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No entiendo la primavera



No entiendo a la primavera. No entiendo como no se queda, como se hace extrañar, como nos invita a redescubrir. No entiendo cómo logra que hasta los más apurados sonrían delante de una flor, como sucede que nos enamoramos de las enredaderas que se habían pelado hace meses y de los arbolitos callejeros que parecían huesudos y espectrales apenas unas semanas atrás. No entiendo como la primavera de manera despiadada nos hace extrañarla para reaparecer petulante y presumida rondando el 21 de septiembre en este lado del mundo.


No entiendo como de las ramas brotan hojas, como de los pimpollos empiezan las flores, como cantan los pajaritos, como mutan los insectos… no entiendo como pasa y la mejor explicación que encuentro son las hadas haciendo magia por las madrugaditas para que todo eso aparezca así, de la nada, así, dejándonos a todos extasiados; es de un nivel de perfección que solo la mitología puede explicar.


Nadie entiende la primavera, que aparece solita y justo cuando estábamos distraídos. Que nos saca suspiros y nos reconcilia con lo sencillo  y simple. La primavera nos encanta como en los cuentos contados por abuelas, como en las canciones de la seño del jardín y como las voces de la infancia en la que por primera vez descubrimos al bicho bolita, a la vaquita de san Antonio o la mariposa monarca. Cada vez que aparecen, es un nuevo milagro que nos roba el aliento.

De nada sirve entender a la primavera, a sus perfumes y sus regalos, a sus pausas y sus recuerdos. Nos trae la niñez bien vivida y nos invita a la calle. Rompe el letargo del frio y nos saca de la madriguera. Quiebra la rutina de lo inevitable para armarnos la agenda de lo deseable, lo disfrutable y lo real. En el afuera, donde está la vida, lejos del sillón y de la tele, cerca de la picadura de bicho y del yuyito que pincha cuando nos sentamos en él. Lejos del artificio urbano y entretejido con la verdad de lo que somos y a donde pertenecemos.


Te esperaba que llegaras, te esperaba primavera. Y lo mejor es cuando no te espero, y venís caminando despacito a sorprenderme en un rincón, de mi patio, de la plaza, del mundo. La sorpresa de que la vida da la vuelta y los ciclos están para dejarse maravillar.

No entiendo la primavera, pero está re buena.


No entiendo las Cataratas del Iguazú



Al norte de Argentina y al sur de Brasil se encuentra, sobre la frontera entre ambos e inmerso en el magnífico entorno de selva subtropical, el parque natural Iguazú.

Este jardín binacional es un verdadero show de la naturaleza y, según los habitantes de la zona, el espectáculo tiene por escenario el lado argentino y como platea el lado brasilero.


Las cataratas, se originaron hace 200 mil años donde se juntan los ríos Iguazú y Paraná, en el lugar que hoy se conoce como la Triple Frontera por ser un punto de convergencia entre Brasil, Paraguay y Argentina, sin embargo, actualmente se encuentran a 22 kilómetros de aquella desembocadura en la que se formaron.

El Río Iguazú alimenta los 275 saltos de hasta 80 metros de altura por los que fluyen un promedio de 1.500 metros cúbicos de agua por segundo, que  en temporada de lluvias (de noviembre a marzo) ascienden a más de 12.700. 
El nombre de este río y de las cataratas (Iguazú) viene del idioma guaraní y significa “agua grande”, de hecho, estas cataratas son las más grandes del mundo (cuatro veces más extensas que las del Niágara, en Estados Unidos)


En Argentina, las pasarelas permiten recorrer los saltos de agua con una gran proximidad, experimentando de cerca el ruido y la sensación que el agua genera en el ambiente, de este lado se encuentran dos tercios de las Cataratas del Iguazú. En Brasil, es posible obtener las mejores fotografías, ya que la vista es más amplia y se pueden apreciar los saltos y la caída del agua que con su fuerza, da origen a una nube de llovizna de 30 metros de altura.

Se trata de un destino dotado de una variada oferta hotelera en ambos países, dispuesta para recibir a los miles de turistas de las más diversas nacionalidades que lo visitan anualmente; una de las nuevas siete maravillas del mundo que fue declarada por la UNESCO como parte del patrimonio de la humanidad.

El salto de mayor renombre es la Garganta del Diablo, con más de 70 metros de altura, es uno de los favoritos de los viajantes por su impacto, ya que deja caer cerca de tres millones de litros de agua por minuto.


La visita a este destino constituye una experiencia altamente sensorial, ya que al recorrerlo se ponen en juego nuestros cinco sentidos;

El gusto encuentra en esta región una infinidad de nuevos sabores dulces y salados, exaltados en preparaciones a base de ingredientes naturales de este ecosistema selvático. Además de las carnes asadas, lo más típico son los pescados como el dorado, el surubí, el pacú, el paty y el manguruyú. En horas de la tarde, no puede faltar una ronda de mate acompañado de chipá, una tradición que une las culturas de los tres países que allí convergen. También es posible acompañar la merienda con mermeladas y dulces provenientes de la flora local.

El olfato se desorienta en medio de tantos aromas ancestrales, y nos parece respirar algo que, más allá de las pasarelas para recorrerlo, no fue intervenido por el hombre,  sencillamente huele a planeta tierra. La humedad de la zona en contacto con la tierra colorada se mezcla con el viento tibio que nos llena de vahos provenientes de la frondosa vegetación reinante.


El sentido del tacto se pone en acción al recibir la humedad que los saltos comparten con los cuerpos de los turistas, ya que el agua está en el aire y su caricia, merece ser celebrada (aunque se venden pilotos en las tiendas de la zona para quienes prefieran no mojarse). Se puede también realizar un tour en bote hasta las cataratas, donde no se podrá evitar quedar impregnado de ellas.

El oído se encuentra estimulado por el canto de las aves de la selva y el ruidoso bramido del agua en constante caída, que estremece con su fuerza y sonoridad. El agua produce un choque contra las piedras que se convierte en sinfonía para el oído, aquel estruendo que escucharon los habitantes de los pueblos originarios y que le valió al mayor salto el nombre de “garganta del diablo” hace que perderse en esas pasarelas se vuelva un momento místico.


A nivel de la vista la escena es una fiesta que incluye todos los colores jugando a formar paisajes con muchos contrastes conformados por el río Iguazú y la selva misionera, ideales para un sinfín de fotografías que nadie quiere dejar de tomar. Los saltos caudalosos forman nubes de espuma en la caída y el agua suspendida origina magníficos arco íris. La fauna se hace presente en forma de monos y coatíes que deleitan con sus travesuras.
En esta ubicación tropical de majestuosa belleza, no podemos dejar de sentirnos protagonistas del estallido de naturaleza más fascinante de América.


No entiendo como hay gente que viviendo tan cerca, todavía no se aventura a una experiencia sumamente completa

Este texto, hace unos años formò parte de una publicaciòn on line


No entiendo la espiritualidad de Bali




Isla de playa, surf y noche... de adolescentes europeos viajando a conquistar el mundo... 
Bali se promete profana, pero es sagrada. 

Dice Wikipedia (y ¿quien se atreve a contradecirla?) que “La religión predominante entre los balineses es una mezcla entre el sivaísmo proveniente del hinduismo y la mitología balinesa (mitologías previas a la influencia hindú). Los balineses descendientes de los inmigrantes anteriores a la tercera ola, conocidos como bali aga en su mayoría no son seguidores del sivaísmo balinés y poseen sus propias tradiciones animísticas.

Y esto es bien curioso, porque el resto de Indonesia tiene predominancia de creyentes musulmanes, pero en esta isla no, en Bali se profesa una particular vertiente del hinduismo. Con toques de animismo y notas de budismo.

Uno de sus templos más reconocidos (incluso por UNESCO) es el Goa Gajah, nacido en el siglo IX, su ingreso representa la cabeza de un elefante y al acceder nos encontramos con Ganesha, la deidad de apariencia de paquidérmica. Esto marca la fuerza de la religión Hindú.

La puerta es el rostro del elefante y te recibe una representación ya sin cabeza, pero con ropa nueva.
Y los visitantes, siempre con las piernas cubiertas.
En ese, como el en la mayoría de los templos, el agua ocupa un lugar importante, y es que las ceremonias de purificación siempre la tienen como protagonista, ya sea para los feligreses u ocasionalmente para los turistas entusiastas.

Otro templo, en este caso, para bañarse en agua sagrada a la sombra de una serpiente coqueta
Dentro del agua, es posible ver peces koi , que en todo Asia se cree que traen buena suerte. Son peces de vida larga que alcanzan los noventa centímetros y pueden superar los ocho kilos.
La leyenda dice que los peces que conseguían nadar río arriba hasta la cascada y subirla, por su esfuerzo se transformaban en dragones, y alguien pensó que los peces Koi se parecen mucho a los dragones. También están asociados a la perseverancia ante las adversidades y se consideran un símbolo de paciencia y longevidad. El ascenso del koi a la cascada significa “triunfar en la vida“.


Por todo Bali es posible descubrir figuras de deidades y seres de culto a los que los locales se toman el trabajo de vestir con ropas y flores con total abnegación.  Es muy común que cada casa y cada comercio tenga un pequeño templo en la puerta o en el interior. Por esta razón las calles de Bali están envueltas en olor a incienso, una fina película de espiritualidad y mística que nos recubre en sus veredas mientras esquivamos las ofrendas que los balineses ubican en el suelo. 
Las ofrendas son variadas, mayormente son canastitas de algún material natural trenzadas para contener flores, comida, dulces y sahumerios para congraciar con los espíritus y los dioses




Cuando el local comercial no tiene puerta... pueden estar en cualquier parte
No entiendo la espiritualidad de Bali, pero es su huella, lo que la diferencia de las otras siete mil islas que componen Indonesia. Bali es la provincia más prospera de Indonesia. En Bali, se respira distinto.


No entiendo las ofrendas de los budistas



Las religiones son cosas de fe. Es por eso que cuando uno no es practicante, o no se ha criado entre personas con esa devoción, todas suenan un poco raras. Pero la fe es así… crees o no crees y en función de eso, actuas.

Estar viajando por un país budista es una sorpresa a cada paso, todo es tan profundamente extraño que no podía dejar de mencionarlo en este rincón de cosas que no entiendo. Lo primero que no entiendo es que muchos dicen que es una religión, pero lo cierto es que no (listo… asi empezamos).

De todas formas, de lo que quiero hablar es de la cantidad de donativos diferentes que los budistas llevan o compran en y para los templos y los monjes.


Los monjes budistas son personas que dedican su vida a buscar la iluminación. Es común verlos 


pidiendo donaciones durante las mañanas con sus bolsos limosneros y resguardándose del sol con sus sombrillas igual de naranjas que todo en ellos. Durante los recorridos por los templos los encontramos ofreciendo oración o impartiendo “bendición”





 y cuando estamos en tránsito, en terminales y aeropuertos, los cruzamos, aunque suelen tener su espacio privado para esperar

Lugar de espera de los monjes en la terminal de buses
Monjes en el aeropuerto
Lo primero que le regalamos a Buda al entrar a su templo es la decencia. Desde ya, jamás vestiremos de manera impropia, sacarse los zapatos antes de ingresar y cubriste casi todo es la premisa. Además hay otras pautas de comportamiento asociadas al respeto por lo desconocido, que nunca está de más repasar 


Como en la mayoría de los templos, sin importar la religión está bien visto ofrendar flores; las más vistas, son las Flores de Loto, que son muy apreciadas por el culto budista, pero también podemos encontrar pulseras de flores o guirnaldas en los distintos lugares del templo.



También es común en los templos budistas ofrendar sahumerios y aplicar unos papelitos dorados sobre las imágenes de buda.



En otro templo se podían dejar campanas


Por supuesto, como toda estructura dedicada a los valores intangibles, los monjes deben enfocarse en la iluminación y no pueden trabajar, por lo que las alcancías aparecen en todas partes y de todas formas. 

Para cada día de la semana

Moneditas en los pies del buda reclinado
Billetes enganchados en los arbolitos junto al altar
...y toooodo tipo de reservorio, como se pueden ver en las demás fotos que ilustran este repaso de tradiciones. Hay que orar y colaborar. En los templos hay  alcancías, para mantenimiento de los religiosos y de las obras de caridad.

Pero, no solo se puede colaborar de este modo con los monjes, también existe la posibilidad de adquirir un kit de productos necesarios para la vida de un monje budista. No hace falta pensar que pueden necesitar, en la misma puerta del templo están disponibles las cajas promocionadas como “conjunto de batas y ofrendas a los monjes”  con artículos de higiene personal, linternas, alimentos, bebidas y las conocidas túnicas anaranjadas.





Las túnicas no solo están disponibles para lo monjes, también podemos donarle vestimenta a las representaciones de buda de los diferentes templos

Tienda de ropa para figuras de buda
Donantes vistiendo un buda gigante
Buda vestido, y con una estatuita de si mismo en la mano
Y si de cosas difíciles de entender hablamos... en algún templo aparecieron estas ofrendas con formato “gato azul” que sin dudas, no entiendo! 


Me puse a buscar en internet y aparece la historia de un restaurador que habría incorporado su fanatismo por Doraemons (el gato azul japones) a la nueva imagen de las pinturas del santuario, algo que pueden indagar en estos links, sin embargo, no es este el templo del que hablan aquellos artículos, la donación de peluches se fundamenta (al parecer) en que se trata de un templo erigido en memoria de un príncipe que murió siendo pequeño y muchos locales le agradecen con los juguetes preferidos de los niños tailandeses los favores concedidos.

Así nos encontramos con templos con lugar para las flores, los sahumerios, las túnicas de las imágenes, las ofrendas para los monjes y los donativos en efectivo… que dan como resultado unos alteares mas o menos así;



Claramente, no entiendo las ofrendas de los budistas, y cuando trato de buscar más información, veo que no soy la única que no las entiende.


No entiendo el durian



Es muy probable que muchos de ustedes no estén ni enterados de su existencia, pero se trata de una fruta. Una fruta que despierta pasiones encontradas.


El Durien, o Erizo de Árbol, puede llegar a los treinta centímetros de largo y quince de diámetro, es una fruta grandota y pesada que tiene la piel cubierta de picos, como si se tratara del caparazón de un animal prehistórico.

A lo largo y a lo ancho del sudeste asiático, es posible encontrar esta fruta. Dicen que su sabor es intenso y agradable, con textura cremosa. Su pulpa se considera afrodisíaca y tiene aplicaciones en la medicina china como anti inflamatorio y anti térmico. Hay quienes lo usan para hacer vino, dulces, helados, panqueques, cremas y tragos, además de una gran variedad de platos. Incluso sus semillas son comestibles;  asadas y machacadas se usan en pastelería.

Algunas de sus presentaciones son las que siguen:

Helado
Frito
Todo tipo de caramelos


Deshidratado

Hasta en el aeropuerto
Rellenando chocolates
El rey de las frutas
Tiene su propio festival!
Algunas propiedades están claras en este video;


Sin embargo el Rey de las Frutas no es perfecto en su totalidad, al parecer, es dueño de un increíblemente apestoso aroma que le vale el rechazo en muchos lugares. Así como suena, medios de transporte, aeropuertos, hoteles y centros comerciales no se ponen colorados al tener que señalizar el rechazo que les genera.Algunos aseguran que huele a excremento, a animal muerto, a calcetín sudado o a cebolla descompuesta. "Es como comerse una crema de vainilla en una letrina" afirman.



La multa no tiene precio, porque no hay dinero que te salve de tamaña atrocidad


Ventanilla de compra de pasajes
Entre las muchas cosas que no se permiten en la tienda
No entiendo como esta fruta puede despertar las más profundas devociones y las más intensas repulsiones.