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No entiendo la gilada de discriminar al gato negro



Hola… aquí reportando desde el año 2017; creemos (no estamos seguros) que el hombre llego a la luna, nos comunicamos de manera inalámbrica a lo largo y ancho del globo terráqueo, podemos sobrevivir a cientos de enfermedades otrora calificadas de letales peeeeeero, queridos compañeros de la especie humana, todavía nos parece que nuestro futuro y sus  peripecias se pueden basar en que un felinito de color oscuro se cruce en nuestro paso.


Ah, sí! En los tiempos que corren y con los avances de la ciencia tradicional, las ciencias paralelas y las miles de revelaciones de todo tipo que nos circunvalan, siguen existiendo seres humanos que están dispuestos a responsabilizar a los gatos negros de la mala suerte de uno o más días. Genial. Estamos listos.


Mala suerte, ya que exista tal cosa es raro, pero asociarla a un pobre gato que no tiene ni la menor idea de cómo hacer para abrir una puerta, y mucho menos aún para arruinar tu vida (que, por cierto, seguramente le interesa bastante poco), es impresionante.

Parece que todavía pesan los argumentos de la Iglesia Católica en la Edad Media (por los que la mismisima iglesia ya se disculpó… y admitió su error), cuando en la inquisición de finales del siglo XII se combatió la herejía y la brujería. Fue en aquella época que se empezó a considerar al gato como un animal sospechoso de confabular contra las autoridades y su imagen comenzó a ser relacionada a la brujería y la maldad. A partir de estas falsas creencias aparecieron muchas leyendas en las que se intentaba hacer creer que los gatos eran, en realidad, brujas camufladas. El color negro, además, ha sido un color que en muchas culturas se ha vinculado a lo misterioso, lo oculto, el lado oscuro… Por ello, en seguida esta relación de temor a los gatos se vinculó especialmente a los gatos negros.


La ciencia por su parte, no ayuda a desmitificar; un grupo de científicos le puso fichas en contra a los gatos negros, porque dicen haber descubierto que producen más cantidad de una sustancia en su piel, su saliva y sus glándulas sebáceas (la proteína fel d1), que causa los síntomas de la alergia y provocan más estornudos y problemas respiratorios a los pacientes con alergia que los gatos de color claro.

Crease o no, el mundo sigue girando y los gatos negros aun preocupan a los moradores de este incomprensible planeta.


No entiendo la gilada de discriminar al gato negro… realmente no me cabe en la cabeza.


No entiendo por qué no somos ovíparos.



La miré durante semanas anidar en una de las macetas del patio. Ordenar hojitas, sobrevolar la zona, preparar todo y poner sus huevos. Cuidarlos, calentarlos, cantarles, turnarse con el palomo para alimentarse. Soportar el sol, permanecer bajo la lluvia, resistir el viento. Y un día bajo sus plumas, apareció un pichón. Ya se veía grande, ya llevaba tiempo de nacido, pero solo entonces pude verlo asomarse del nido.


Quise ser ovípara.

Esa paloma y todos los ovíparos del mundo, es sus múltiples formatos y de las más variadas especies, hacen un terrible esfuerzo físico para poner el huevo, pero también pasan el tiempo de esperar la eclosión recuperándose y reciben al nuevo miembro con una madre en óptimas condiciones de oficiar de madre.

Las personas no. El día que llega al mundo nuestro bebé, estamos terriblemente castigados por el parto (en cualquiera de sus variantes); con cansancio, dolores, secuelas y falta de energía. Esa es la primera imagen que nuestros chiquitos tienen al nacer… una mami destruida, anestesiada y exhausta.

Pasé casi un mes mirando desde mi sillón y por arriba de mi panza de futura mamá, como esta paloma hacia su incursión en la maternidad… y solo puedo concluir que me encantaría haber nacido ovípara.

De todas formas, la explicación es absolutamente bíblica;
"A la mujer dijo: En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti". Génesis 3:16
(o quizás no https://goo.gl/5aLTiA)


No entiendo porque no somos ovíparos, pero creo la culpa, la tiene Eva.


No entiendo el mal marketing de los sapos



Hay algunos bichitos sobre los cuales el consenso general resuelve hacer mala cara. Por alguna razón, los anfibios son los favoritos para el bulling zoológico.


Yo no lo entiendo. Me resulta fascinante el aspecto irreal y mitológico de sus pieles duras con texturas de hace miles de años.


Pienso en la magia de la metamorfosis que implica su proceso reproductivo, imagino lo que sienten mientras sus cuerpos atraviesan las diversas etapas de la fecundación externa para alcanzar el estado adulto.


No entiendo dónde o como nació el mal marketing de los sapos. Los miro comer bichitos con la  velocidad invisible de sus lenguas. 
Los miro saltar pesadamente y caminar con torpeza inexplicable. 
Los miro a los ojos amarillos de pupilas verticales igualitas a las de tantos seres prehistóricos (me tomo un recreo mental para pensar quien habrá inventado la forma de las pupilas de los dinosaurios, si es imposible que haya restos materiales o relatos orales al respecto). 
Miro sus parpados, veo tres: el transparente, el de arriba y el de abajo (si, los anfibios tienen esa cosa mágica de vivir en la tierra y en el agua… y vienen perfectamente equipados para estas funciones)


No sé cómo todavía nadie los quiere, si tantos bichitos menos estéticos han logrado una pizca de reconocimiento, no sé cómo este anuro popular no logra llegar a los corazones. Habría que hacer una campaña para mejorar la imagen pública de este animalito noble y discriminado que es el sapo.


Mitos y leyendas han desprestigiado desde tiempos inmemoriales a este ser y la falta de información ha hecho que estas criaturas padezcan un rechazo injusto e inmerecido.
Dar a conocer las virtudes y atributos de los sapos, contagiar afición a observar los misteriosos dibujos que tienen tatuados en la piel y popularizar de su rol ecológico y su belleza natural, quizás sea el camino para iniciar el camino al entendimiento (?) de la belleza de los sapos.


No entiendo cómo hacer que los sapos ganen el rinconcito que se merecen en nuestros corazones.


No entiendo a las palomas



No entiendo a las palomas, me parecen seres especiales.

Las miro caminar con su aspecto de señor gordito paseando con las manos en la espalda, miro sus pasitos cortos y ligeros, sus caminares errantes y zigzagueantes. Me pregunto dónde van cuando no parecen ir a ningún lugar.

Palomas de Rosario

Las miro tratando de individualizarlas y me fuerzo a inventar sus conversaciones. Me entretiene compartirles galletitas en todos los países que me las encuentro; no hay itinerario de vacaciones que prescinda de su ratito para jugar con las palomas. Me maravilla la universalidad de la especie, la posibilidad de encontrarlas en casi todas las ciudades. Leí que están en todas partes, excepto la Antártida y el Ártico. Tiene que haber un motivo supra humano para que eso sea así.

Palomas de Auckland


Me atraen, me hipnotizan, me maravillan. Son bichos simples. Puedo pasar horas mirando por mi ventana como entran y salen de la enredadera y parecen desaparecer dentro de la pared. Disfruto de verlas interactuar en la plaza, jugar con los chicos, prestar oídos a los viejos y ser ignoradas por un montón de gente. Las palomas son de los pocos animales que han logrado adaptarse exitosamente al entorno urbano. Eso habla muy bien de ellas, bah, de su capacidad de resiliencia. Hay que ser muy buena onda para adecuarte a la nueva silueta de un espacio que ya era tuyo y lo invadieron entre miles para cambiarle por completo la esencia.

Palomas de Arequipa

Me preocupa saber que piensan cuando se detienen estáticas en el medio de un espacio vacío, y me intriga saber que sienten, que sueñan, que creen de nosotros.  Me gustan las palomas, aunque no entiendo su rutina ni sus miradas, ni la forma en la que trazan sus itinerarios, me gusta la forma en la que hablan de paz de los remotos tiempos de Noé y lo que representan cuando se las libera masivamente (detesto cuanto entristece verlas confinadas a una jaula). Me devuelven la sonrisa, me sacan de la rutina, me regalan el presente.

Palomas de Santiago de Chile

Me pone nostálgica pensar en que fueron uno de los primeros medios de comunicación, imagino historias de amor y destinos de guerra enroscados en sus patas, con la esperanza de quien las envía al cielo anudada en el gran sentido de la orientación que esta especie supone.


No soy estrictamente colombófila, pero no entiendo a la gente que no las quiere.


No entiendo la primavera



No entiendo a la primavera. No entiendo como no se queda, como se hace extrañar, como nos invita a redescubrir. No entiendo cómo logra que hasta los más apurados sonrían delante de una flor, como sucede que nos enamoramos de las enredaderas que se habían pelado hace meses y de los arbolitos callejeros que parecían huesudos y espectrales apenas unas semanas atrás. No entiendo como la primavera de manera despiadada nos hace extrañarla para reaparecer petulante y presumida rondando el 21 de septiembre en este lado del mundo.


No entiendo como de las ramas brotan hojas, como de los pimpollos empiezan las flores, como cantan los pajaritos, como mutan los insectos… no entiendo como pasa y la mejor explicación que encuentro son las hadas haciendo magia por las madrugaditas para que todo eso aparezca así, de la nada, así, dejándonos a todos extasiados; es de un nivel de perfección que solo la mitología puede explicar.


Nadie entiende la primavera, que aparece solita y justo cuando estábamos distraídos. Que nos saca suspiros y nos reconcilia con lo sencillo  y simple. La primavera nos encanta como en los cuentos contados por abuelas, como en las canciones de la seño del jardín y como las voces de la infancia en la que por primera vez descubrimos al bicho bolita, a la vaquita de san Antonio o la mariposa monarca. Cada vez que aparecen, es un nuevo milagro que nos roba el aliento.

De nada sirve entender a la primavera, a sus perfumes y sus regalos, a sus pausas y sus recuerdos. Nos trae la niñez bien vivida y nos invita a la calle. Rompe el letargo del frio y nos saca de la madriguera. Quiebra la rutina de lo inevitable para armarnos la agenda de lo deseable, lo disfrutable y lo real. En el afuera, donde está la vida, lejos del sillón y de la tele, cerca de la picadura de bicho y del yuyito que pincha cuando nos sentamos en él. Lejos del artificio urbano y entretejido con la verdad de lo que somos y a donde pertenecemos.


Te esperaba que llegaras, te esperaba primavera. Y lo mejor es cuando no te espero, y venís caminando despacito a sorprenderme en un rincón, de mi patio, de la plaza, del mundo. La sorpresa de que la vida da la vuelta y los ciclos están para dejarse maravillar.

No entiendo la primavera, pero está re buena.


No entiendo a los delfines




Para entenderlos, encontré un lugar donde los explican. 


En Mozambique el océano índico es el anfitrión y dentro de este país, para visitar los delfines en su hábitat natural, es necesario alojarse en la localidad de Ponta do Ouro, una pequeña ciudad que fue declarada Área Marina Protegida por Unesco, considerado un sitio clave de biodiversidad de importancia mundial en el África oriental. Ese titulo le confiere a la ciudad la responsabilidad de preservar concienzudamente el medio natural. 

Llegar a Ponta do Ouro no es tarea sencilla. Desde Maputo (la capital de Mozambique) el primer paso es tomar un ferry a Katembe, allí se buscará un chapa (transporte local), un taxi o en el mejor de los casos algún vehículo con tracción 4×4. No hay ruta y si bien no son muchos kilómetros, sí son muchas horas. Después de andar un buen rato por carreteras de asfalto deteriorado e invadido por pozos, el camino se vuelve arena y aun seguirá faltando un buen rato de rebotar por el medio de la nada para llegar a destino. 

Una vez en la ciudad todo es arena, ni calles ni vereda: solo arena. Hasta acá no suena para nada tentador, sin embargo llegar a la playa hace que todo haya valido la pena. 


Probablemente pensar en Mozambique no sea sinónimo de playa para mucha gente, sin embargo, el paisaje que nos interpela será una verdadera sorpresa: una pequeña bahía enmarcada por montañas bajas, y coronada por una ancha playa de arenas claras con una paleta de colores de agua imposible de describir con predominancia de matices turquesa.
Esta bahía, en la que el sol nace para atardecer sobre el poblado, es el hogar de múltiples especies marinas, pero los protagonistas indiscutidos del ecoturismo son los delfines.

El tour para el encuentro con los delfines puede durar tres o cinco días; se inicia con prácticas de snorkel en la playa y una charla con videos instructivos para estar capacitados sobre la forma de acceder a una buena experiencia e interiorizarnos sobre sus hábitos y conductas para comprenderlos y lograr una armoniosa interacción con ellos.


A partir del segundo día, las jornadas comienzan a las seis de la mañana en la playa, donde entre todos empujamos el bote al agua y nos trepamos con torpeza para comenzar la navegación. Las olas son enormes y la sensación de inmensidad del océano nos atraviesa a medida que nos adentramos en él y dejamos la tierra atrás cabalgando sobre las olas.

A los pocos minutos, sucede la magia: divisamos delfines y ellos nos divisan a nosotros. Con total naturalidad, como si se tratara de perros junto a un auto, los vemos saltar y acercarse, seguir el barco y saludar con piruetas. No es fácil saber cuantos son, pero siempre son grupos. Es el momento de ponerse las patas de rana, tomar una máscara de snorkel y saltar al agua, a mar abierto. En cuestión de minutos estamos en el agua nadando con las bellas criaturas hasta que ellos consideran que ya fue suficiente socialización inter especial y se marchan, entonces volvemos al bote a compartir nuestro asombro y agudizamos la mirada buscando otro grupo para nadar un ratito más.


Todo se ejecuta con un perfecto respeto por la naturaleza y tratando de molestar lo menos posible el normal desarrollo de las especies, los paseos de nado con delfines son dirigidos por un equipo de conservacionistas apasionados que promueven un estricto código de conducta que se ha desarrollado sobre la base de consejos y directrices de los expertos marinos internacionales y locales de mamíferos, lo que resulta en un programa que permite una estrecha interacción en términos de los delfines. Y si… según dicen; donde fueres haz lo que vieres.


No entiendo a los delfines, pero compartir con ellos en la libertad de su hogar, es màgico.

Éste artículo fue publicado en http://revistaelviajero.com/ponta-do-ouro/


No entiendo cómo se forma un ecosistema en el arroz



No soy buena ama de casa. Odio la cocina, no soy prolija en las comidas, no le llevo el apunte a mi nutrición. He dicho.

Estas cuestiones repercuten en mi forma de encarar el supermercado. Prefiero ir picoteando chocolates y snacks hasta tener tiempo de algo más. Alfajores, galletitas, golosinas, papas fritas y claro, alimentos no perecederos para cuando hacen falta comiditas de verdad., o más o menos. 
Latas. Amo las latas. Principalmente atún, pero mucha caballa, arvejas, jardinera, choclo y hasta remolacha y verduras de hoja. Cuanta felicidad cabe en una lata. El contenido de una lata y tres huevos constituyen el "omelette de lata" que es casi la base de mi pirámide nutricional. 
También incluyo en mi lista de compras dos componentes tipo comodín que se alinean en mi religión de los no perecederos: arroz y fideos. Los fideos son como una mentira, me gusta comprarlos de diferentes formas y variedad de marcas para tener la ilusión que no es más de lo mismo, pero todos sabemos que son harina con agua por mas tallarines, tirabuzones o cabellos de ángel que los hagamos parecer.

Con el arroz, la relación es otra y no puede estar muy lejos del amor.
El arroz es plato principal, es guarnición, es frio y caliente, de hoy y de ayer, más crudito o bien pasado, con salsa o con manteca, el arroz es todo. Tiene historia, tiene mística, magia, carisma. Es aristócrata y popular… una comidita universal; el deber ser de toda alacena.

El arroz en casa no puede faltar. En bolsa, en caja, del mas berreta o el más aburguesado, siempre tengo arroz y como mis tiempos son caóticos y me cuesta agendar un momento para ir al súper, siempre me encargo de comprar mucho, pero mucho arroz.
Esto lleva (y no se horroricen) a que muchas veces mi arroz mágicamente se transforma en ecosistema ­{me parece ver caras de lectores horrorizados y ni quiero imaginar a la gente con la que he compartido arroces}. Abrir el paquete, encontrar movimiento, vida.


A mí siempre me sorprende la biodiversidad. Aun en mi comida. Pequeños bichitos negros e inquietos gusanitos rosados emergen y se sumergen entre los granos crudos de arroz.


Los miro, me pregunto como llegaron ahi.... me pregunto que hubiera pasado si no olvidaba durante tanto tiempo aquel paquete en la alacena. Me sorprendo de que puedan vivr en una bolsa hermeticamente cerrada. Somos lo que comemos. ¿Será que ellos son arroz?


No se cómo pasa, y no sé porque me gusta tanto. Soy feliz con la vida. No entiendo como se forma un ecosistema en el arroz, es mágico. Es un regalo.


No entiendo las Cataratas del Iguazú



Al norte de Argentina y al sur de Brasil se encuentra, sobre la frontera entre ambos e inmerso en el magnífico entorno de selva subtropical, el parque natural Iguazú.

Este jardín binacional es un verdadero show de la naturaleza y, según los habitantes de la zona, el espectáculo tiene por escenario el lado argentino y como platea el lado brasilero.


Las cataratas, se originaron hace 200 mil años donde se juntan los ríos Iguazú y Paraná, en el lugar que hoy se conoce como la Triple Frontera por ser un punto de convergencia entre Brasil, Paraguay y Argentina, sin embargo, actualmente se encuentran a 22 kilómetros de aquella desembocadura en la que se formaron.

El Río Iguazú alimenta los 275 saltos de hasta 80 metros de altura por los que fluyen un promedio de 1.500 metros cúbicos de agua por segundo, que  en temporada de lluvias (de noviembre a marzo) ascienden a más de 12.700. 
El nombre de este río y de las cataratas (Iguazú) viene del idioma guaraní y significa “agua grande”, de hecho, estas cataratas son las más grandes del mundo (cuatro veces más extensas que las del Niágara, en Estados Unidos)


En Argentina, las pasarelas permiten recorrer los saltos de agua con una gran proximidad, experimentando de cerca el ruido y la sensación que el agua genera en el ambiente, de este lado se encuentran dos tercios de las Cataratas del Iguazú. En Brasil, es posible obtener las mejores fotografías, ya que la vista es más amplia y se pueden apreciar los saltos y la caída del agua que con su fuerza, da origen a una nube de llovizna de 30 metros de altura.

Se trata de un destino dotado de una variada oferta hotelera en ambos países, dispuesta para recibir a los miles de turistas de las más diversas nacionalidades que lo visitan anualmente; una de las nuevas siete maravillas del mundo que fue declarada por la UNESCO como parte del patrimonio de la humanidad.

El salto de mayor renombre es la Garganta del Diablo, con más de 70 metros de altura, es uno de los favoritos de los viajantes por su impacto, ya que deja caer cerca de tres millones de litros de agua por minuto.


La visita a este destino constituye una experiencia altamente sensorial, ya que al recorrerlo se ponen en juego nuestros cinco sentidos;

El gusto encuentra en esta región una infinidad de nuevos sabores dulces y salados, exaltados en preparaciones a base de ingredientes naturales de este ecosistema selvático. Además de las carnes asadas, lo más típico son los pescados como el dorado, el surubí, el pacú, el paty y el manguruyú. En horas de la tarde, no puede faltar una ronda de mate acompañado de chipá, una tradición que une las culturas de los tres países que allí convergen. También es posible acompañar la merienda con mermeladas y dulces provenientes de la flora local.

El olfato se desorienta en medio de tantos aromas ancestrales, y nos parece respirar algo que, más allá de las pasarelas para recorrerlo, no fue intervenido por el hombre,  sencillamente huele a planeta tierra. La humedad de la zona en contacto con la tierra colorada se mezcla con el viento tibio que nos llena de vahos provenientes de la frondosa vegetación reinante.


El sentido del tacto se pone en acción al recibir la humedad que los saltos comparten con los cuerpos de los turistas, ya que el agua está en el aire y su caricia, merece ser celebrada (aunque se venden pilotos en las tiendas de la zona para quienes prefieran no mojarse). Se puede también realizar un tour en bote hasta las cataratas, donde no se podrá evitar quedar impregnado de ellas.

El oído se encuentra estimulado por el canto de las aves de la selva y el ruidoso bramido del agua en constante caída, que estremece con su fuerza y sonoridad. El agua produce un choque contra las piedras que se convierte en sinfonía para el oído, aquel estruendo que escucharon los habitantes de los pueblos originarios y que le valió al mayor salto el nombre de “garganta del diablo” hace que perderse en esas pasarelas se vuelva un momento místico.


A nivel de la vista la escena es una fiesta que incluye todos los colores jugando a formar paisajes con muchos contrastes conformados por el río Iguazú y la selva misionera, ideales para un sinfín de fotografías que nadie quiere dejar de tomar. Los saltos caudalosos forman nubes de espuma en la caída y el agua suspendida origina magníficos arco íris. La fauna se hace presente en forma de monos y coatíes que deleitan con sus travesuras.
En esta ubicación tropical de majestuosa belleza, no podemos dejar de sentirnos protagonistas del estallido de naturaleza más fascinante de América.


No entiendo como hay gente que viviendo tan cerca, todavía no se aventura a una experiencia sumamente completa

Este texto, hace unos años formò parte de una publicaciòn on line


No entiendo el Mamboretá



Hay muchos bichos que no entiendo. Ya  escribí sobre algunos como el bicho bolita (leer aqui) y el mosquito (leer aqui), hoy le toca el turno a las cosas que no entiendo del Mamboretá.

Lo primero que quiero decir es que me parece una caricatura de sí mismo. Si no lo hubiera visto en vivo, creería  que las imágenes exageran o deforman la verosimilitud de la silueta de este amiguito; La cabeza chiquita, las patas desproporcionadas, el color brillante, como si Disney lo hubiera garabateado en su estudio, como si la mitología lo hubiera engendrado mixando partes de otros bichos. Tienen alas bien desarrolladas, que usan bastante poco y parecen extraterrestres exiliados de algún libro de ciencia ficción.


Cuando camina, se apoya en sus cuatro patas de atrás y las de adelante quedan unidas entre sí, casi en posición de orar, lo que le vale el nombre de “mantis religiosa”, aunque también se lo conoce como “tatadiós”, “santateresa”, o “alabador de Dios”, por esta similitud de su postura con la pose del rezo.

Hasta acá, seguro las novedades son muchas, pero como me parecía fisiológicamente gracioso, hice una lecturita apresurada de sus características más generales para informarme un poco y aprender algo más, entonces, aprecio la revelación… ¡poco tienen de graciosos! 
Además de los nombres religiosos que ya citamos, tiene nombres asociados a su título de "insecto más salvaje del mundo"; madre víbora, matacaballo, muerte, caballito del diablo o mula del diablo, cerbatana...

Su cabeza gira 180º y es un triángulo con dos ojos enormes “compuestos”  y tres ojos “sencillos”, garantizándole el campo visual que un cazador de su talla merece tener. En cuanto a orejas, es el único animal conocido que tiene una sola y la tiene en el torax, bastante original.

Artrópodo, ovíparo, carnívoro y caníbal. En detalle:
Artrópodo invertebrado dotado de un esqueleto externo. Se trata del pariente más cercano a las cucarachas.
Ovíparos: Cada saco puede albergar entre 200 y 300 huevos, pero sólo unos pocos sobreviven ya que entre ellos impera el canibalismo juvenil, mueren los que tardan en escapar de sus hermanos
Carnívoro: Aguarda a que se aproxime a él un insecto, con la cabeza doblada hacia abajo y hacia dentro, y sus dos poderosas y largas extremidades anteriores plegadas, de tal forma que cuando un insecto se acerca, las estiran y se apoderan de ellos. Cuando cazan tienden a cortar los centros vitales de la víctima devorando cabeza y cuello. Aunque pueden volar, no persiguen a sus presas por el aire, desarrollan alta velocidad de movimiento en la caza. Devoran insectos de su tamaño o menores, y puede comer pájaros o ratas pequeñas, ranas, lagartijas, polillas y colibríes.
Caníbal: La hembra se come al macho en un 40% de los casos antes, durante o después del apareamiento, el primer bocado es la cabeza.


No son venenosos, no atacan a los humanos y su impacto ambiental es altamente positivo, porque controlan la población de algunos insectos, encuentra deliciosos a los mosquitos y las moscas nocivas.

Todo esto y mucho más, contenidos en aproximadamente cuatro a seis centímetros, no sé cómo no es más popular, ¡no entiendo el mamboretá!


No entiendo el ronroneo



Play-rec y nada
Pese a tener seis kilos de gato vibrando sobre el pecho, el audio no había registrado el ronroneo.
No lo entiendo



Lo escucho, lo siento, pero no queda plasmado en el registro sonoro. Entonces, me pongo a leer, a googlear, a “investigar” que cosa es el ronroneo; algo que escucho desde antes de nacer todos los días de mi vida, una de esas cositas que están tan naturalizadas que no son dignas de curiosidad. Y allá fuimos (mi curiosidad y yo) a preguntarle a la cibercomunidad de que se trata el motorcito de los gatos.


Para mi sorpresa, parece que no se sabe. Algunos lo sitúan en la laringe, otros lo atribuyen a la vena cava posterior en combinación con el diafragma, la mayoría afirma que el gato no tienen ninguna característica anatómica evidente que parezca ser la causante del ronroneo.

También se desconoce la razón de su existencia. Se sabe que los gatos ronronean cuando están felices, cómodos, en confianza, pero también hay casos en los que el ronroneo se asocia a malestares, aparece en casos de gatos heridos, enfermos, pariendo o agonizando. Se sugiere que cuando el gato ronronea, está avisándonos que no es una amenaza, ya sea en busca un mimo o necesitando cuidados delicados. 
Puras especulaciones, porque aun nadie sabe para que lo hacen y como ya dijimos, tampoco saben cómo lo hacen. Al respecto, leí que Cuando hay dolor y sufrimiento, nuestros cuerpos (los de todos los seres sintientes) son traumatizados, apagan la actividad no esencial, y dado que en casos extremos los gatos ronronean, esto hace suponer que tiene que estar relacionado con la supervivencia, ya que ronronean cuando están severamente heridos o muriendo.


Lo cierto es que los felinos ronronean y esto no excluye a los grandes gatos como el tigre, el león, el jaguar y el leopardo, que al exhalar también lo hacen.
Existen, además, diversas investigaciones sobre los poderes curativos del ronroneo tanto para el propio animal, como para los que estamos cerca. Según los estudios, la frecuencia óptima para la estimulación de los huesos coincide con los 25 a 50 hertz de frecuencia dominante en el ronroneo de los gatos, lo que indicaría que es adecuada para el crecimiento de los huesos y la curación de la fractura, la reparación de tendones y las heridas de ligamentos, este tipo de frecuencias son buenas para cualquier tipo de herida, reducción de la infección y la hinchazón, alivio del dolor, y alivio de la enfermedad crónica pulmonar.


Algunas cosas a mencionar en relación a la salud de los propios gatos; no suelen sufrir enfermedades pulmonares crónicas, lastimaduras del músculo y el tendón, enfermedades de los huesos, y otros males que si afectan a especies como los perros.  Esto lleva a pensar si el ronroneo puede ser un fortalecedor constante que tonifica los músculos.
También hay testimonios de especialistas que cuentan con qué facilidad se recomponen los huesos de los gatos en comparación con los de otros animales.

Es curioso que pese a la cantidad de subespecies que se pueden descubrir dentro de los felinos domésticos y las diferentes líneas evolutivas que pudieron haber atravesado , los sonidos que hacen se ajustan exactamente en amplitud como frecuencia, a las frecuencias que se han encontrado que hacen sanación.


Pero mientras los que saben siguen investigando los poderes y propiedades del ronroneo, nosotros seguimos sin entender de qué se trata el motorcito que encienden los gatos, que no llega a ser captado el micrófono de un grabador.


No entiendo la ausencia de ardillas



No entiendo que hicimos para quedar afuera del reparto de ardillas.


Desde siempre veía las ardillitas en los dibujitos y entre Chip y Dale y los animalitos de los bosques de todos reinos en los que las princesas cantaban sentadas sobre el césped, se me hacían casi seres mitológicos.

Fue de grande cuando las vi en vivo y en directo, tan bellas como en los cuentos, tan rápidas y escurridizas como en las comedias. Las ardillas de la vida real se paseaban por los parques enclavados en las más modernas ciudades y nadie se molestaba en prestarles atención. Como a las palomas, o como a los arboles de las veredas, que de tanto estar ahí, parece que no estuvieran.
Mi cámara y yo las perseguíamos (ayudados por alimentos de variada índole) para convencerlas de posar para las fotos, para capturar sus imágenes como entrañables recuerdos de mi encuentro con ellas. Y la gente nada. Como si fueran invisibles y solo yo hubiera recibido el don de poder verlas (así como en muchas historias algunos elegidos logran poder comunicarse con los animales de la pradera).

Entonces, me pregunto porque en mi país no hay ardillas…. 

Ardillita londinense
Y es que las primeras que vi estaban en Londres, por lo que supuse que les gustaba el norte, pero después encontré más en Cape Town, Sudáfrica, que comparte muchos rasgos geográficos con la Patagonia argentina (ver articulo)

Ardillita sudafricana
Entonces, lo que tenían en común era elegir climas relativamente fríos. Sin embargo, el mes pasado me crucé con ardillas igual de silvestres que las anteriores, igual de naturalizadas por todos sus conciudadanos, igual de increíblemente mitológicas para mi... pero en Chiang Mai,Tailandia... 

Ardillita tailandesa
No entiendo por que en Argentina no hay ardillas, pero me encanta  descubrirlas  por ahí... 




No entiendo las colas de los gatos del sudeste asiático



El sudeste asiático es sin dudas, tierra de gatos. 

Pocos lo recuerdan, pero Siam es el antiguo nombre de Tailandia, o sea que allí nacieron los populares gatos siameses, que son algo así como la única raza muy nombrada por estos lares. Otras razas felinas también son oriundas de aquella región, como los Sagrados de Birmania, procedentes de la ahora llamada Myanmar, o los gatos balineses, con sede en aquella isla de Indonesia, pero derivados de la cruza del siamés con genes de pelo largo. Los persas y los de angora también son de ahí cerca.

En este lugar tan querido por los felinos, también tienen cabida los Cat cafe, una modalidad de barcito en el que con tu café tenes acceso a mimar gatos a tu alrededor (mágico).

En medio de este furor felino, me llamo mucho la atención ver gatos con cola rara. 
Ante los primeros sospeche accidentes, pero pronto me explicaron que gozan de muy buena salud, sus colas, son así y listo. 
O cortas, o mochas o escalonaditas… una verdadera locura.


Esa forma tiene el hueso de la cola, doblada, en àngulo


Mientras la “cola media” de un gato tiene entre 13 y 21 vertebras, algunos gatos, sobre todo en Asia (según leí, especialmente en el archipiélago Malayo), nacen sin cola, por distintas razones que suelen ser atribuidas a la contaminación o a la genética, hasta existen teorías que propone que se trata de algún tipo de ventaja evolutiva, entre  otras variables, y logran desde una simple torcedura hasta nada de cola o una mini cola en forma de pompón. 

Ciertamente, no entiendo las colas de los gatos del sudeste asiatico, me dan mucha risa!


No entiendo a los geckos



El gecko es un tipo de lagarto pequeño y asombroso. 
Paso horas mirándolos y no los entiendo. 
Me puse a leer sobre ellos y me sorprenden aún más. 


No entiendo como no se caen. Pueden pasar horas cazando pegados al techo, los miro apostados cerca de los artefactos de iluminación, esperando a los bichitos, inmóviles como un sticker. Me parece mágico. No sé cómo la cola se mantiene paralela a la superficie de apoyo y no cuelga hacia abajo. Según leí, esto tiene que ver con las fuerzas de Van der Waals (algo que nunca supe que existía), esto les permite adherirse al contacto con las superficies y solo pueden despegarse levantando los dedos en un ángulo de unos 30°. Impresionante, ¿no? 

Me parece increíble la forma en que se mimetizan con el entorno cambiando de color, se disfrazan de paisaje y pasan inadvertidos. 
También me parece completamente sorprendente que puedan perder su cola ante una eventual amenaza y mucho más sorprendente que la cola continúe en movimiento muchos minutos después de desprenderse del cuerpo del animalito, casi como si se tratara de otro ser, o como si estuviera reclamando a su antiguo portador que la pase a buscar cuando el peligro ya no aceche. Pueden generar varias colas a lo largo de sus vidas. 

No entiendo como alcanzan tanta velocidad, con esas patas cortas se desplazan como si flotaran en el aire, como si fueran incorpóreos, hacia arriba, hacia atrás, de costado, velozmente, sobre todo tipo de superficie de manera horizontal, vertical e invertida. 

No entiendo sus ojos inexpresivos, casi de juguete, sin mucho que aportar. 
Me encanta mirarlos, puedo pasar horas estudiando su forma de comer, de desplazarse, de esperar. 
Hace poco supe que se limpian los ojos y la boca con la lengua y que además, su lengua es un órgano sensorial, con el que pueden oler (¿oler con la lengua? eso es completamente fascinante), la sacan fuera de la boca y con ella recogen partículas que en la boca analizan al moverla contra el órgano de Jacobson (otra cosa que desconocía por completo y que tampoco entiendo). 

No entiendo a los geckos, y disfruto muchísimo su compañía nocturna.