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No entiendo la gilada de discriminar al gato negro



Hola… aquí reportando desde el año 2017; creemos (no estamos seguros) que el hombre llego a la luna, nos comunicamos de manera inalámbrica a lo largo y ancho del globo terráqueo, podemos sobrevivir a cientos de enfermedades otrora calificadas de letales peeeeeero, queridos compañeros de la especie humana, todavía nos parece que nuestro futuro y sus  peripecias se pueden basar en que un felinito de color oscuro se cruce en nuestro paso.


Ah, sí! En los tiempos que corren y con los avances de la ciencia tradicional, las ciencias paralelas y las miles de revelaciones de todo tipo que nos circunvalan, siguen existiendo seres humanos que están dispuestos a responsabilizar a los gatos negros de la mala suerte de uno o más días. Genial. Estamos listos.


Mala suerte, ya que exista tal cosa es raro, pero asociarla a un pobre gato que no tiene ni la menor idea de cómo hacer para abrir una puerta, y mucho menos aún para arruinar tu vida (que, por cierto, seguramente le interesa bastante poco), es impresionante.

Parece que todavía pesan los argumentos de la Iglesia Católica en la Edad Media (por los que la mismisima iglesia ya se disculpó… y admitió su error), cuando en la inquisición de finales del siglo XII se combatió la herejía y la brujería. Fue en aquella época que se empezó a considerar al gato como un animal sospechoso de confabular contra las autoridades y su imagen comenzó a ser relacionada a la brujería y la maldad. A partir de estas falsas creencias aparecieron muchas leyendas en las que se intentaba hacer creer que los gatos eran, en realidad, brujas camufladas. El color negro, además, ha sido un color que en muchas culturas se ha vinculado a lo misterioso, lo oculto, el lado oscuro… Por ello, en seguida esta relación de temor a los gatos se vinculó especialmente a los gatos negros.


La ciencia por su parte, no ayuda a desmitificar; un grupo de científicos le puso fichas en contra a los gatos negros, porque dicen haber descubierto que producen más cantidad de una sustancia en su piel, su saliva y sus glándulas sebáceas (la proteína fel d1), que causa los síntomas de la alergia y provocan más estornudos y problemas respiratorios a los pacientes con alergia que los gatos de color claro.

Crease o no, el mundo sigue girando y los gatos negros aun preocupan a los moradores de este incomprensible planeta.


No entiendo la gilada de discriminar al gato negro… realmente no me cabe en la cabeza.


No entiendo a diciembre




Cierres, balances, y caras diversas; alegría, ansiedad, expectativa y proyectos…. Diciembre esta re loco y nosotros le hacemos compañía. El fin del año productivo, del ciclo lectivo y la navidad, de este lado del mundo, llegan juntos…. Y nos encanta  potenciar el stress en medio de un clima humano y ambiental que no da lugar a casi más nada, toda la energía, está puesta en eso.


Hace calor. Llega el verano. Terminan las clases. Las rutinas son muy raras, porque el año se está terminando y porque ya no tiene mucha onda ir a trabajar, porque son casi vacaciones o para muchos o para el del escritorio de al lado o para los chicos… pero se termina algo y algo hay que hacer y la decoración festiva invade la ciudad y hay nieve de mentira en todas las calles de 35º de sensación térmica y hay mamás sudando en la cocina de muchas casas que quieren festejar con pavos, pandulces y budines, en lugar de brindar con helado.

Las fiestas como algo programático y necesariamente feliz nos imponen la presión de la sonrisa, esa que muchas veces no queremos enarbolar, esa que quizás no sentimos y nos genera culpa. Muchas veces, mucha gente, no tiene ganas de sentir una noche de paz, una noche de amor. Muchas veces, mucha gente no tiene ganas cenar en familia, de despedir el año con los compañeros de la oficina, de ir a la pileta con los de la facultad. Muchas veces, mucha gente no quiere acordarse de la infancia a la que las fiestas remiten, no quiere acordarse del abuelo que no está más, no quiere acordarse de que no le alcanza para llenar de regalitos el maltrecho pino plástico que el ocho de diciembre otro ritual nos hizo armar en un rincón donde (lógicamente) molesta.

En diciembre la sociedad te pide que seas feliz, que estés contento porque se acaba algo (que no es cierto, pero no importa), que hagas el último esfuercito para llegar a la meta (que no está necesariamente al término del almanaque, pero no importa). Diciembre exige emociones que todos debemos  compartir y si no te parece, sos raro. Te falta espíritu.

Tranquilitos y mansos, pero a las corridas, las peatonales se vuelven hormigueros, el transito se desorganiza. Es tiempo de no tener tiempo y las despedidas dejan de ser actos sociales disfrutables, para ser horribles compromisos con los que cumplir, porque “viste como son estas fechas” y así estamos… diciéndole feliz navidad al taxista, mientras le azotamos la puerta del auto para correr a pisar gente en la fila de un comercio o llenamos de regalitos a los amigos mientras medimos y cuantificamos sus muestras de amor hacia nosotros, lejos, muy lejos de la generosidad y el acto de dar, todo pasa a un acto de cumplir, medir y reprochar, por dentro o a viva voz, mirar y analizar, cuestionar y sobrevivir… porque pronto llegara enero con su cara de chico nuevo al que no se le puede pedir nada.


Por todo eso y mucho más, a diciembre, no lo entiendo… pero no pasa nada, porque ya se termina el año.


No entiendo algunas muchísimas cosas del festejo de la Navidad



Ya estamos en ese momentito previo, en esas horas de corridas para la noche que empieza a cerrar el año. Hablar de todas las cosas que no se entienden de nuestra celebración de la navidad es cada año un lugar común, una actividad rutinaria y masiva que ni convoca ni motiva. No hace falta escribir sobre nada de eso.


El ritual pagano con destellitos dogmáticos, el festín de la familia o la versión libre que cada uno haya construido con las críticas que se aguante resistir, está a punto de empezar en todas las casas. 
Estamos con los pies en el 24 y la simbología del 25, porque ni le dejaremos a la navidad terminar de llegar para honrarla… Porque aunque llegó a las vidrieras en octubre (justo mientras despegaban los anuncios de Dìa de la Madre), la navidad es el 25 y la reunión cumbre en la mayoría de los hogares, es el 24. ¿Por què hay que cenar el día antes?, porque es uno de los poquísimos lugares del globo terráqueo donde la ansiedad nos gana la partida y celebramos desde el minuto cero, en este país, se hace vigilia y se le aprovechan a esta fecha hasta esos primeros minutitos para descorchar.


¿Hablamos de lo religioso? Capaz ni da, eso ya no lo entiende nadie y no soy teóloga como para discutirlo, de hecho, la mayorìa de las corrientes de pensamiento encuentran la navidad como un ritual anterior a la era cristiana, y cada vez son más los adornos de polo sur y menos los pesebres de Belén.
Algunos justifican la elección de la fecha basada en la llegada de los primeros cristianos al norte de Europa, donde ya se celebraba el nacimiento de Frey (dios pagano nórdico), adornando un árbol en la fecha próxima a la Navidad cristiana.
Dice esta gente que San Bonifacio, evangelizador de Alemania, tomó un hacha y cortó ese árbol, y en su lugar plantó un pino adornado con manzanas y velas. Las manzanas simbolizaban el pecado original y las tentaciones, mientras que las velas representaban la luz de Jesucristo. El árbol de Navidad recuerda al árbol del Paraíso y la forma triangular del árbol nos recuerda a la Santísima Trinidad. La pucha… una de las tantas historias que giran en torno al arbolito. 
De màs està aclarar que las velas y manzanas no son tan protagónicos como los renos y el gordito abrigado que esa noche no se deja ver, pero que los días previos recorre los shoppings cotizando fotos familiares con padres sonrientes y niños aterrados en ambientaciones invernales que poco tienen que ver con las criaturitas en ojotas que exigen nuestros veranos sudamericanos.


Hay muchas religiones celebrando cosas distintas en esta fecha. O sea, que ya la navidad nació siendo un pastiche de credos y conveniencias que nos hemos encargado de acrecentar.

Lo cierto es que nos gusta y nos parece perfecto cualquier motivo para meterle color a la rutina, pese a que esto implique sentir como las altísimas temperaturas estivales son tema de conversación toda la noche (aunque toda la ciudad del cono sur tiene un aspecto ridículamente nevado) y celebrar con un menú hipercalòrico calcado del otro hemisferio, mientras decoramos nuestras cabezas con gorros de piel. 


No entiendo algunas muchísimas cosas del festejo de la Navidad... y seguro me estoy olvidando de escribir muchas otras, y elegí omitir otras más... porque son tantos los símbolos que superponemos y tantas las cosas que nos imponemos que es imposible entenderlo todo.

Lo único valido es el buen deseo.

Feliz navidad a todos.


No entiendo los días de la semana




Nunca entendí los días de la semana, ni de donde salen, ni quien los inventó, ni porque son siete…. No sé... nunca los entendí. No entendía que se llamen como planetas, porque no me cerraba el número de planetas con la cantidad de días ni con la inclusión de otros astros, tampoco veo lógica la proporción de trabajar cinco y descansar dos, no sé de donde sale, y porque todos trabajamos y descansamos  los mismos. Nunca entendí nada de eso, o no entiendo desde cuándo y porque quedó así establecido… pero estoy subida a esta rueda y rodeada de gente que naturaliza la existencia de estos nombres que hablan de los días.


Entonces, la curiosidad me llevo a leer un poquito de historia, y lo cierto es que nombramos a los días de la semana desde hace mucho tiempo (muchísimo, tal vez). La palabra semana, incluso, hace alusión al número siete y parece que no es tan arbitrario. La humanidad descubrió el ciclo solar y midió el tiempo en cantidad de primaveras, más tarde delimitó las cuatro estaciones y por ahí descubrió las fases de la luna; llena, menguante, nueva y creciente, que resulta que duran aproximadamente siete días. Ok, de ahí sale el formato de semana de siete días, aunque varias religiones definen el origen de la semana como el tiempo que tardó Dios en crear los cielos y la tierra, y todo lo que hay en ellos (Génesis 1:1 - 2:4).

El origen de los nombres, por su parte, tiene que ver con lo que del cielo veían aquellos; el Sol, la Luna, y los cinco planetas que pueden verse a simple vista: Marte, Mercurio, Júpiter, Venus y Saturno (podemos ver etimologías interesantes en los distintos idiomas que cambian la evocación de deidades grecorromanas por germánicas o toman bíblicamente vocablos hebreos).

Sin embargo, estos ciclos lunares no coinciden estrictamente con los siete días, y el inicio de la semana se relaciona con una convención internacional (si, si… para eso si el planeta se pone de acuerdo) desde 1988, mediante la norma ISO 8601, se indica el orden de los días de la semana. Esta norma establece que la semana comienza el lunes y finaliza el domingo, siendo la reglamentación que se sigue en la inmensa mayoría de los países del mundo (aunque algunos prefieren comenzar el domingo).



¿Para qué nombramos los días? ¿Y les ponemos número? ¿Y los agrupamos en meses? Qué necesidad de andar clasificándolo todo.  Entonces me di cuenta de que por alguna extraña razón había cosas que le quedaban muy bien a algunos días y no muy bien a otros. Por una razón no tan extraña, porque en el fondo, todos estigmatizamos a los días de la semana y les hacemos cumplir nuestros presagios, como a los meses del año, como a las nomenclaturas del horóscopo…. Y así… le hacemos cargo a los miércoles de estar en el medio y a los domingos a la noche los culpamos de la tristeza y a los lunes los llenamos de energía mal querida por el inicio de la rutina y vamos por el mundo preguntando quien es de Aries o de Libra, para achacarle estereotipos que alguien trazó culpando a las estrellas… entonces es pura casualidad… o no… que se yo.



No entiendo el “Miguelito”



Me gusta viajar, me gusta recibir extranjeros y me gusta probar cosas nuevas.

Hace un par de años, desarrollé una mini adicción por una golosina mexicana (hay muchas que me gustan, pero esta es especial por lo simple) y no entiendo de que se trata.


Lo primero que se hace difícil de entender es que en este país, le llamen “dulces” a sus golosinas que son curiosamente todo, menos dulces.

Se llama Miguelito y según su web oficial nace entre 1973 y 1974 cuando “Valente crea "Chamoy Miguelito Polvo Enchilado y de Sabores", gozando inmediatamente de gran popularidad. Cabe resaltar que éstos fueron envasados en la primera máquina para polvo diseñada por el propio Valente.”

¿Qué es un Miguelito?, ni más ni menos que como dice su pequeño sobrecito “azúcar salada, enchilada y acidulada”


¿Alguien entiende que es el azúcar salada? ¿acaso no suena absolutamente contradictorio?
Me parece que el secreto está en dejar de hacerle tantas preguntas, cortar una esquinita del sobre y permitir que el tradicional, original y orgulloso sabor mexicano haga fuegos artificiales contra el paladar.


El Miguelito tiene un gusto picantón, salado, dulce y acido que nadie sabe de qué se trata, pero enamora y fanatiza; Fiesta de sabores que sorprenden, pero no disgustan. Desorientan por la multiplicidad de sensaciones cuando la arenilla se desparrama por la boca haciendo gala de ese variado espectro. 
No hay mexicano que cruce la frontera sin su provisión de Miguelitos, o que no los nombre con el brillito en los ojos de quien evoca a un ser querido.


No entiendo el Miguelito, ¡pero como me gusta!


No entiendo algunos rituales (3)



Ya me ensañé bastante con rituales poco felices, por lo que me pareció equilibrado pasar a otro tipo de rito no más comprensible, pero si más festejable. Hoy no entiendo el ritual de egreso de las carreras de nivel superior. Oh sí.

Y no lo entendí nunca.

Como todos los rituales, se aleja de lo universal para ser un hecho propio de algunas regiones, y creo que en este caso, está acotado a la República Argentina. Ciertamente la investigación ínfima que hice buceando en la web no arroja resultados de casi nada, ni una pista del origen de esta costumbre, nada se sabe, nada se puede aprender.

Me preocupa el rito del egreso. No entiendo que celebremos a un nuevo profesional con un lanzamiento de alimentos sobre su cuerpo, rasgándole la ropa y golpeándolo en la puerta de la universidad.


Para quienes desconozcan la práctica a la que hago alusión, paso a narrar de que se trata este final de la carrera universitaria; El potencial egresado ingresa al edificio, rinde su último examen y pasa por el baño a cambiar su look para salir con ropa vieja y exponerse a un aluvión de harina, huevos, aderezos, yerba, aceite y comida en estado de putrefacción. El menú puede estar acompañado de algún brebaje indefinido manufacturado por las mentes creativas del entorno del egresado y se pueden sumar elementos de cotillón como espuma, serpentinas y papel picado. En ocasiones se agrega pintura, bebidas, o puré de tomate. Cuando los ingredientes ya escurren pesados desde la cabeza del flamante profesional, algún amigo enarbola tijeras y se acerca a cortar en tiras la ropa que lleva puesta, conservando en ocasiones el mínimo pudor, o transgrediendo esta línea, según el estilo de los responsables del agasajo. Con el egresado semi desnudo, puede aparecer un nuevo paso en el ritual que consiste en cortar su cabello, afeitar su cuerpo o escribirle cosas en la piel. Este mágico momento suele culminar con el paseo en baúl del auto para presumir el modelo terminado por la ciudad y llegar al domicilio a renegar con la ducha mientras los allegados comienzan la celebración domiciliaria que suele extenderse hasta la madrugada en algún bar. Todo documentado en las fotos de rigor.


Un acto totalmente incomprensible. Un acto difícilmente evitable. Aquellos profesionales que estén en desacuerdo con este tipo de celebración, se ven en la obligación de ocultar la fecha del último examen y corren el riesgo de ser sorprendidos en fechas arbitrarias por el entorno que no concibe la idea de que la carrera se dé por finalizada sin la ceremonia de maltrato, humillación y vejaciones.


Si bien el desperdicio de comida durante el suceso y el desperdicio de agua a su término ya es escandaloso, hay algunos intentos por virar esta tradición infundada que intentan proteger el patrimonio público, veredas, universidades, edificios y mobiliario urbano que se ven desmejorados y atraen fauna indeseable por la suciedad que divierte generar y nadie toma a su cargo limpiar.


No lo entendí nunca, y traté Infructuosamente de evitarlo. 


No entiendo algunos rituales (1)



Ya escribí sobre pérdidas, ya escribí sobre duelos, y tengo bastante entendido el tema de las ausencias biológicamente inevitables.

Hace poco me preguntaba ¿para qué voy a un velatorio?.


Siempre me pareció que eran rituales necesarios para elaborar la pèrdida del un ser querido, para tomar conciencia, para convencernos de que esa verdad tan dura como inevitable es real. Siempre me pareció importante cumplir con los ritos de la sociedad y los entendí. 

Hace poquito me toco atravesar el tristísimo momento de perder una amiga. Ya tenía muchos velatorios en mi trayectoria por este mundo y sus rituales, pero todos de familiares o familiares de amigos, era la primera vez que perdía a una amiga. Y ese dolor era tan nuevo como raro. 
Era la primera vez que no tenía gran sentido abrazar a los parientes, porque no sabía quiénes eran, era la primera vez que llegaba a una sala velatoria a no conocer a nadie, más que a quien no me iba a poder abrazar.

Y no lo entendí.
Y todavía no lo entiendo.


Y fui, porque creo en los rituales y los siento verdaderamente necesarios… pero hay casos en los que no termino de entender cómo funcionan. Tal vez son solo espacios para llorar en el momento y en el lugar que el rito pide, como si eso hiciera que no nos sorprendieran las lagrimitas en el cordón de la vereda o en la fila del supermercado, cuando se nos cruza un recuerdito de esas personas que nos quedan impregnadas en el cuerpo apenas dejan en la tierra el suyo.

No entiendo algunos rituales, los sigo, los interpelo, los cumplo... pero no los entiendo.


No entiendo cómo se forma un ecosistema en el arroz



No soy buena ama de casa. Odio la cocina, no soy prolija en las comidas, no le llevo el apunte a mi nutrición. He dicho.

Estas cuestiones repercuten en mi forma de encarar el supermercado. Prefiero ir picoteando chocolates y snacks hasta tener tiempo de algo más. Alfajores, galletitas, golosinas, papas fritas y claro, alimentos no perecederos para cuando hacen falta comiditas de verdad., o más o menos. 
Latas. Amo las latas. Principalmente atún, pero mucha caballa, arvejas, jardinera, choclo y hasta remolacha y verduras de hoja. Cuanta felicidad cabe en una lata. El contenido de una lata y tres huevos constituyen el "omelette de lata" que es casi la base de mi pirámide nutricional. 
También incluyo en mi lista de compras dos componentes tipo comodín que se alinean en mi religión de los no perecederos: arroz y fideos. Los fideos son como una mentira, me gusta comprarlos de diferentes formas y variedad de marcas para tener la ilusión que no es más de lo mismo, pero todos sabemos que son harina con agua por mas tallarines, tirabuzones o cabellos de ángel que los hagamos parecer.

Con el arroz, la relación es otra y no puede estar muy lejos del amor.
El arroz es plato principal, es guarnición, es frio y caliente, de hoy y de ayer, más crudito o bien pasado, con salsa o con manteca, el arroz es todo. Tiene historia, tiene mística, magia, carisma. Es aristócrata y popular… una comidita universal; el deber ser de toda alacena.

El arroz en casa no puede faltar. En bolsa, en caja, del mas berreta o el más aburguesado, siempre tengo arroz y como mis tiempos son caóticos y me cuesta agendar un momento para ir al súper, siempre me encargo de comprar mucho, pero mucho arroz.
Esto lleva (y no se horroricen) a que muchas veces mi arroz mágicamente se transforma en ecosistema ­{me parece ver caras de lectores horrorizados y ni quiero imaginar a la gente con la que he compartido arroces}. Abrir el paquete, encontrar movimiento, vida.


A mí siempre me sorprende la biodiversidad. Aun en mi comida. Pequeños bichitos negros e inquietos gusanitos rosados emergen y se sumergen entre los granos crudos de arroz.


Los miro, me pregunto como llegaron ahi.... me pregunto que hubiera pasado si no olvidaba durante tanto tiempo aquel paquete en la alacena. Me sorprendo de que puedan vivr en una bolsa hermeticamente cerrada. Somos lo que comemos. ¿Será que ellos son arroz?


No se cómo pasa, y no sé porque me gusta tanto. Soy feliz con la vida. No entiendo como se forma un ecosistema en el arroz, es mágico. Es un regalo.


No entiendo como no amar el transporte público (7)



Pasear en transporte urbano por la ciudad es algo que muchos sienten rutinario, inexistente, incomodo, odioso y hasta me atrevería a pensar que muchos no registran ese momento tan cotidiano de sus vidas.

Como ya escribí muchas veces, para mí el transporte público es una experiencia genial  y llena de sorpresas. Subirse al colectivo sin saber quiénes están arriba, descubrir alguna cara conocida, escuchar una conversación ajena, espiar la actitud de las personas y cada tanto, algún personaje, me resultan pequeños regalos esparcidos en la rutina.

En esta oportunidad les comparto estas fotitos que robe de uno de mis compañeros de viaje.


Montones de preguntas se me ocurren para hacerme sobre él y su vida... No sé que estaba haciendo en ese trecho de mi recorrido semanal en el que nunca nos cruzamos.

Absolutamente prolijo, con su traje pintado a mano, sombrero de ala y pañuelo al cuello. Un homenaje fuera de fecha al día de la tradición, pero mutando el caballo que uno le imagina por el bus que nos contiene a todos.



No entiendo como no amar el transporte público, cuando lo urbano y lo rural pasean en colectivo.


No entiendo el culto a los penes en Tailandia



Así como suena, sin eufemismos ni metáforas, cuando los pobladores de esta remota porción del mundo decidieron agradecer los favores del espíritu femenino que habita la cueva Phra Nang, les pareció que llevarle penes era una buena opción.




La Playa Phra Nang es un paraíso turístico protagonizado por una cueva que permite que sus estalagmitas y estalactitas sean acariciadas por el mar turquesa. Cantidades de locales y extranjeros llegan a sus aguas en visitas relámpago de esas que los tours ofrecen para conocer varias islitas y seguir viaje hasta la siguiente casi sin pestañear. 

Sin embargo en este hito del recorrido hay algo muy particular, en una cueva del sur de Tailandia existe un enorme santuario con penes tallados en todos los tamaños.  La cueva está repleta de esculturas fálicas que según explican tienen un ancestral significado de culto. De madera y de piedra, pequeñitos y gigantescos, con detalles de pintura y lacitos atados alrededor, sobre el altar, sobre la arena, entre las formaciones rocosas de la cueva; penes.




Las leyendas hablan del poderoso espíritu de la cueva, y las versiones difieren en la finalidad de estas ofrendas. Desde relatos de pescadores que le atribuyen a la princesa moradora de la cueva la gracia de volver  sanos del mar o la abundancia en la pesca, hasta mujeres que le imploran fertilidad durante la luna llena, o viudos que ofrendan estos amuletos para evitar apariciones de sus difuntas esposas.


No entiendo el culto  a los penes en Tailandia, es una de esas cosas bizarras que tiene Asia.


No entiendo la espiritualidad de Bali




Isla de playa, surf y noche... de adolescentes europeos viajando a conquistar el mundo... 
Bali se promete profana, pero es sagrada. 

Dice Wikipedia (y ¿quien se atreve a contradecirla?) que “La religión predominante entre los balineses es una mezcla entre el sivaísmo proveniente del hinduismo y la mitología balinesa (mitologías previas a la influencia hindú). Los balineses descendientes de los inmigrantes anteriores a la tercera ola, conocidos como bali aga en su mayoría no son seguidores del sivaísmo balinés y poseen sus propias tradiciones animísticas.

Y esto es bien curioso, porque el resto de Indonesia tiene predominancia de creyentes musulmanes, pero en esta isla no, en Bali se profesa una particular vertiente del hinduismo. Con toques de animismo y notas de budismo.

Uno de sus templos más reconocidos (incluso por UNESCO) es el Goa Gajah, nacido en el siglo IX, su ingreso representa la cabeza de un elefante y al acceder nos encontramos con Ganesha, la deidad de apariencia de paquidérmica. Esto marca la fuerza de la religión Hindú.

La puerta es el rostro del elefante y te recibe una representación ya sin cabeza, pero con ropa nueva.
Y los visitantes, siempre con las piernas cubiertas.
En ese, como el en la mayoría de los templos, el agua ocupa un lugar importante, y es que las ceremonias de purificación siempre la tienen como protagonista, ya sea para los feligreses u ocasionalmente para los turistas entusiastas.

Otro templo, en este caso, para bañarse en agua sagrada a la sombra de una serpiente coqueta
Dentro del agua, es posible ver peces koi , que en todo Asia se cree que traen buena suerte. Son peces de vida larga que alcanzan los noventa centímetros y pueden superar los ocho kilos.
La leyenda dice que los peces que conseguían nadar río arriba hasta la cascada y subirla, por su esfuerzo se transformaban en dragones, y alguien pensó que los peces Koi se parecen mucho a los dragones. También están asociados a la perseverancia ante las adversidades y se consideran un símbolo de paciencia y longevidad. El ascenso del koi a la cascada significa “triunfar en la vida“.


Por todo Bali es posible descubrir figuras de deidades y seres de culto a los que los locales se toman el trabajo de vestir con ropas y flores con total abnegación.  Es muy común que cada casa y cada comercio tenga un pequeño templo en la puerta o en el interior. Por esta razón las calles de Bali están envueltas en olor a incienso, una fina película de espiritualidad y mística que nos recubre en sus veredas mientras esquivamos las ofrendas que los balineses ubican en el suelo. 
Las ofrendas son variadas, mayormente son canastitas de algún material natural trenzadas para contener flores, comida, dulces y sahumerios para congraciar con los espíritus y los dioses




Cuando el local comercial no tiene puerta... pueden estar en cualquier parte
No entiendo la espiritualidad de Bali, pero es su huella, lo que la diferencia de las otras siete mil islas que componen Indonesia. Bali es la provincia más prospera de Indonesia. En Bali, se respira distinto.


No entiendo el vagón de mujeres en Dubai



Son muchas las cosas que se complica entender en un contexto de credo musulmán. Pero también es muy difícil tratar de viajar con un total desprendimiento de la cultura de origen. La idea de abrir los sentidos, de borrar los prejuicios y entender que la diversidad no es ni mejor ni peor, simplemente distinta… es complicada.


Veníamos circulando por países con presencia musulmana, pero claramente minoritaria. Nos habíamos acostumbrado a que en todas partes las mujeres ya puedan trabajar, y entendiéndolo como un gran progreso:





De repente, en Dubai (Emiratos Árabes), una señal en el metro te hace replantear la hibridación de los mundos. El vagoncito rosa se planta ante tus pies, tal como lo indicaba el suelo.

Antes de que llegue el tren, el piso anuncia que vagón va a aparecer ahi
Multa para hombres en la cabina femenina
Vale la mitad equivocarse de vagón que prender un cigarrillo
Las nenas, de este lado de la rayita
Los muchachos, del otro lado de la franja rosada
Casi como un chiste, las mujeres que por su religión no pueden estar cerca de otros hombres estan separadas por una marca en el suelo que oficia de frontera más simbólica que real y transfiere a las musulmanas la tranquilidad de viajar entre chicas. 

Igual que en Dubai, en paises con muchos habitantes afines a estas creencias se repite la marcación del vagón femenino.

Kuala Lumpur - Malasia
El cartel es sumamente gracioso
Dentro del vagón los carteles te preguntan si estas seguro de estar en el lugar correcto, por si el rosado imperante no te había llamado la atención y estas incomodando a las chicas.

Así... mientras algunos nos preocupamos por alcanzar las mismas oportunidades, otros se encargan de marcar las diferencias. Así es el mundo, de eso se trata viajar, y del entendimiento tenemos que hacernos cargo nosotros.

No entiendo el vagón de mujeres en Dubai, suena a planteo anacrónico en una de las ciudades más modernas del mundo.


No entiendo las ofrendas de los budistas



Las religiones son cosas de fe. Es por eso que cuando uno no es practicante, o no se ha criado entre personas con esa devoción, todas suenan un poco raras. Pero la fe es así… crees o no crees y en función de eso, actuas.

Estar viajando por un país budista es una sorpresa a cada paso, todo es tan profundamente extraño que no podía dejar de mencionarlo en este rincón de cosas que no entiendo. Lo primero que no entiendo es que muchos dicen que es una religión, pero lo cierto es que no (listo… asi empezamos).

De todas formas, de lo que quiero hablar es de la cantidad de donativos diferentes que los budistas llevan o compran en y para los templos y los monjes.


Los monjes budistas son personas que dedican su vida a buscar la iluminación. Es común verlos 


pidiendo donaciones durante las mañanas con sus bolsos limosneros y resguardándose del sol con sus sombrillas igual de naranjas que todo en ellos. Durante los recorridos por los templos los encontramos ofreciendo oración o impartiendo “bendición”





 y cuando estamos en tránsito, en terminales y aeropuertos, los cruzamos, aunque suelen tener su espacio privado para esperar

Lugar de espera de los monjes en la terminal de buses
Monjes en el aeropuerto
Lo primero que le regalamos a Buda al entrar a su templo es la decencia. Desde ya, jamás vestiremos de manera impropia, sacarse los zapatos antes de ingresar y cubriste casi todo es la premisa. Además hay otras pautas de comportamiento asociadas al respeto por lo desconocido, que nunca está de más repasar 


Como en la mayoría de los templos, sin importar la religión está bien visto ofrendar flores; las más vistas, son las Flores de Loto, que son muy apreciadas por el culto budista, pero también podemos encontrar pulseras de flores o guirnaldas en los distintos lugares del templo.



También es común en los templos budistas ofrendar sahumerios y aplicar unos papelitos dorados sobre las imágenes de buda.



En otro templo se podían dejar campanas


Por supuesto, como toda estructura dedicada a los valores intangibles, los monjes deben enfocarse en la iluminación y no pueden trabajar, por lo que las alcancías aparecen en todas partes y de todas formas. 

Para cada día de la semana

Moneditas en los pies del buda reclinado
Billetes enganchados en los arbolitos junto al altar
...y toooodo tipo de reservorio, como se pueden ver en las demás fotos que ilustran este repaso de tradiciones. Hay que orar y colaborar. En los templos hay  alcancías, para mantenimiento de los religiosos y de las obras de caridad.

Pero, no solo se puede colaborar de este modo con los monjes, también existe la posibilidad de adquirir un kit de productos necesarios para la vida de un monje budista. No hace falta pensar que pueden necesitar, en la misma puerta del templo están disponibles las cajas promocionadas como “conjunto de batas y ofrendas a los monjes”  con artículos de higiene personal, linternas, alimentos, bebidas y las conocidas túnicas anaranjadas.





Las túnicas no solo están disponibles para lo monjes, también podemos donarle vestimenta a las representaciones de buda de los diferentes templos

Tienda de ropa para figuras de buda
Donantes vistiendo un buda gigante
Buda vestido, y con una estatuita de si mismo en la mano
Y si de cosas difíciles de entender hablamos... en algún templo aparecieron estas ofrendas con formato “gato azul” que sin dudas, no entiendo! 


Me puse a buscar en internet y aparece la historia de un restaurador que habría incorporado su fanatismo por Doraemons (el gato azul japones) a la nueva imagen de las pinturas del santuario, algo que pueden indagar en estos links, sin embargo, no es este el templo del que hablan aquellos artículos, la donación de peluches se fundamenta (al parecer) en que se trata de un templo erigido en memoria de un príncipe que murió siendo pequeño y muchos locales le agradecen con los juguetes preferidos de los niños tailandeses los favores concedidos.

Así nos encontramos con templos con lugar para las flores, los sahumerios, las túnicas de las imágenes, las ofrendas para los monjes y los donativos en efectivo… que dan como resultado unos alteares mas o menos así;



Claramente, no entiendo las ofrendas de los budistas, y cuando trato de buscar más información, veo que no soy la única que no las entiende.