Lo muy terrible es que si entiendo su
existencia, pero no su aclaración.
Naturalmente el agua existe sin gas, ¿porque
tienen que aclarar que permanece en ese estado?
¿Se imaginan agua mineral, natural con gas? seria raro ver la efervescencia correr por la montaña.... y es por eso que cuando le agregan gas, es válida la aclaración... pero no antes.
De por sí ya es raro que nos cobren el
agua, o sea, asumamos que estamos pagando una botella y que esto es así porque
en algún momento dejo de ser obvio que negar un vaso de agua es un crimen.
Un
buen día tomar agua paso a ser posible solo si la pagamos y para eso la botella
(que en su proceso de producción contamina el agua).
Y en medio de esto, el
agua gasificada y la sutil diferencia con la soda (otro debate, otra
fantochada).
El concepto de agua de mesa habilita la
botella de vidrio en el bar (porque nadie pediría un vaso de agua corriente de
red, por más potable que sea), esto da origen a la botella de plástico en el
kiosco y la no solidaridad del vaso de agua, que nadie se atrevería a pedir (culturalmente)
O sea… la existencia del agua
embotellada marca el declive de la humanidad de la raza humana (valga la paradoja
y habilítenme la redundancia)… porque ya no podemos contar con la solidaridad del desconocido y
nada podemos esperar del otro si no hay dinero de por medio. Tocar cualquier
timbre y pedir un poco de agua una tarde de calor, no existe, autoriza a
desconfiar, a pensar en las peores intensiones del extraño personaje que intenta obtener ese
beneficio de manos de un perfecto fulano y seguro, algo malo está por pasar…
mejor no se lo doy.
Bienvenida la ordenanza del agua sin
cargo para acompañar la comida en los bares.
Bienvenidos los bebederos en vía publica
que nos homogeneizan como sociedad, donde si hay algo en lo que nos parecemos,
es en que necesitamos agua para estar vivos.
El agua es vida y dice mucho de
nosotros.
El concepto de “agua sin gas” es el
alerta que nos lleva a todo este recorrido por la historia del consumo de agua
en situaciones no domésticas. Y lo peor…
es que si…. Lo entendemos…
Algunas palabritas, girar las manijitas, mostrar agua fría,
agua caliente, posibilidad de usar un tapón y para el gran final; la
manijita del medio haciendo emerger un enérgico conjunto de chorritos, cual
aguas danzantes, en pleno baño de casa.
Todo comenzó una tarde, en la que un trío de huéspedes
extranjeras, juntaron valor y aventuraron la pregunta que llevaba meses
sobrevolando su imaginación; “¿para qué es la segunda taza del baño?”. Esa
tarde, di una charla teórico práctica sobre los usos y aplicaciones de este
entrañable objeto y su polisémica lectura.
Para todos nosotros es muy común encontrar en cada casa y
aun en baños de uso colectivo el bidet al lado del inodoro, sin embargo esta
pieza constitutiva de nuestros cuartos de higiene poco tiene de universal. Es
más... No es de lo más habitual. Tanto en Estados Unidos como en Europa solo
están en hoteles de alta gama, en España o México cada vez se usan menos. En
Inglaterra lo consideran cosa de franceses; en Alemania, dicen que es poco
higiénico; y en Italia, lo ven como un accesorio de lujo. Argentina es uno de
los pocos lugares del mundo en los que forma parte del equipamiento ideal y hasta básico de lo
que llamamos baño completo: inodoro, bidet, bañera y lavatorio.
Su nombre esbidéobidet
y viene del vocablo francés “caballito”
que hace alusión a la postura que se emplea durante su uso. Consiste en
un recipiente de porcelana bajo, ovalado con agua corriente, desagüe y lluvia
invertida para higiene íntima. Al parecer se inventó en Francia en el siglo
XVIII, en el período en el que la limpieza corporal se llevaba a cabo una vez
por semana. Fue inventado para asear las áreas "privadas" del cuerpo,
entre baños regularmente programados. Una curiosidad es que su lugar era el
dormitorio hasta el 1900 en que se mudó al baño. Generalmente
se asemeja a la forma del inodoro. Existe una amplia variedad de estilos de
bidets, todos ellos combinan con el correspondiente retrete.y se ponen al lado este en el cuarto
de baño. Para su uso, se puede escoger sentarse viendo hacia los
controles de agua del mismo o dándoles la espalda.
También cabe aclarar que estamos mucho más acostumbrados a
verlo que a usarlo, o al menos esas son las estadísticas que arroja mi somero
relevamiento de campo en casas de amigos que lo han mutado en revistero,
lavapiés, espacio para lavar ropa a mano o cortardero de uñas, depósito de rollitos de papel higiénico agotados (si… el
relevamiento fue breve, seguro hay miles de datos que a todos nos sorprendería conocer).
Más allá del uso o la falta de uso, nadie concibe construir
un baño sin incluirlo en los planos, incluso en lugares de uso público en los
que nadie sentiría necesario darle utilidad. Es uno de esos muchos orgullitos
pavotes que ensalzamos los argentinos.
Ya me ensañé bastante con rituales poco felices, por lo que me pareció
equilibrado pasar a otro tipo de rito no más comprensible, pero si más
festejable. Hoy no entiendo el ritual de egreso de las carreras de nivel superior.
Oh sí.
Y no lo entendí nunca.
Como todos los rituales, se aleja de lo universal para ser un hecho
propio de algunas regiones, y creo que en este caso, está acotado a la República
Argentina. Ciertamente la investigación ínfima que hice buceando en la web no
arroja resultados de casi nada, ni una pista del origen de esta costumbre, nada
se sabe, nada se puede aprender.
Me preocupa el rito del egreso. No entiendo que celebremos a un nuevo
profesional con un lanzamiento de alimentos sobre su cuerpo, rasgándole la ropa
y golpeándolo en la puerta de la universidad.
Para quienes desconozcan la práctica a la que hago alusión, paso a
narrar de que se trata este final de la carrera universitaria; El potencial
egresado ingresa al edificio, rinde su último examen y pasa por el baño a
cambiar su look para salir con ropa vieja y exponerse a un aluvión de harina,
huevos, aderezos, yerba, aceite y comida en estado de putrefacción. El menú
puede estar acompañado de algún brebaje indefinido manufacturado por las mentes
creativas del entorno del egresado y se pueden sumar elementos de cotillón como
espuma, serpentinas y papel picado. En ocasiones se agrega pintura, bebidas, o puré
de tomate. Cuando los ingredientes ya escurren pesados desde la cabeza del
flamante profesional, algún amigo enarbola tijeras y se acerca a cortar en
tiras la ropa que lleva puesta, conservando en ocasiones el mínimo pudor, o
transgrediendo esta línea, según el estilo de los responsables del agasajo. Con
el egresado semi desnudo, puede aparecer un nuevo paso en el ritual que consiste
en cortar su cabello, afeitar su cuerpo o escribirle cosas en la piel. Este
mágico momento suele culminar con el paseo en baúl del auto para presumir el
modelo terminado por la ciudad y llegar al domicilio a renegar con la ducha
mientras los allegados comienzan la celebración domiciliaria que suele
extenderse hasta la madrugada en algún bar. Todo documentado en las fotos de
rigor.
Un acto totalmente incomprensible. Un acto difícilmente evitable.
Aquellos profesionales que estén en desacuerdo con este tipo de celebración, se
ven en la obligación de ocultar la fecha del último examen y corren el riesgo
de ser sorprendidos en fechas arbitrarias por el entorno que no concibe la idea
de que la carrera se dé por finalizada sin la ceremonia de maltrato, humillación
y vejaciones.
Si bien el desperdicio de comida durante el suceso y el desperdicio de
agua a su término ya es escandaloso, hay algunos intentos por virar esta
tradición infundada que intentan proteger el patrimonio público, veredas,
universidades, edificios y mobiliario urbano que se ven desmejorados y atraen
fauna indeseable por la suciedad que divierte generar y nadie toma a su cargo
limpiar.
No lo entendí nunca, y traté Infructuosamente de evitarlo.
Para entenderlos, encontré un lugar donde los explican.
En
Mozambique el océano índico es el anfitrión y dentro de este país, para visitar
los delfines en su hábitat natural, es necesario alojarse en la localidad de
Ponta do Ouro, una pequeña ciudad que fue declarada Área Marina Protegida por
Unesco, considerado un sitio clave de biodiversidad de importancia mundial en
el África oriental. Ese titulo le confiere a la ciudad la responsabilidad de
preservar concienzudamente el medio natural.
Llegar a Ponta do Ouro no es tarea
sencilla. Desde Maputo (la capital de Mozambique) el primer paso es tomar un
ferry a Katembe, allí se buscará un chapa (transporte local), un taxi o en el
mejor de los casos algún vehículo con tracción 4×4. No hay ruta y si bien no
son muchos kilómetros, sí son muchas horas. Después de andar un buen rato por
carreteras de asfalto deteriorado e invadido por pozos, el camino se vuelve
arena y aun seguirá faltando un buen rato de rebotar por el medio de la nada para
llegar a destino.
Una vez en la ciudad todo es arena, ni calles ni vereda: solo
arena. Hasta acá no suena para nada tentador, sin embargo llegar a la playa
hace que todo haya valido la pena.
Probablemente pensar en Mozambique no sea
sinónimo de playa para mucha gente, sin embargo, el paisaje que nos interpela
será una verdadera sorpresa: una pequeña bahía enmarcada por montañas bajas, y
coronada por una ancha playa de arenas claras con una paleta de colores de agua
imposible de describir con predominancia de matices turquesa.
Esta bahía, en la que el sol nace para atardecer sobre el
poblado, es el hogar de múltiples especies marinas, pero los protagonistas
indiscutidos del ecoturismo son los delfines.
El tour para el encuentro con
los delfines puede durar tres o cinco días; se inicia con prácticas de snorkel
en la playa y una charla con videos instructivos para estar capacitados sobre
la forma de acceder a una buena experiencia e interiorizarnos sobre sus hábitos
y conductas para comprenderlos y lograr una armoniosa interacción con ellos.
A partir del segundo día, las
jornadas comienzan a las seis de la mañana en la playa, donde entre todos
empujamos el bote al agua y nos trepamos con torpeza para comenzar la
navegación. Las olas son enormes y la sensación de inmensidad del océano nos
atraviesa a medida que nos adentramos en él y dejamos la tierra atrás
cabalgando sobre las olas.
A los pocos minutos, sucede la
magia: divisamos delfines y ellos nos divisan a nosotros. Con total
naturalidad, como si se tratara de perros junto a un auto, los vemos saltar y
acercarse, seguir el barco y saludar con piruetas. No es fácil saber cuantos
son, pero siempre son grupos. Es el momento de ponerse las patas de rana, tomar
una máscara de snorkel y saltar al agua, a mar abierto. En cuestión de minutos
estamos en el agua nadando con las bellas criaturas hasta que ellos consideran
que ya fue suficiente socialización inter especial y se marchan, entonces
volvemos al bote a compartir nuestro asombro y agudizamos la mirada buscando
otro grupo para nadar un ratito más.
Todo se ejecuta con un perfecto
respeto por la naturaleza y tratando de molestar lo menos posible el normal
desarrollo de las especies, los paseos de nado con delfines son dirigidos por
un equipo de conservacionistas apasionados que promueven un estricto código de
conducta que se ha desarrollado sobre la base de consejos y directrices de los
expertos marinos internacionales y locales de mamíferos, lo que resulta en un
programa que permite una estrecha interacción en términos de los delfines. Y
si… según dicen; donde fueres haz lo que vieres.
No entiendo a los delfines, pero compartir con ellos en la libertad de su hogar, es màgico. Éste artículo fue publicado en http://revistaelviajero.com/ponta-do-ouro/
Viene de
aprilis, derivado del verbo aprire: "abrir, apertura". Es sinónimo de
"frescura, vigor, lozanía, juventud" La
etimología popular lo relaciona con Aperio: "abrir", porque la
primavera se abre. También se toma como un préstamo griego, de cuya raíz deriva
Afrodita. Significa la apertura, la amplitud, la luz que proviene del
ensanchamiento. Igual puede ser, metafóricamente, la alegría de la
primavera (claramente en otra parte del mundo)
Un poco
confuso. Abril, mes de transición y de indecisión.
Tempranito
para botas, demasiado tarde para sandalias, ya no corresponden los soleritos,
pero la temperatura no habilita los abrigos pesados. Abril desordena el placar en busca de su propia mirada. Y también desordena el resto de la vida. No da
para playa, pero todavía no nos quedemos adentro. Los primeros fríos acobardan
y las lluvias invitan al cautiverio bucólico. Abril es un mes de lluvias,
algunos años más que otros, pero todos, nos esparce la mística del agua.
Abril
no tiene en claro a que te quiere convidar, no sabemos si a un heladito o
quizás a té con carbohidratos. Abril no está en el stress de que todo termina,
pero si en el caos de que la rutina empieza, esa rutina que heredó de marzo y
que hace que abril continúe subida a la ola de que todo el año ya está sobre la
mesa y con eso hay que jugar.
Abril es uno
de esos meses bisagra en donde la vida se permite respirar, nada es del todo
grave, ni el clima es extremo, ni la rutina es tan pesada. En abril todo está
bajo control, o al menos, estamos a tiempo de creer que vamos a poder
controlarlo. El tránsito no es inexistente como en enero, pero tampoco es
agresivo como en noviembre. En abril, la circulación vehicular
transcurre a escala humana, convivible.
Ni siquiera se
que es lo que no le entiendo…. Solo camino desorientada entre sus días esperando
el avance o temiendo el retroceso del almanaque. No se que me pasa en abril,
porque no se siente mal, ni tampoco se siente bien. Porque el año se hace el
que ya empezó, pero en muchas aspectos es mentira y en otros, es terriblemente
tarde.
No entiendo el
mes de abril… es tan mágico como imprevisible
Isla de playa, surf y noche... de adolescentes europeos viajando a conquistar el mundo... Bali se promete profana, pero es sagrada. Dice Wikipedia (y ¿quien se atreve a contradecirla?) que “La
religión predominante entre los balineses es una mezcla entre el sivaísmo
proveniente del hinduismo y la mitología balinesa (mitologías previas a la
influencia hindú). Los balineses descendientes de los inmigrantes anteriores a
la tercera ola, conocidos como bali aga en su mayoría no son seguidores del
sivaísmo balinés y poseen sus propias tradiciones animísticas.”
Y esto es bien curioso, porque el resto de Indonesia tiene
predominancia de creyentes musulmanes, pero en esta isla no, en Bali se profesa una particular vertiente del hinduismo. Con toques de animismo y notas de budismo.
Uno de sus templos más reconocidos (incluso por UNESCO) es
el Goa Gajah, nacido en el siglo IX, su ingreso representa la cabeza de un
elefante y al acceder nos encontramos con Ganesha, la deidad de apariencia de paquidérmica. Esto marca la fuerza de la religión Hindú.
La puerta es el rostro del elefante y te recibe una representación ya sin cabeza, pero con ropa nueva.
Y los visitantes, siempre con las piernas cubiertas.
En ese, como el en la mayoría de los templos, el agua ocupa
un lugar importante, y es que las ceremonias de purificación siempre la tienen
como protagonista, ya sea para los feligreses u ocasionalmente para los turistas entusiastas.
Otro templo, en este caso, para bañarse en agua sagrada a la sombra de una serpiente coqueta
Dentro del agua, es posible ver peces koi , que en todo Asia
se cree que traen buena suerte. Son peces de vida larga que alcanzan los
noventa centímetros y pueden superar los ocho kilos.
La leyenda dice que los peces que conseguían nadar río
arriba hasta la cascada y subirla, por su esfuerzo se
transformaban en dragones, y alguien pensó que los peces Koi se parecen mucho a los dragones. También están asociados a la perseverancia ante las adversidades y
se consideran un símbolo de paciencia y longevidad. El ascenso del
koi a la cascada significa “triunfar en la vida“.
Por todo Bali es posible descubrir figuras de deidades y
seres de culto a los que los locales se toman el trabajo de vestir con ropas y
flores con total abnegación. Es muy
común que cada casa y cada comercio tenga un pequeño templo en la puerta o en
el interior. Por esta razón las calles de Bali están envueltas en olor a
incienso, una fina película de espiritualidad y mística que nos recubre en sus
veredas mientras esquivamos las ofrendas que los balineses ubican en el suelo.
Las ofrendas son variadas, mayormente son canastitas de algún material natural
trenzadas para contener flores, comida, dulces y sahumerios para congraciar con
los espíritus y los dioses
Cuando el local comercial no tiene puerta... pueden estar en cualquier parte
No entiendo la espiritualidad de Bali, pero es su huella, lo
que la diferencia de las otras siete mil islas que componen Indonesia. Bali es la provincia más prospera de Indonesia. En Bali,
se respira distinto.
Todos en algún momento quedamos sorprendidos por las abismales
diferencias culturales entre oriente y occidente. En verdad, tenemos formas muy
distintas de pensar algunas cuestiones. Siempre nos llama la atención la forma en que se visten los asiáticos, pero sería un posteo muy largo si tuviéramos que incluir la multiplicidad de prendas que combinan y superponen, sólo vamos a hacer referencia a su ropa de playa.
Algo que no deja de sorprenderme, es la manera en la que a ambos lados del mundo se nos ocurrió mostrar
status a partir del color de la piel, aunque exactamente al revés. Así como
para nosotros estar “bronceados” indica una buena posición porque se supone que
tenemos tiempo para estar al sol, para tomar vacaciones en lugares de playa o
para dedicarnos a estar panza arriba, del otro lado del meridiano de Greenwich
es absolutamente al revés, si tu piel es más blanca, da cuenta de que no tenes la necesidad de pasar largas jornadas
laborales al sol y eso indica una mejor situación social.
Por supuesto que así
como occidente toma sol en terrazas, ventanas de oficinas y patios de escuelas
para no perderse un solo rayito y lograr el color que hay que tener, o usa autobronceantes y va a máquinas cancerígenas para cambian de color, oriente va
a lugares con sol y evita por todos los medios que queden evidencias de eso en
su dermis.
Muchas son las formas, desde cremas blanqueadoras disponibles en
todos los kioscos hasta cubrirse con sombrillas para caminar por la ciudad. Aquí,
un ejemplo de cómo protegerse del sol.
Es sólo un ejemplo, las artimañas para huir del sol son tan variadas como graciosas, para hombres y para mujeres. Se venden todo tipo de cosméticos, guantes largos hasta los hombros, máscaras para cubrir el rostro e infinidad de viseras, gorros, sombrillas y parafernalia protectora para evitar el encuentro con Febo. La piel oscura remite a la clase baja y nadie quiere estar asociado a eso.
Otra cosa muy interesante de algunos lugares de “por allá”
es que la religión (además de las ganas de marcar status) les indica que deben
estar cubiertos, por lo que los atuendos de playa en regiones con población musulmana
lucen más o menos así
Y la pluralidad de indumentaria acuática es verdaderamente
amplia...
Por último, también existe entre las mujeres musulmanas una
imposibilidad de practicar deportes (no está prohibido, pero está mal visto y les genera cierto rechazo de su comunidad), esto hace que muchas le tengan terror al
agua y nos encontremos con grupos de nadadores de orilla, equipados como para
sobrevivir a mar abierto (con chaleco y a los gritos en una playa en la que el mar
no les cubre las rodillas)
Sé que la imagen no tiene sonido, pero créanme, estaban muy asustadas de estar en el agua, y muchos optaron por quedarse en la arena.
En fin... no entiendo la ropa de playa en un lugar que presume las aguas más hermosas y las playas más bellas de todo el mundo.
Los baños en otros paises, siempre son diferentes. Ciertamente, los nuestros no son muy normales para los extranjeros. Particularmente en Asia, las letrinas son comunes y cada vez que entramos a un baño corremos riesgo de shock. En este caso, en medio de la playa de Krabi, en Tailandia, entre el mar y la arena, nos aventuramos a llegar al baño, y si bien no fue de los peores, hubo dos cosas que nos parecieron merecedoras de un espacio entre cosas que #noentiendo
Agua, si... para no llevar arena en los pies, el baño de la playa, tiene una entrada llena de agua (estancada, sucia e inevitable)
Ausencia de puerta. Paredes bajitas. En ningún momentos perdemos contacto visual con la persona que està haciendo uso del servicio higiénico masculino
Hay mucho para decir sobre baños...
Por ahora, nos quedamos repitiendo que no entendemos este baño de Krabi.
Ampliaremos.
Hoy llueve. Es febrero, hace calor, toda la
tarde el sol del domingo sofocó la ciudad. Se vaciaron los parques, se
malhumoraron las señoras, transpiraron los señores y hubo dolores de cabeza,
bajones de presión e hinchazón de pies, como mínimo. Hizo calor, pero calor del
bueno, de ese que no te deja caminar rápido, por más apurado que estés. De ese
que no te deja llevar a cabo una conversación sin que haya que estar
mencionando el calor. De ese que no te deja saludar con un beso sin disculparte
por estar patinoso. Hizo calor.
De repente, en mitad de la tarde, cayeron las primeras
gotas, tímidas y bienvenidas, no llegaban a mojar el suelo. El suelo estaba
caliente, caliente de verdad, caliente en serio. Por suerte siguió más agua y
con el agua, el olor a lluvia. Lo primero que escuché al respecto, fue a un
amigo decir “¡Que petricor!” y traducirlo orgulloso como “Olor a tierra mojada”. Es
curioso, no tenemos muchas palabras para hablar de olores, y las pocas que
tenemos, no las conocemos o simplemente no las usamos.
Desde hace
mucho me preocupan los olores. Pase un tiempo dedicada a una mini investigación que fue
mi ponencia en un congreso, en ella me pregunto entre otras cosas por el
léxico aromático empobrecido de nuestra lengua. A continuación... un resumen.
“Siento, luego existo” dice David Le Bretón (2007) parafraseando a
Descartes (1637), para hablar de la importancia de los cinco sentidos en la
configuración de la identidad del ser humano, vinculado a todo cuanto percibe.
Antes del pensamiento están las sensaciones, el sentir. No sabemos
nombrar al nacer las sensaciones que nuestro cuerpo ya experimenta aún antes de
salir al mundo. Los sentidos se desarrollan y se afinan con el tiempo, pero son
cualidades innatas que nos ayudan a conectarnos con el mundo, aún prescindiendo
de la educación que como sociedad elegimos transmitir a las nuevas
generaciones. Es mas humano, entonces, el sentir que el pensar, y sin embargo,
la cultura en la que nacemos se toma el trabajo de hacer un cambio en este
paradigma logrando seres que racionalizan el entorno relegando los sentidos.
La condición humana es ante todo corporal, aunque como seres
sociales configuremos desde la cultura las percepciones empíricas; somos seres
encarnados y de esto parte la antropología de los sentidos como apoyo para la
idea de que las percepciones sensoriales no surgen solo de una fisiología, sino
ante todo de una orientación cultural que deja un margen a la sensibilidad
individual; de esto queremos hablar.
Dijo Le Breton: “en la jerarquía de los sentidos, el olfato no
tiene ningún peso”. Este autor, explica que en occidente el olor es mal visto y
eliminarlo es el objetivo de estas sociedades. Esta ligado en la mayoría de los
casos a displaceres y por eso, se busca neutralizar los olores y uniformarlos. Una forma simple de comprobarlo; si le pedimos a alguien que
dibuje una cara lo mas rápido que le sea posible, lo mas probable es que
obtengamos un resultado similar a este : ) , dos puntitos y un línea curva, la
representación simplificada de un rostro, evade la existencia de la nariz.
Dice Bourdieu (1996) que nominar implica hacer que algo
exista: el lenguaje tiene carácter preformativo, ya que el valor social de los
usos de la lengua surge a partir de su tendencia a organizarse como sistema de
diferencias. Estos sistemas, reproducen el orden simbólico de aquello
socialmente establecido, a saber, el sistema de diferencias sociales. Con el
aroma pasa exactamente igual.
Cuando configuramos la experiencia, lo hacemos con auxilio del
lenguaje. Sin embargo, en la generación de términos para nombrar las cosas que
configuramos, para darle identidad, y entidad a los olores, es muy escueta. No
hemos generado palabras que sean propias al orden de asuntos que hacen al
olfato y sus derivados.
Hablamos de que poner en palabras un olor es pedir léxico prestado
a otros sentidos (dulce: gusto, suave: tacto, floral: vista, estridente: oído).
Cuando queremos describir un aroma nos encontramos con que el rechazo por este
proceso físico es tal, que no tenemos vocabulario para hacerlo. Necesitamos
tomar términos de otros sentidos o usar comparaciones con olores o experiencias
compartidas. Esto, hace que nos sea imposible relatar una descripción acertada
de un aroma.
Una de las slides del pps del Congreso en el que expuse este delirio
Dijo Italo Calvino; “Olvidado elalfabetodel
olfato que elaboraba otros tantos vocablos de un léxico precioso, los perfumes
permanecerán sin palabra, inarticulados, ilegibles.”
Acaso sabemos siquiera ¿Que nos movilizan? Cuando Rousseau (1979)
llama a la olfacción el sentido de la imaginación, esta hablando de esto. “Cada
sociedad dibuja una organización sensorial que le es propia” (Le Breton 2007) . El mundo está hecho con
la tela de nuestros sentidos, pero se entrega a través de los significados que
las percepciones modulan.
Hoy llueve y todo en la ciudad huele a petricor, muy poca gente lo
nombra así, muy poca gente quiere llenarse de él. Muy poca gente presta
atención al olfato, a los aromas, a los olores. Pero hoy llueve y eso se
respira hondo.
Esta
publicación forma parte del proyecto “30 días
deescribirme”, propuesto por el blog escribir.me (todos invitados a jugar!)
Día 27: salí a dar una vuelta por el barrio y hacé un mapa
de sonidos y olores
Me acuerdo de
un verano que para su cumpleaños mi hermana le pidió a papá que como regalo
devuelva el auto que había alquilado para recorrer la isla donde estábamos de
vacaciones (se la pasaba perdido, dando vueltas)
Me acuerdo de
un verano que como había nacido mi hermanito y no íbamos a viajar, mamá nos
anotó en una colonia de vacaciones, con uniforme y todo (para navidad le
pedimos que no nos mande más, fue solo un mes en nuestra vida)
Me acuerdo de
un verano que decidimos hacer desafíos (mi hermana y yo) y nos fuimos de casa a la peatonal,
caminando descalzas, solo porque sonaba divertido
Me acuerdo de
un verano que nos fuimos a la Patagonia, siempre fui a la Patagonia en verano,
las tres veces.
Me acuerdo de
un verano que me desperté y estaba en el piso del patio de mi casa con mi mamá
manguereándome, al parecer, el calor me hizo mal mientras dormía, y me llevaron
de mi cama al jardín para reanimarme a fuerza de manguera.
Me acuerdo de
un verano de mi adolescencia, que me sentaba a bajo de un árbol del club a
leerle La Odisea a un grupo espontaneo de cuatro chicos de siete años, con los
que compartí toda la temporada de pileta.
Me acuerdo de
un verano que arrancaron las clases de patín en enero, el calor del tinglado
era increíble, y entendimos porque siempre las clases empezaban después
Me acuerdo de
un verano que me invente tarea de vacaciones, porque me parecía importante practicar
durante esos meses los contenidos del año anterior
Me acuerdo de
un verano que nos mudamos un mes a la casa de fin de semana y ningúndía usamos calzado
Me acuerdo de
un verano que con mi hermana inflamos globos de agua y los tiramos de la
terraza de nuestra casa de aquel entonces, mojamos mucha gente que se enojó
hasta ver lo chiquitas que éramos
Me acuerdo de un verano que íbamos a la pileta las dos solas caminando, eran bastantes cuadras, y sabíamos a qué hora ir a ducharnos y a qué hora salir del club para estar en casa justito para ver la novela de las 19hs; “Alas, poder y pasión”
Me acuerdo de
un verano que limpiando la pileta de la casa de fin de semana encontramos una
tortuga de agua y la llevamos a vivir a la pileta de lona de casa... sería 1990 más o menos.
Me acuerdo de
un verano que me corte el dedo gordo del pie derecho en la pileta del hotel de Brasil, el
primer día de las vacaciones
Me acuerdo de
un verano que me quede todos los días jugando con la hija del dueño del
hotelito donde paramos en la costa. Tendría cuatro años.
Me acuerdo de
un verano que viaje en trencito con mis personajes más queridos y atesoro la
foto en la que estoy upa de Frutillitas
Me acuerdo de
un verano que fuimos a Chile en auto, siendo muy chiquitas, mi hermana y yo,
jugando en el asiento trasero durante varios días, yo con mi osita Rosita, ella
con su osito Amarillito... en casi toda la cordillera, ella pedía que frenáramos para vomitar.
Me acuerdo de un verano que me fui a Disney sin mi familia, fue mi décimo quinto verano, y los extrañé mucho más de lo que pensaba, me sentí muy rara en eso de estar sin ellos, tomar decisiones y manejarme por mi misma.
Me acuerdo de
un verano que el Océano Pacifico me abdujo cuando me acerque a la orilla con el baldecito buscando agua para mi castillo, me sacó el guardavidas, estaba muy
asustada
Me acuerdo de
un verano que crucé una calle de Paraguay sin mirar y estuve muy cerca de ser
aplastada por un colectivo…. Tendría seis años
Me acuerdo de
un verano que papá llego a casa con pasajes al Caribe para esa misma semana, no
teníamos definidas las vacaciones, habrá sido en 1995
Me acuerdo de
un verano que anduve a caballo por primera vez, mi hermanito tendría dos años y
también lo subieron sólo a un caballo adulto, fuimos en grupo por la orilla del
mar
Me acuerdo de
un verano que hice snorkel a mar
abierto, era muy chica y me complicaba un poco ver la cantidad de metros que me
separaban del fondo, había tortugas marinas y muchos peces de colores
Me acuerdo de un verano que mi mamá compró una correa para que mi hermanito no se pierda en el aeropuerto si ellos estaban muy distraídos entre trámites, equipaje y nosotras.
Me acuerdo de
un verano que me ofrecieron un cigarrillo en la puerta de un restaurante, yo
tendría once años y me pareció surrealista. Era Venezuela.
Me acuerdo de
un verano que mi abuela nos había comprado vestiditos iguales a mi hermana y a mí,
le encantaba hacer eso y salir a presumirnos por su barrio.
Me acuerdo de
un verano y me acuerdo de todos los demás, porque en verano estamos más
tranquilos, porque los niños suelen no tener agenda, porque el ritmo lo
desacelera el calor y las ciudades se desperezan al año que inicia.
Me acuerdo
del verano, y no porque me guste el verano, quizás porque me marcan sus
momentos, quizás porque se trata de momentos para los que no solemos darnos
tiempo en otros fragmentos del almanaque. Los veranos nos avisan que al año vuelve
a empezar y las vacaciones hacen que nos llenemos de vivencias nuevas que las vuelven memorables.
Me acuerdo de
los veranos, de los viajes, de compartir con mi familia mucho más que durante
todo el año, en vacaciones estábamos los cinco juntos todo el día, en casa o por ahí.
Esta publicación forma parte del proyecto “30 días deescribirme”, propuesto por el blog escribir.me (todos invitados a jugar!)