendido (y la persona que está presente, si puede)
Pero pensándolo con mayor claridad, en verdad son padres los que en ese momento de mi infancia eran hijos. Y quizás no le dieron el mismo valor que yo a esos intentos por respetar los espacios y momentos presenciales.


No entiendo cómo se desconectan los hiperconectados. Yo trato de estar acá. No me dejen sola.

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Día 23: cómo te parecés a tu mamá

Gracias papá y mamá por enseñarme cosas importantes.

No entiendo la inspiración



En uno de los primeros apuntes de mi carrera universitaria, estaba el texto de Roberto Fontanarrosa “La inspiración”. Estaba en la materia Redacción 1, entre las primeras lecturas, y el trabajo que se nos pedía era trabajar con esa noción. Desde entonces, fue más que claro que el término “inspiración” no tendría cabida en el hacer profesional que se proponía para nosotros. 
Desde entonces, me quedó grabado y no por eso dejo de esperar que de algún universo paralelo, envuelta en trapos y luces, llegue una musa con aquella frase que estoy necesitando para terminar un texto, una planificación, una propuesta.


Y es que desde pequeños la magia nos da ese lugar cómodo en el que esperar que las cosas sucedan. Entonces, esperar, y en algún momento, llega el vencimiento del plazo, entonces, empezar... que es algo se produce medio así:

Bueno, ahora, prender la computadora porque hay mucho que escribir. Si, ahora. Bueno, pero para poder enfocarnos en esa escritura, vamos a terminar los pequeños pendientes que reclaman atención en las pestañas del navegador. Oh y dado el horario, habría que hacer un par de llamados, porque se puede escribir de madrugada, pero hablar con recepcionistas de reparticiones públicas, definitivamente no.
Ahora sí, empecemos, pero primero, la chocolatada y algunas galletitas, porque con la panza vacía no se puede escribir nada con sentido. ¿Y esa notificación? Seguro es algo importante, y quizás esté pasando algo importante en alguna de esas redes sociales donde tengo cuenta, pero no entro seguido. No debería dejar de fijarme, así ya me pongo de lleno con la tarea de escribir. Uy, la taza de la chocolatada, mínimo la pondré en remojo, bueno, mejor la lavo, y ya que vine hasta la cocina, puedo lavar le resto de las cosas que hay dando vueltas por ahí. ¿Y si para optimizar el tiempo voy poniendo el lavarropas? Son dos segundos, ¿claro u oscuro? ¿Habrá algo más para lavar en otra parte? Mejor lo busco.

Capaz sea mejor hacer antes la foto para ilustrar el texto, ¿o ya tengo una buena foto para eso? Me parece que si, la busco y mientras, voy escribiendo algo para perfeccionar más adelante.
No se puede escribir algo lindo en medio de este desorden, vamos a apilar papeles, pero mientras lo hago, voy redactando en mi cabeza lo que después voy a tipear.
Ahora tengo una idea, pero se parece a algo que ya escribí, o eso creo. ¿Lo tendré archivado? mejor lo busco. ¿En que carpeta?. Uy! Encontré mi tesis de licenciatura.... hace mucho que no la releo. Que nostalgia... cuantos borradores sin terminar en esta carpetita!
Uy, el plazo. Si ahora a escribir. Pero antes...

Y así sigue la charla por horas, hasta que en plena madrugada, en medio del sueño, algo te abre los ojos y en el papelito arrugado de la mesita de luz se plasman las ideas que todo el día no dejamos emerger.

No entiendo la inspiración, pero no descarto su existencia.

Esta publicación forma parte del proyecto “30 días de escribirme”, propuesto por el blog escribir.me (todos invitados a jugar!) 
Día 22: escribí el monólogo interno que experimentás cada vez que te sentás a escribir