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No entiendo algunas canciones infantiles



En el fondo, la verdadera  preocupación que tenemos, son las próximas generaciones. 
Y si… los chicos como presente y como futuro son la joyita más preciada que cada especie tiene para garantizar su continuidad, pero nos resulta muy complicado; los chicos vienen violentos y conflictivos, inexplicablemente.


Hay montones de cosas en relación a la crianza de niños que me generan dudas, muchas cosas de esas que no entiendo… pero una de las que más me preocupa es que como sociedad, hemos descubierto hace mucho tiempo que los chicos aprenden jugando, y para desarrollar habilidades de socialización y aprender a hacer distintas operaciones lógicas, aparecieron los Jardines de Infantes (esos que se metaforizan con el prado lleno de margaritas a regar para que crezcan sanas y derechitas). 

Como aprenden tan fácil y tan rápido, nos dimos cuenta que las canciones le suman pregnancia. Los chicos disfrutan las canciones y las repiten con facilidad abrumadora…. Sin embargo no somos muy estratégicos con lo que les hacemos repetir.

No sé hasta cuando repetiremos que Sana sana colita de rana… si las ranas no tienen cola.
No me causa gracia admitir que si Mambrú se fue a la guerra no sé cuándo vendrá
No quiero que alguien me diga “Yo quería una de sus hijas, Mantantiru-Liru-Lá”
No quiero que Manuelita viaje hasta Paris sólo para ponerse linda para un tortugo
No estoy de acuerdo con la amenaza de la mamá de Trompita con hacerle chas chas en la colita.

No tengo ganas de que los chicos y sus permeables cabezas repitan estas estrofas robotizados. Porque podrían repetir otras cosas, mas poéticas, más profundas o más superficiales, pero más interesantes, y para ellos sería igual de divertido, sin ser taaaan hueco. ¿no?

No entiendo algunas canciones infantiles.


No entiendo el mes de abril



Viene de aprilis, derivado del verbo aprire: "abrir, apertura". Es sinónimo de "frescura, vigor, lozanía, juventud" La etimología popular lo relaciona con Aperio: "abrir", porque la primavera se abre. También se toma como un préstamo griego, de cuya raíz deriva Afrodita. Significa la apertura, la amplitud, la luz que proviene del ensanchamiento. Igual puede ser, metafóricamente, la alegría de la primavera (claramente en otra parte del mundo)




Un poco confuso. Abril, mes de transición y de indecisión.


Tempranito para botas, demasiado tarde para sandalias, ya no corresponden los soleritos, pero la temperatura no habilita los abrigos pesados. Abril desordena el placar en busca de su propia mirada. Y también desordena el resto de la vida. No da para playa, pero todavía no nos quedemos adentro. Los primeros fríos acobardan y las lluvias invitan al cautiverio bucólico. Abril es un mes de lluvias, algunos años más que otros, pero todos, nos esparce la mística del agua. 



Abril no tiene en claro a que te quiere convidar, no sabemos si a un heladito o quizás a té con carbohidratos. Abril no está en el stress de que todo termina, pero si en el caos de que la rutina empieza, esa rutina que heredó de marzo y que hace que abril continúe subida a la ola de que todo el año ya está sobre la mesa y con eso hay que jugar.



Abril es uno de esos meses bisagra en donde la vida se permite respirar, nada es del todo grave, ni el clima es extremo, ni la rutina es tan pesada. En abril todo está bajo control, o al menos, estamos a tiempo de creer que vamos a poder controlarlo. El tránsito no es inexistente como en enero, pero tampoco es agresivo como en noviembre. En abril, la circulación vehicular transcurre a escala humana, convivible.



Ni siquiera se que es lo que no le entiendo…. Solo camino desorientada entre sus días esperando el avance o temiendo el retroceso del almanaque. No se que me pasa en abril, porque no se siente mal, ni tampoco se siente bien. Porque el año se hace el que ya empezó, pero en muchas aspectos es mentira y en otros, es terriblemente tarde.




No entiendo el mes de abril… es tan mágico como imprevisible 




No entiendo estos muñecos eléctricos



Seguimos destacando pedacitos de la vida cotidiana de algunos países asiáticos. 
En este caso, en Camboya,  una propuesta para entretenimiento que funcionaba en la planta alta de un shopping con casi ningún local en actividad. 

Al subir la escalera mecánica, te recibe un grupo de figuras de cuatro patas; animales y personajes como Mickey y Kitty de estructura cuadrada con ruedas al final de sus patas, luces en sus rostros y extremidades, globos en la parte posterior y una diabólica musiquita que se acciona cuando alguien lo monta.


La primera vez que los vi, pensé que eran un emprendimiento infortunado sin éxito aparente, pero en una visita posterior, encontré a los animalejos merodeando entre los tobillos de la gente de manera preocupante y sobre ellos, viajaban niños a los que los padres ametrallaban con flashes desde diferentes dispositivos e incluso niños que montaban estos artefactos en compañía de sus entusiastas padres que no perdían ocasión de gatillar una selfie. 
Mientras tanto, en el aire, las canciones de cada bicho en movimiento se mezclaban y superponían como en una pesadilla dadaista.

Selfie!
Cuidado con el tránsito
¿No está grande como para pilotear ese gato sola?
No entiendo estos extraños juegos para niños, peeeero... si no es bizarro, no es Asia.


No entiendo carteles de Singapur



Llegando a Singapur, todavía no había pisado la primera vereda y ya amaba sus mensajitos.

El baño del aeropuerto me pidió con una sonrisa que no olvide mi equipaje al retirarme


Y una pantalla táctil me invitó a calificar el estado general de los servicios sanitarios.


Pero como siempre, me encanta lo que pasa en los medios de transporte, si… ya es reiterativo, pero Singapur es una ciudad-país con un megaeficiente servicio de transporte que me hizo muy feliz. 
En verdad, tienen una política ecológica de reducción de la plaza automotor, por lo tanto, desalientan la tenencia de autos particulares incentivando el transporte público.

Algunos cartelitos en el transporte publico de Singapur, merecen ser mencionados;
En un taxi, el recodatorio de que no es adecuado hacer demostraciones de afecto. Nada de besos en el asiento trasero, por favor (ni los dibujitos del cartel se atrevieron a besarse).


En el colectivo, dos carteles nos dan pautas para evitar accidentes a bordo y una pantallita se actualiza constantemente para indicarnos cuantos asientos quedan libres en el piso superior


En el metro, nos piden que bajemos las mochilas durante el viaje para cuidar a los demás pasajeros

Bolsa en el suelo para un mejor viaje
Y como ya vimos en otros carteles, ceder el asiento siempre es algo que merece ser recordado, pero en Singapur, nos piden que mostremos que nos importa el otro y lo hacen con simpáticos personajes, un hashtag y una fan page





No entiendo los carteles de Singapur, son excesivamente considerados.


No entiendo al ornitorrinco



Y hay un montón de animales australianos que no entiendo, pero desde que yo era muy chica (esta semana estoy evocativa), siempre el ornitorrinco me pareció un bichito sorprendente.


Es muy probable que nombrar a este complejo animal (y su complejo nombre), para muchos implique remitirse a Perry El Ornitorrinco, un genial personaje de la serie animada (igual de genial) Phineas y Ferb, pero no… voy mucho más atrás… la película que me presentó al Ornitorrinco es de 1977 (según googleo, basada en un libro homónimo, que saldré desesperadamente a buscar, de 1899)

Cuando tenía la rededor de cuatro años, solía ir con mi mamá al videoclub a elegir películas para ver en casa (eran tiempos de  pocos canales, sin netflix y esas cosas que muchos recordaran y para otros, será impensado), tenía dos favoritas; “Frutillitas” y “Dot y el Canguro Mamá”.  Sacaba una y devolvía otra. Incluso un día el señor del video me explicó que podía elegir alguna otra, para darles la oportunidad a otros chicos de ver esas. Creo que no me convenció.

Dot y el canguro mamá (enlace a la peli completa) es la película  con la que conocí Australia, una película ambientalista, con la que aprendí su fauna y con la que me enamoré de sus particularidades. Gracias a esa película me compré mi primer mapa, lo pegué en mi dormitorio y tracé una raya de Argentina a Australia, tuve que entender que la tierra era redonda y aprendí el nombre de los océanos que nos separaban. Gracias a esa película entré a chats en ingles en mi adolescencia, solo para tener amigos por correspondencia en Australia, y gracias a esa película, en 2009 pasé una increíble luna de miel en el país con el que había soñado toda mi vida. Dot me cantaba que no había nada mejor que saltar en la bolsa del Canguro Mamá y yo solo quería estar allá.

Pero además de canguros, en la peli de Dot había Ornitorrincos, y ahí (además de una pegadiza canción que solo encontré en inglés) aprendí mucho sobre ellos, aquí se los presento, como yo los conocí;

Y aquí las canciones;

Es un animalito pequeño, que solo habita en Australia, es nocturno y está en extinción, aunque no está declarado como tal, por falta de datos concretos. Tiene pico de pato, cuerpo de castor y nadie puede entender que sea un mamífero que pone huevos (sólo él y el Equidna tienen esta característica). Son carnívoros y venenosos. Son nadadores, pero terrestres (aunque sus patas están mejor preparadas para nadar que para caminar; Mini Documental aquí)

Cuentan que cuando a Europa llegó el primer ornitorrinco (proveniente de los viajes de los descubridores) no estaba vivo, y al principio, se creyó que era una  broma de los taxidermistas, que habían ensamblado un pato y un castor… lo cierto es que la broma la hizo la madre naturaleza cuando creó el animalejo más extraño y sorprendente que puedo enunciar.

De aquel viaje de 2009, lo mínimo que podía hacer era traer como recuerdo una pequeña versión plástica de mi animalito consentido (también traje uno de tela, pero no es tan genial). Este muñequito está desde hace ya seis años en mi escritorio y me recuerda el encuentro con mi infancia, y uno de los viajes que más esperé (¡como veinte años de expectativa!)

Mi ornitorrinco, comprado en Australia, pero con una inscripción en su panza que afirma que es made in China, representa todo eso que aprendí de chica y todas las ganas de viajar que me generó de grande. Sintetiza muchas de mis inquietudes y evoca uno de los viajes más bellos y soñados de mi vida.


Esta publicación forma parte del proyecto “30 días de escribirme”, propuesto por el blog escribir.me (todos invitados a jugar!) 
Día 12: elegí un objeto de tu casa. Escribí su historia.


No entiendo como todavía nadie inventó la música vegana



Y me parece que en cualquier momento a alguien se le va a ocurrir.

El veganismo consiste en el respeto a los animales, evitar su sufrimiento y su muerte. Los veganos no consumen ningún producto de origen animal, ni justifican la compra, venta, privación de libertad, o inseminación artificial de ninguna especie. La razón es ética y sostiene el rechazo de la condición de mercancía de los animales no humanos en tanto seres sensibles o sintientes.
El término «vegan» fue acuñado en el idioma inglés en 1944 por Donald Watson cuando quiso indicar en un inicio el concepto de «vegetariano no consumidor de productos lácteos» y más tarde para referirse a «la doctrina en la que el ser humano debe vivir sin explotar a los demás animales».

Dicho lo anterior, me remito a los instrumentos musicales, muchos de los cuales no cumplen con esta premisa y queda excluidos de las máximas del veganismo.
Todos los que hayamos cantado un carnavalito, podemos entender de que hablo; erke, charango y bombo, carnavalito….  


El erke, está formado por tramos largos de caña unidos formando un solo tubo y exteriormente forrado con tripa o lana. En el extremo superior posee un pabellón de cuerno vacuno.
El charango, tradicionalmente estaba hecho con el caparazón de un armadillo, y tradicionalmente las cuerdas del charango eran de tripa.
El bombo es un instrumento membranófono, o sea, genera sonido al poner en vibración una o dos membranas tensas hechas en la mayoría de los casos de piel.
Los tres instrumentos referidos en la letra de la canción poseen materiales como el cuerno, el armadillo y el cuero que los vuelven inadmisibles a la mirada vegana. Lo mismo ocurre con el resto de los instrumentos de cuerda, todos los de membrana y que decir de las Pezuñas, uno de los instrumentos más horrorosos que he visto.


Sin embargo, a pesar de las evidencias que aquí se expresan, aún no he escuchado ningún movimiento en favor de la música vegana.


No entiendo… ya debe estar por surgir.



No entiendo a María Elena Walsh



Me encanta escuchar sus canciones, leer sus cuentos, repasar su maravillosa obra. María Elena es uno de los iconos de mi vida (aunque casi escribo “de mi infancia”, no sería justo… trasciende ese pedacito y la abarca toda).

Cuentos como “La Plapla", o “Morrongato del zapato”, canciones como “El twist de Mono Liso” o “La reina Batata”, “La canción de tomar el té” o “Don Enrique del Meñique”, me llevaron de la mano en mis primeros años, pero ya más grandecita, “Un elefante ocupa mucho espacio”, como cuento y “La cigarra” o “El país de NoMeAcuerdo” como canciones me hicieron pensarla desde otra mirada, más centrada en la historia nacional, en las desgracias de mi tierra y las prohibiciones de sus obras en los años oscuros de mi Argentina.

Sin embargo, aunque tuve tortugas toda mi vida y la canción de “Manuelita” me llegara entrañablemente, una canción que me acompañaba mucho era la “Canción del Jacarandá”…


Este árbol significa mucho para mi… es uno de los primeros a los que le aprendí el nombre y en mi imaginario actual, me remite a la puerta de la casa de mi abuela Isabel, a juntar florcitas del suelo mientras mis papás se despedían de ella y mis tíos. 
Durante años, el único jacarandá que podía identificar era el de la puerta de la casa de mi abuela. Y durante muchos años, ver esas florcitas aparecer en noviembre evocó su recuerdo nítido y cotidiano, tan simple como aquellas flores que nadie esquivaba pisar.



De todas formas, no comparto la mirada de mi autora querida… no termino de entender si lo suyo fue exceso de patriotismo, pero no puedo ver como ella que este árbol proporcione 
“…una flor y otra flor celeste…” 
No puedo evitar ver las flores de un incuestionable color lila! 

No entiendo porque María Elena ve posible hacer escarapelas con las flores del Jacarandá.