Mostrando entradas con la etiqueta estabilidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta estabilidad. Mostrar todas las entradas

No entiendo la escapadita



Viene un fin de semana largo y empieza a resonar la palabrita en los pasillos laborales, en los buses de transporte urbano, en las conversaciones de vereda y en las charlas de bar. Las semanas de rutina se descubren interrumpidas por una seguidilla de días que para un alto porcentaje de la gente prometen ser no laborales, y para que la desconexión sea total las cabecitas de los compatriotas se estremecen asociando las nociones de “Finde largo” y “escapadita”.


¡La pucha! ¿De qué se estará escapando la raza humana? Si lo que hacen en sus ciudades de origen es solo el resultado de la elección de vida que les compete y el deber de mutarla solo les cabe a ellos. 

¿De qué? ¿De quién? O ¿hasta cuándo se estarán escapando?

Si la escapadita tiene una duración en el tiempo de tres, cuatro o en más generoso caso de cinco días ¿para qué? ¿Por dónde? ¿Y cuánto nos estamos escapando en función de que tanto nos estamos engañando?.


¿Y si en el escape los alcanzan?

Entonces nos escapamos rápido, corremos para que nuestra vida no nos vea.  Vamos a lugares, hacemos cosas y compartimos con gente que no nos haga acordar a quienes somos, porque, técnicamente, nos escapamos de eso. De lo que somos/hacemos/vivimos/sentimos todos los días. De eso que nos agobia y nos cansa, y nos desmotiva y nos hace saltar de alegría de tan solo imaginar que por un puñadito de días no nos va a acechar. Y en su descuido nos escapamos.


Y así vamos…. Rápido a huir de nosotros, sin saber que allá, nos encontramos más. Porque el viaje es encuentro con uno, porque en la distancia solo nos tenemos a nosotros. Y porque a donde vayas, te llevas. Aunque te escapes…


No entiendo el concepto de “escapadita”. Cuidado. Es una trampa.


No entiendo las raíces



No soy exactamente una persona estándar… que se yo… Soy producto de mis vínculos, como todos, pero me ocupe de que mis vínculos sean bien variaditos. Me gusta pensar que mis raíces se nutren de muchas cosas.
Cuando ni una jaula puede limitar a tus raíces

Alguna vez leí esa frase que dice:

... y algo de eso hay, ninguno de ambos es verdaderamente bueno sin el otro. 
De eso se trata la vida.

Quizás sea necesario pensar en cablear una raíz lo suficiente como para permitir que el despliegue de alas esté cargado de elecciones basadas en conocimientos adquiridos y experiencias ajenas. Quizás sea fundamental conocer la multiplicidad de tipos de raíces para saber cual queremos desarrollar.
¿Como seria pensarnos como seres con raíces pivotantes? ¿O tuberosa? ¿O quizás como bulbo? Yo elijo las raíces rizomáticas, pero tal vez hay gente que necesita que sus raíces sean como las de un clavel del aire, o como las de un camalote.

En función de esas raíces que se construyan, devenirán las alas, algunas serán alas majestuosas como las de águilas, coloridas como las de pavo real, delicadas como las de las mariposas, resbalosas como las de los pingüinos. Lo importante es que en todos los casos, el tipo de anclaje y el tipo de vuelo, estén mediados por la libertad de poder elegirlos, y alejados de la sensación de que son caminos inevitables, dados o rígidos.

Esta publicación forma parte del proyecto “30 días de escribirme”, propuesto por el blog escribir.me (todos invitados a jugar!) 
Día 21: “Estas son mis raíces”


No entiendo el mito de la estabilidad



Que no nos roben la utopía.
Crecemos escuchando sobre las prioridades de los seres humanos en términos de estabilidad. 



Crecemos o lo que es peor; la gente considera que hemos crecido, cuando nos ponemos serios, abandonamos lo que nos hace bien y nos disponemos a hacer lo que todos hacen.

Un hito en la vida de un joven es lograr las ocho horas de oficina, en ese momento, se lo considera un afortunado. Si proviene de una familia en la que hay pocos oficinistas, se lo llamara privilegiado y si proviene de una familia con muchos oficinistas se lo llamara exitoso. Pensaremos que está en la buena senda y brindaremos felices por su estabilidad. Probablemente, de pequeño ha querido ser payaso, quizás artesano o incluso actor. En el total de los casos, de pequeño fue soñador. Pero ahora creció, y trabaja en una oficina para orgullo de todos, incluso, quizás, de sí mismo. Si está contento con sus ocho horas diarias y quince días de vacaciones al año, el joven pasará automáticamente a convertirse en uno del montón. Otro puntito en una estadística gris que señala que es parte de un algo más grande en lo que felizmente se pudo insertar.

Lo mismo sucede con cualquier otro trabajo de los que “hay que tener”; sueldo en blanco, quince gloriosos días de vacaciones, ocho horas de labor cuidadas por algún sindicato, la cosa es llegar puntual, hacer la tareita más o menos bien y aguantar a que llegue el franco para pasarla bien. No durante, siempre después.


Pero hay otros. Hay otros jóvenes (¡y no tanto!) llamados inmaduros, vagos, atorrantes, delirantes y quizás también fracasados; esos son los que nunca aspiraron al placebo de la estabilidad (o si, pero ya no). Son los que no se consideran lo suficientemente grises como para dejar de soñar, son los que no se conforman con quince días al año para la felicidad.
Y quizás desde la misma oficina, o desde donde les toca estar, esos otros están buscando la forma de seguir su sueño o de ir soñándolo en el camino. Y cuando la gente los mira raro, se preocupan un poquito hasta que se dan cuenta de que cada vez hay más personas tan raras como ellos, que deciden caminar por el costadito de esa cosa grande en la que habría que insertarse, y con la creatividad como principal recurso, se envalentonan a ser lo que de chiquitos quisieron, o lo que de más grandes eligieron. 

Generalmente, lo que buscan, es definido como felicidad (que comparte muchas letras con estabilidad, pero no se le parece en casi nada). 

Para todos ellos, el viaje se comparte. Viaje empírico o metafórico. Viaje tan largo o corto como sea necesario. Viaje como medio o como fin en sí mismo.
Los que entendemos el viaje (en el sentido enorme de la palabra) como algo mucho más profundo que un paréntesis de quince días, nos mantenemos en la senda de no dejar que nos roben la utopía.
(Porque; la utopía sirve para caminar)



No entiendo el mito de la estabilidad, pero tiene muchos feligreses.