No entiendo algunos carteles viajando


El idioma, los símbolos, el sentido o las imágenes, todo cambia de un país al otro, y no siempre es posible entenderlos… o si, pero siguen siendo llamativos. Por eso y porque los amo… hoy un nuevo compiladito de fotos de carteles.


Para encontrar una salida en Rusia, siga a este hombrecito.

Los tiempos de África son más que especiales, y esta bien aclararlo.

¿Seguro que llevas todo?

Políticas de género africanas.

Estación meteorológica de Lesotho, África 

Cosas que te pueden pasar caminando por Tazmania

Otros seres que se te pueden cruzar en Australia ¡Cuidado!
Algo de lo que te quieren informar en Grecia

Una esquina para charlar en Londres, que gente organizada!

Un buen consejo de Nueva Zelanda para los peatones

No entiendo algunos carteles viajando... y muchos, son geniales!


No entiendo a los que compran perros



Amo tanto a los perritos que voy a hacer que me traigan uno nacido en una fábrica, modificado genéticamente para que sea estéticamente adecuado, nacido de una madre obligada a procrear a nivel industrial, pagado como cualquier otra mercancía, rentable para otro ser humano y de la raza de moda, como un par de zapatos o una cartera. 
Uno tiene un status que sostener, o que inventar.


No tengo perro, y si bien alguna vez les conté que admiro a la gente que tiene perros, hay un amplio grupo de gente que creo se me hace difícil de entender. Para ellos, en algún momento de sus vidas, los animales, las mascotas, fundamentalmente los perros; se vuelven objetos al servicio de un sistema que nuestra especie eligió y el resto de las especies acata; 
¿Queremos un perro o queremos al perro?. 

Querer un perro es como querer una heladera, es atribuirle una función que viene a ejecutar en nuestra vida, es una necesidad nuestra por la que hay que pagar. Querer al perro es muy diferente, consiste en pensarlo como un ser, saber que está vivo y muchas veces nos necesita más que nosotros  a él. 

Elegirlo en una vidriera, comprarlo por internet, pedir la garantía de que no venga “fallado”, que tenga papeles, que sea cachorro de esos que salen bien en las fotos, razas ideales para departamentos, razas aptas para convivir con niños como juguetes sin batería, razas de cuidado como agentes de seguridad sin sueldo con caras de malos (a esos, por lo general les toca dormir afuera), raza juguetona que saben traer el palito o la pelotita los días que queremos jugar en el parque (pero deberían aprender a no querer hacerlo cuando estamos ocupados), razas tranquilas y pequeñas para que adornen el regazo de alguna señora mayor. 

Como salidos de un catálogo, como pedidos a un delivery, como cualquiera de las muchas mercancías que hemos sabido generar en las patéticas sociedades de consumo que encarnamos. Así… pero peor. Pagamos por un amor fotogénico para desfilar nuestra hipocresía, en lugar de ofrecer amor a un cuzquito. Después será tiempo de decorar con buenas intenciones la selección de raza y justificar la incompatibilidad de un mestizo con nuestra cotidianidad.

La palabra raza que nos trajo tantos problemas, que evoca a Alemania y al exterminio del pueblo americano, entre otras muchas barbaridades, esa es la palabra terrible. Hablar de raza es hablar de discriminación, sea de la especie que sea y hablar de comprar seres vivos es hablar de trata, esclavitud y cinismo, sin eufemismos.

Y así vamos… de shopping a pagar amigos, mientras cientos de bichitos trabajan para ese negocio en infinidad de criaderos, mientras cientos de bichitos sufren de abandono en todas las ciudades, mientras el valor de la vida lo pone un vendedor y no un corazón misericordioso. Así vamos, pagando por amor.
Lo que sigue ya es peor, porque cuando el foco está en las personas y se desconoce la razón de ser de la otra especie, los finales pueden ser diversos... desde una eutanasia por hiperactividad, hasta un paseo permanente al campo porque es muy grande y en casa no va a ser feliz (¿?)



Lo cierto es que los amigos no tienen precio, lo cierto es que los amigos no tienen color, ni raza, ni carácter... son como son, aparecen en nuestras vidas en momentos clave y necesitan de nosotros en momentos que no siempre son los más oportunos, y ahí estamos para ellos. Por supuesto que lo que recibimos a cambio es invaluable y maravilloso. ¡De eso se trata!
De verdad y desde siempre; no entiendo a los que compran perros.

No compres uno de raza, adoptá uno sin casa.


No entiendo algunos pasitos para atrás que damos como sociedad.




No es ninguna novedad el inmenso orgullo que me da ser hija de mi Ciudad. Los rosarinos somos hermanos de la bandera desde su cuna y en ella acunamos entrañablemente muchos proyectos de increíble valor simbólico para nuestra comunidad, los cuales se hacen reconocidos e imitados en muchas ciudades del mundo.

Una de las ordenanzas ejemplares que Rosario alumbró en el año 2006 es la que establece la prohibición de fabricar, vender y distribuir juguetes bélicos. Maravillosamente se protege a la infancia de la violencia imperante entendiendo que el juego es el espacio de aprendizaje y no es eso lo que queremos que los chicos aprendan. 

La iniciativa tuvo repercusión en muchos medios nacionales y  se cumplió de manera ejemplar durante muchos años. Ahora es posible ver algunas muestras de que la rigurosidad de cumplimiento ha bajado, pero aun así, no es lo más común ver niños jugando con armas…. Quizás sea eso…
Tal vez se trate de la falta de costumbre, de mi extraordinaria capacidad de no entender, o mis inmensas ganas de querer que todos crean que estas cosas están mal… quizás sea todo eso junto lo que hizo que me parezca terrible uno de los dispositivos del espacio que el Ministerio de Defensa montó en las inmediaciones del Monumento a la Bandera el 20 de junio invitando a los chicos a manipular armas.

No nací con ese amor que le tienen los norteamericanos a sus fuerzas armadas, nací pocos años después de que los militares dejaran de ser gobierno por las malas por última vez. Ya sé que es un error, pero todavía me hace ruido ver niños y soldaditos en la misma imagen. Y la imagen del día de la bandera, me dolió profundamente



¿Cual es el mensaje que esta fila de chicos se lleva de jugar a disparar armas? ¿Cuales son las imágenes que estos padres capturan para recordar este momento? ¿En que estan pensando estas personas?


No entiendo algunos pasitos para atrás que damos como sociedad.


No entiendo como no amar el transporte público (1)



Durante mucho tiempo hice actividades que me implicaban desplazamientos cortos, muchas cosas cerca de mi casa. Caminaba para todos esos trayectos y no me había dado cuenta, pero habré pasado dos o tres años de escasa movilidad en transportes colectivos.

Este año, cambiaron varios items de mi rutina y me reencontré con las esquinas de espera, con los amuchamientos en horas pico y la bucólica mirada a través de sus ventanillas. Estoy segura de no haberme quejado nunca de este medio de locomoción tan urbano como el pavimento mismo. Elijo este medio por sobre otros. Soy una convencida de que mi ciudad cuenta con un buen sistema de transporte público y además, descubrí lo mucho que disfruto estar atenta a las interacciones que habilita el compartir estos espacios.

Me resulta coreográfico el fluir de las personas dentro del coche, o los vaivenes de la gente que espera su llegada. Reconozco tipologias de choferes y me divierte ver como cambian sus acciones entre el centro y los barrios, eso es muy claro en un viaje largo que hago los lunes a la mañana. 

Si, dentro de estos viajes, hago viajes propios... viajes imaginarios a la intimidad de mis compañeros de ruta. Mirar ropas, posturas, vínculos, gestos, me resulta una invitación irrenunciable a inventar sus vidas, sus casas, sus familias.
No es el único lugar que se me vuelve tablero de este juego, en casi todos lados migro la atención a conversaciones ajenas, pero en el colectivo, tiene otro encanto. Un encanto que extrañé bastante y con el que me reencuentro muchos días.

Casi siempre me llama la atención algo o alguien, sin embargo, hay momentos que tienen una magia particular, que me obligan a querer compartirlos para que la gente que reniega de este medio aprenda a encontrar sus regalitos cotidianos.


Ayer fue miércoles, tomé un 153 a las dos de la tarde en pleno centro. Quedaban pocos asientos libres cuando elegí, al azar, uno individual. Me senté y abrí un libro. Entre las páginas de una historia poco atrapante pero llevadera, no advertí que quedaron tres personas de pie. En una esquina, un chico de más de veinte y menos de treinta le hace preguntas sobre el recorrido al conductor. Lo miro, pero no me resulta particularmente interesante. Se toma del asiento que ocupo y mantiene la siguiente conversación con un muchachito de veintipocos que viajaba a mi espalda.


- Que buena mochila, loco, tiene la bandera
- Si, está re buena, me la regaló un amigo que se había ido al norte, y me la dio con la bandera
- Está buenísima, con la wipala
- ¿Como se llama? 
- Bueno, según los grupos se puede pronunciar wipala o wiphala
- Yo sabía que era la bandera como de los originarios, los indios
- Si, es parecida a la del LGTTB
- Ah, si.. y es un partido político, ¿no?
- No, el LGTTB es el grupo de lesbianas, gays, travestis, trans y bi
- Ah, no, esa es más lineal. Pero, yo te puedo hacer una bandera, yo me la paso todo el día con el pincel en la mano, me encanta pintar, te pinto una.
- Ah, buenísimo, pero esa tiene seis cuadraditos y no me acuerdo si es de siete, seguro en internet está el modelo
- Si, lo busco. ¿De que tamaño la queres?
- No, así está bien. ¿Por donde la paso a buscar?
- Yo vivo por acá - supongo que señaló algo por la ventana mientras nombraba una intersección de calles - ¿Tenés facebook?
- Si, tengo, pero mucho no lo uso.
- Dale, te agrego ¿Tenes wassap?
- No, wassap no tengo
- Bueno, yo ahora no tengo internet, pero te busco.
- Dale, Soy ******* Echeverria
- ¿Con H?
- No, sin.
- ¿Con V corta?
- Si. Después decime cuanto te debo.
- No, nada, te la hago de onda
- Uh, buenísimo, después te puedo mandar amigos para que les pintes, pero no de onda
- De una, me haces la onda y me dedico a esto
- Yo tengo algo de sangre india
- Re loco, yo me bajo acá, un día nos tomamos unos mates.


Estas cosas me hacen amar los viajes en colectivo. Estas cosas pasan más seguido de lo que nos imaginamos. La gente es más humana de lo que nos quieren hacer creer. Estamos vivos. Somos humanos. Seres sociales por definición. Necesitamos ser amigos. De onda.

Cuando estas películas me interrumpen la rutina y se me desborda la sonrisa del rostro, es cuando no entiendo como no amar el transporte público. 



No entiendo algunos carteles de Chile (3º parte)



Última parte de los carteles de Chile. Ya vimos productos y servicios, ya vimos consejos. En este caso son avisitos. Caminando por ahí nos encontramos avisos indicadores no muy habituales. 


Es una buena aclaración... no se si lo más habitual es que aparezca en la zona más urbanizada y turística de Arica, pero siempre es bueno saber que un pedazo de morro puede caer del cielo.



Bueno... dos carteles, el mismo mensaje, parece una buena causa.... pero los autos están ahí.


Cada cosa en su lugar. Por si no es obvio, un gran cartel recordatorio.


Este es mi favorito. Nunca lo había visto antes. ¿Hace falta?



No entiendo algunos carteles de Chile (2° parte)



Después de compartir los carteles de productos y servicios, la segunda parte de los carteles chilenos son los consejitos que es posible encontrar caminando por sus calles, comiendo en sus shoppings (malls) y principalmente viajando en sus medios de transporte. 

Estos son algunos de ellos;

Junto al mar, es bueno recordar ciertas prácticas. Amantes del sushi, abstenerse.

En el aeropuerto, nos cuentan de los riesgos de no cumplir las reglas de equipaje.

Cuestión de higiene, y sin tener que ir hasta el tocador.
Mind the gap! Y con ese consejito, uno se siente en pleno metro de Londres.
Mimando a las visitas, ¡Buen trabajo! Siempre nos dan ganas de volver.


No entiendo algunos carteles de Chile (1º parte)



En otro capítulo sobre carteles... le tocó el turno al vecino país transcordillerano. Tan cerca, pero tan distinto, hay algunos carteles chilenos que no termino de entender y como son muchos, los vamos a dividir en tres partes... 
En este caso les presento algunos productos y servicios que anuncian los carteles y me parecen curiosos. 
Pasen y vean.


Algo maravilloso que allá sucede y me pone los pelos de punta... es esa facilidad que tienen (ellos y otros tantos países) de cobrar por el uso de baños.






 El servicio de cochecitos, con expendedor de cambio y todo. Paso a paso.


La maquinita que te cobra peaje sin que tengas que pagarlo. Vas andando y en determinadas partes del camino; piiiipp, te cobraron.


Un sonador para avisar en la mesa el momento de ir a buscar el pedido al mostrador.


Toalla de visita, ah si!, si hay algo que hace falta en todas las casas, es una toalla con la composición química necesaria para absorber el líquido de la piel de nuestras visitas.


Otra toalla indispensable es la toalla para yoga, porque ni las comunes, ni las de visitas están preparadas para acompañarnos en esa actividad.




No entiendo a la gente que tiene perro


…pero los admiro un montón.

Y amo los animales, verdaderamente, me encantan las mascotas y todo tipo de bichito (pronto vendrán más reflexiones sobre el reino animal y mi opinión sobre algunos vínculos con la raza humana).

Tengo un gato, Kia Ora; se baña solo, se pasea, racionaliza su alimento y tiene conductas higiénicas que facilitan la coexistencia de su especie y mi rutina diaria. Pero nunca podría tener perro.

Los días de lluvia, las madrugadas solitarias, las tardes de parque, los primeros fríos del otoño, las primeras horas de la mañana, losstressantes noviembres sin tiempo y los calurosos eneros de querer estar todo el día en el agua… ellos (los que tienen perro) están en la vereda paseando sus animales… 
Ellos son abuelitas de incalculable edad y cuerpo enclenque, ejecutivos de saco y corbata, criaturas con uniforme de escuela, señoras con cochecitos, hombres grandes, chicas de tacos altos, ellos son muchísimos y muy variados. Ellos sacan a su perro varias veces al día, en un incalculable acto de amor.


Capítulo aparte merecen los momentos del paseo donde se cumple lo que en mi ciudad, Rosario, queda regido por la Ordenanza Municipal Nº 7445/2002 que en su cuarto capítulo establece las obligaciones de los propietarios, detallando el artículo 15 a continuación;

Art. 15º.- El dueño de un animal doméstico o el que lo tenga a su cuidado está en la obligación de retirar y recoger de las calles, avenidas, parques y otros lugares públicos las deposiciones o materias similares que en ellos depositen los animales. Para lo cual deberán disponer de una escobilla y bolsa de residuos o cualquier otro elemento apto para la recolección. 

Y allá van, con la elegancia que les resulta posible, a enarbolar la bolsita y juntar lo que haya dejado su amigo peludo en la vía pública. De verdad, ameritan que los aplaudamos de pie.

Me maravilla la Gente (si, con mayúscula) que por momentos saca a pasear el perro y por momentos sale a pasear con él (no menor diferencia!) gente que los lleva sueltos ostentando empatía, o con correas de las distintas formas que hoy ofrece el mercado y hasta a upa, por si el camino de regreso ya es mucho esfuerzo para su amiguito. Con ropa, con piloto, con zapatos. A seguir un camino, a jugar con otros perros, a pasear o a hacer actividades compartidas.

Los veo por la calle y me fluye un río de admiración por todas las personas que tienen perro. Los admiro, es eso. Tener perro es un increíble acto de generosidad para con la otra especie y yo, me saco en sombrero ante ellos. Chapeaux!

La gente que tiene perro, es grosa.



No entiendo a quienes no aprueban la lista de bodas para la luna de miel.


Desde hace algunos años (ya bastantes) las parejas de contrayentes han dejado de fijar su lista de bodas (posibles regalos que pretendan de sus invitados) en bazares y han pasado a sugerir que se les colabore en los gastos del viaje de Luna de Miel.


Los motivos son muchos; en algunos casos llevan años conviviendo y no necesitan que 200 personas les hagan llegar regalos para la casa, en otros casos se mudan a departamentos pequeños que no tienen lugar para tantos elementos  u ornamentos y en la mayoría prefieren no tener vajilla de diseño y comprar sus enseres en tiendas de menos jerarquía que aquellas que suelen  ser las favoritas para el armado de listas de bodas.

En todos estos casos, los novios apuestan a que la familia y los amigos se sumen para ayudarlos a pagar el viaje. Este cambio encuentra resistencia y hasta detractores por ser considerado despersonalizado y por reducir el regalo a un frío monto en efectivo. No lo entiendo.

Me alegra mucho que este cambio se haya popularizado y que cada vez sean más las parejas que nos piden a sus invitados que lejos de poner nuestras buenas intenciones hacia ellos en objetos, hagamos una inversión en que la pareja disfrute en nuestro nombre momentos.

De corazón deseamos que el matrimonio se construya sobre la base de acopiar momentos compartidos por encima de un cumulo de objetos. Celebro el corrimiento de lo material a lo simbólico y brindo por capitalizar muchos años de gratos momentos como base de todo matrimonio feliz.

No entiendo a quienes no entienden lo bello de aportar a la Luna de Miel como opción superadora de las cosas materiales tangibles.


Que sean muy felices.  



No entiendo que no vuelvan a intentar



Y lo llamo síndrome del Coyote.


Repasemos, por si no tienen mucha memoria, o por si les viene bien un poquito de nostalgia.


Es esa actitud de tener iniciativa y tras un tropezón, considerar que ya se ha hecho lo suficiente y no hay caso.

El coyote empieza con cuchillo y tenedor, el objetivo claro, la meta perfectamente determinada, compra los insumos, monta la trampa, aguarda, ataca, falla. El correcaminos no ha pasado por ese camino, o pasó muy rápido o pasó sin ser visto, da igual, se fue.
El correcaminos sigue corriendo y el Coyote sigue queriendo comérselo. Entonces el primer momento es la frustración; el rostro del Coyote muestra que no está feliz, está abatido.
El Correcaminos es ese objetivo que no ha sido alcanzado, sonríe, saca la lengua, disfruta del error y se aleja con un irónico VIP VIP (Very important people?)

Los motivos de la falla son muy raros, impensados, pero nunca se analizan ni se reformulan. Entonces hay que volver a empezar, pero parece que no es un nuevo intento, sino que hay que volver a cero: otros insumos, otra trampa y una nueva falla. Los planes del Coyote llevan mucha preparación; técnica, insumos, recursos, creatividad.

Sucede en muchas películas y en casi todas las series animadas, si el intento falla, se vuelve a cero para reintentar (o en el peor de los casos se abandona). El punto es la falta de evaluación de donde estuvo el error.
Hay veces que no falló el método, el plan, la trampa, solo fallo el contexto, la implementación y al momento de un nuevo intento, este cambió.


Sin embargo, que esto pase en las animaciones no es tan preocupante como la frecuencia con la que este tipo de procesos tienen lugar en la vida cotidiana.
Empezar una carrera universitaria, conseguir un puesto de trabajo, practicar un deporte, formar parte de un equipo, alcanzar cualquier tipo de objetivo… son muchas las cosas que podemos proponernos, y son muchas las veces que tendremos que intentarlo.

No me gusta caer en el manual de procedimientos para alcanzar una meta, porque no creo que tal cosa exista. Estoy convencida de que hay que darle muchas vueltas al problema para encontrar la puerta por la que entrar al laberinto que entraña su solución. Y verdaderamente, de eso se trata la vida, y es por esto que alcanzar el objetivo se disfruta tanto.
Y como la idea es ponernos dogmáticos, solo me interesa ejemplificar; si ahorras para el auto, y como tenes poco dinero, te compras la moto… al auto no llegas nunca.
Si un intento no te dejó lista la cena de correcaminos, habrá que volver a llamar al delivery de ACME para volver a intentar.
Verdaderamente no podemos permitir en la vida que nos desaliente el VIP VIP, de los errores se aprende. Y ya que estamos en tren de dibujitos… quiero compartir esta escena de película que me parece fabulosa


No entiendo a la gente con síndrome de Coyote

Si... hoy se me dio por los videos... Uno más!



No entiendo la estandarización del arte


Y un día escribí sobre eso. Hoy comparto las ganas de entender que un artista no quiere formar parte de un proyecto en el que no cree. Lo escribí en 2010, y por respeto al paso del tiempo, no edité ni una coma. Este textito me regaló una linda relación con la artista que movió mis emociones en aquel terrible lugar.

Para ponerlos en situación, contextualizo un poco el fluir de esta leyenda. Yo trabajaba en un lugar horrible al que todos veían lindo, un lugar muy comercial que pretendía disfrazarse de cultural. Tanto es así que, aquella vez, trajeron una curadora para que desparrame los baleros intervenidos por artistas sobre unos tablones (cual parripollo de club de barrio, pero con pretensiones museológicas).

Vista aérea de la muestra. Tablones llenos de objetos en un corralito.

Como el showcito era insostenible, al gerente se le ocurrió que los empleaduchos escribiéramos un par de renglones sobre el balero que nos pareciera más lindo (si, todavía hay gente que cree que el arte tiene que ser lindo).
Allá fui… miré, elegí y escribí.
Pasen y vean.


Historia del balero

No quería que “mi balero” se convirtiera en un objeto de arte. 


El arte como sobreviviente de la industria cultural, se ubica en la cultura de masas como un elemento difícil de incorporar. El contexto de producción artística, choca con el resto de la mercadería que el mercado ofrece a los consumidores en su tiempo libre.
Quizás en este pensamiento podamos comprender la necesidad de Marga, que ve con pena el balero recibido y elige no exponerlo para el reducido público que gusta del consumo reflexivo.
El objeto de arte, político por definición, se opone a la lógica lúdica que le es intrínseca al balero y en su imposición de intervenirlo, la artista reconfigura la propuesta e intenta liberarlo, darle al juguete la posibilidad de volver a ser.
Esta primera rebeldía de la artista convocada, encuentra su correlato en una segunda rebeldía, a cargo de los niños encargados de revivir el objeto clásico caído en desuso; se niegan a jugar con él.
Llegado el momento de entregar el producto a la muestra temática, la alternativa se plasma en la devolución de la pieza en su estado original adjuntando una nota que expresa la situación por la cual este balero no tiene marcas de transformación.
Quienes montan la pretendida muestra incurren en la tercer rebeldía por la que tiene que atravesar este objeto y rechazan en la práctica lo que aceptan en la teoría. Explicito:
El texto que acompaña el balero culmina con la expectativa de que algún niño juegue y hasta se adueñe del juguete (en alusión a la idea de la artista convocada); el mismo texto inicia (con la frase que cito al inicio de esta reflexión) con una negativa de poner en el nivel de concepto una pieza que la artista elige mantener en la acción.
Quienes invitan a Marga a intervenir un balero, rechazan la intervención. De qué manera? En una doble negación de su mirada artística. En primer lugar, niegan su idea de dejar que ese balero recupere su función y sea instrumento de juego y hasta propiedad de algún niño que participe de la exposición (como intentó hacerlo antes de que sea expuesto). En segundo lugar, a este balero se le niega la voluntad de la artista, que inicia la esquela expresando la necesidad de no volver arte al objeto.
Inserto en una compilación grotesca de piezas multicolores, el balero no intervenido compone la pieza más notoria (y más discreta) de esta exposición.
Merece ser puesto de relieve en un intento de graficar la falta de respeto por las ideas ajenas, la falta de interés  por las motivaciones y propuestas, y,  porque no sumarle, la falta de comunicación que se evidencia en el hecho de que esta pieza no invita a hacer arte a la artista, no invita a hacer juego al niño y no logra que los que montan la muestra le den el lugar y la libertad que la obra reclama y la artista postula.

La existencia de esta pieza, engrampada a la mesa del revoltijo que pretende ser exposición, resume la confusión de la que fue víctima y ahoga su desgarrador grito de clemencia. Aflige su identidad y se cosifica volviéndose nada.


No entiendo esta necesidad fetichista de que muchos artistas deban hacer arte sobre un objeto designado por una organización y no entiendo cómo esta practica se vuelve cada vez más frecuente. Aquí, retomamos el debate.


No entiendo las deformaciones de la simbología de Pascua


Seguramente muchos de ustedes tampoco.
Ahora que ya todos celebramos la festividad y comimos todo el chocolate que nos permitió ingerir el cuerpo, ahora que tenemos encanutado el ultimo huevo para comer en alguna noche depresiva, ahora que ya el rito familiar fue cumplido tal y como lo marca la tradición, es ahora cuando podemos salirnos de nuestros cuerpos y mirarnos desde afuera y pensar ¿Qué estoy haciendo?

No vamos a ceñirnos a hablar de la valoración religiosa de ésta, porque como todas las festividades religiosas, salvo en contados hogares, se han vaciado bastante de significado. Sin embargo, si podemos pensar históricamente la cuestión religiosa para ver porque estamos donde estamos.

Si repasamos la génesis de la festividad, nos encontramos con el pueblo esclavizado de Israel, atrapado en Egipto, guiado por Moises a través de las aguas para llegar a la tierra prometida. Para algunos, la cosa llega hasta ahí. Años más tarde, la llegada del cordero de Dios que es sacrificado en la cruz para la salvación de todos (acotadísima síntesis, sabrán comprender que no es el eje del relato) e instituye el rito de la Santa Cena, en torno al pan y el vino.


Muchísimos años después, las palabras; sacrificio, cordero, esclavitud, liberación, cruz, paso, resurrección, renacimiento y otras consignadas u omitidas en el párrafo anterior, se desdibujan y las pascuas se alinean con iconos tales como; huevo, conejo, gallina y fundamentalmente; chocolate.



No entiendo exactamente. El tema del huevo, como nacimiento, ¿no estaría más cerca del significado de la navidad? Después, y relacionado al poco comprensible huevo, surge con una ampliamente legitimada relación la figura de la gallina, pero (seguramente salido de una galera, más que de un huevo) llega a nuestra mesa la iconografía del conejo. ¿Alguien me lo explica?.

El conejo, ¿qué pito toca? ¿Quien lo invito? ¿No es el aniversario del sacrificio del cordero de Dios? Tiene mucho más sentido una oveja que un conejo. Y como sugerencias ¿cruces de chocolate? ¿o coronas de espinas de pastillaje? 
Si lo que celebramos, en cambio, es la liberación del pueblo de Israel ¿No tendría mucho más sentido evocar el cayado de Moises en el formato del igualmente incomprensible bastón de caramelo navideño? Y el temita del chocolate… ¿cómo se vincula con la fe, el paso, o quien sabe que… con la delicia indiscutible del fruto del cacao?

No entiendo las deformaciones de la simbología de pascua, pero me encanta el chocolate.