No entiendo a la gente que tiene perro


…pero los admiro un montón.

Y amo los animales, verdaderamente, me encantan las mascotas y todo tipo de bichito (pronto vendrán más reflexiones sobre el reino animal y mi opinión sobre algunos vínculos con la raza humana).

Tengo un gato, Kia Ora; se baña solo, se pasea, racionaliza su alimento y tiene conductas higiénicas que facilitan la coexistencia de su especie y mi rutina diaria. Pero nunca podría tener perro.

Los días de lluvia, las madrugadas solitarias, las tardes de parque, los primeros fríos del otoño, las primeras horas de la mañana, losstressantes noviembres sin tiempo y los calurosos eneros de querer estar todo el día en el agua… ellos (los que tienen perro) están en la vereda paseando sus animales… 
Ellos son abuelitas de incalculable edad y cuerpo enclenque, ejecutivos de saco y corbata, criaturas con uniforme de escuela, señoras con cochecitos, hombres grandes, chicas de tacos altos, ellos son muchísimos y muy variados. Ellos sacan a su perro varias veces al día, en un incalculable acto de amor.


Capítulo aparte merecen los momentos del paseo donde se cumple lo que en mi ciudad, Rosario, queda regido por la Ordenanza Municipal Nº 7445/2002 que en su cuarto capítulo establece las obligaciones de los propietarios, detallando el artículo 15 a continuación;

Art. 15º.- El dueño de un animal doméstico o el que lo tenga a su cuidado está en la obligación de retirar y recoger de las calles, avenidas, parques y otros lugares públicos las deposiciones o materias similares que en ellos depositen los animales. Para lo cual deberán disponer de una escobilla y bolsa de residuos o cualquier otro elemento apto para la recolección. 

Y allá van, con la elegancia que les resulta posible, a enarbolar la bolsita y juntar lo que haya dejado su amigo peludo en la vía pública. De verdad, ameritan que los aplaudamos de pie.

Me maravilla la Gente (si, con mayúscula) que por momentos saca a pasear el perro y por momentos sale a pasear con él (no menor diferencia!) gente que los lleva sueltos ostentando empatía, o con correas de las distintas formas que hoy ofrece el mercado y hasta a upa, por si el camino de regreso ya es mucho esfuerzo para su amiguito. Con ropa, con piloto, con zapatos. A seguir un camino, a jugar con otros perros, a pasear o a hacer actividades compartidas.

Los veo por la calle y me fluye un río de admiración por todas las personas que tienen perro. Los admiro, es eso. Tener perro es un increíble acto de generosidad para con la otra especie y yo, me saco en sombrero ante ellos. Chapeaux!

La gente que tiene perro, es grosa.



No entiendo a quienes no aprueban la lista de bodas para la luna de miel.


Desde hace algunos años (ya bastantes) las parejas de contrayentes han dejado de fijar su lista de bodas (posibles regalos que pretendan de sus invitados) en bazares y han pasado a sugerir que se les colabore en los gastos del viaje de Luna de Miel.


Los motivos son muchos; en algunos casos llevan años conviviendo y no necesitan que 200 personas les hagan llegar regalos para la casa, en otros casos se mudan a departamentos pequeños que no tienen lugar para tantos elementos  u ornamentos y en la mayoría prefieren no tener vajilla de diseño y comprar sus enseres en tiendas de menos jerarquía que aquellas que suelen  ser las favoritas para el armado de listas de bodas.

En todos estos casos, los novios apuestan a que la familia y los amigos se sumen para ayudarlos a pagar el viaje. Este cambio encuentra resistencia y hasta detractores por ser considerado despersonalizado y por reducir el regalo a un frío monto en efectivo. No lo entiendo.

Me alegra mucho que este cambio se haya popularizado y que cada vez sean más las parejas que nos piden a sus invitados que lejos de poner nuestras buenas intenciones hacia ellos en objetos, hagamos una inversión en que la pareja disfrute en nuestro nombre momentos.

De corazón deseamos que el matrimonio se construya sobre la base de acopiar momentos compartidos por encima de un cumulo de objetos. Celebro el corrimiento de lo material a lo simbólico y brindo por capitalizar muchos años de gratos momentos como base de todo matrimonio feliz.

No entiendo a quienes no entienden lo bello de aportar a la Luna de Miel como opción superadora de las cosas materiales tangibles.


Que sean muy felices.  



No entiendo que no vuelvan a intentar



Y lo llamo síndrome del Coyote.


Repasemos, por si no tienen mucha memoria, o por si les viene bien un poquito de nostalgia.


Es esa actitud de tener iniciativa y tras un tropezón, considerar que ya se ha hecho lo suficiente y no hay caso.

El coyote empieza con cuchillo y tenedor, el objetivo claro, la meta perfectamente determinada, compra los insumos, monta la trampa, aguarda, ataca, falla. El correcaminos no ha pasado por ese camino, o pasó muy rápido o pasó sin ser visto, da igual, se fue.
El correcaminos sigue corriendo y el Coyote sigue queriendo comérselo. Entonces el primer momento es la frustración; el rostro del Coyote muestra que no está feliz, está abatido.
El Correcaminos es ese objetivo que no ha sido alcanzado, sonríe, saca la lengua, disfruta del error y se aleja con un irónico VIP VIP (Very important people?)

Los motivos de la falla son muy raros, impensados, pero nunca se analizan ni se reformulan. Entonces hay que volver a empezar, pero parece que no es un nuevo intento, sino que hay que volver a cero: otros insumos, otra trampa y una nueva falla. Los planes del Coyote llevan mucha preparación; técnica, insumos, recursos, creatividad.

Sucede en muchas películas y en casi todas las series animadas, si el intento falla, se vuelve a cero para reintentar (o en el peor de los casos se abandona). El punto es la falta de evaluación de donde estuvo el error.
Hay veces que no falló el método, el plan, la trampa, solo fallo el contexto, la implementación y al momento de un nuevo intento, este cambió.


Sin embargo, que esto pase en las animaciones no es tan preocupante como la frecuencia con la que este tipo de procesos tienen lugar en la vida cotidiana.
Empezar una carrera universitaria, conseguir un puesto de trabajo, practicar un deporte, formar parte de un equipo, alcanzar cualquier tipo de objetivo… son muchas las cosas que podemos proponernos, y son muchas las veces que tendremos que intentarlo.

No me gusta caer en el manual de procedimientos para alcanzar una meta, porque no creo que tal cosa exista. Estoy convencida de que hay que darle muchas vueltas al problema para encontrar la puerta por la que entrar al laberinto que entraña su solución. Y verdaderamente, de eso se trata la vida, y es por esto que alcanzar el objetivo se disfruta tanto.
Y como la idea es ponernos dogmáticos, solo me interesa ejemplificar; si ahorras para el auto, y como tenes poco dinero, te compras la moto… al auto no llegas nunca.
Si un intento no te dejó lista la cena de correcaminos, habrá que volver a llamar al delivery de ACME para volver a intentar.
Verdaderamente no podemos permitir en la vida que nos desaliente el VIP VIP, de los errores se aprende. Y ya que estamos en tren de dibujitos… quiero compartir esta escena de película que me parece fabulosa


No entiendo a la gente con síndrome de Coyote

Si... hoy se me dio por los videos... Uno más!



No entiendo la estandarización del arte


Y un día escribí sobre eso. Hoy comparto las ganas de entender que un artista no quiere formar parte de un proyecto en el que no cree. Lo escribí en 2010, y por respeto al paso del tiempo, no edité ni una coma. Este textito me regaló una linda relación con la artista que movió mis emociones en aquel terrible lugar.

Para ponerlos en situación, contextualizo un poco el fluir de esta leyenda. Yo trabajaba en un lugar horrible al que todos veían lindo, un lugar muy comercial que pretendía disfrazarse de cultural. Tanto es así que, aquella vez, trajeron una curadora para que desparrame los baleros intervenidos por artistas sobre unos tablones (cual parripollo de club de barrio, pero con pretensiones museológicas).

Vista aérea de la muestra. Tablones llenos de objetos en un corralito.

Como el showcito era insostenible, al gerente se le ocurrió que los empleaduchos escribiéramos un par de renglones sobre el balero que nos pareciera más lindo (si, todavía hay gente que cree que el arte tiene que ser lindo).
Allá fui… miré, elegí y escribí.
Pasen y vean.


Historia del balero

No quería que “mi balero” se convirtiera en un objeto de arte. 


El arte como sobreviviente de la industria cultural, se ubica en la cultura de masas como un elemento difícil de incorporar. El contexto de producción artística, choca con el resto de la mercadería que el mercado ofrece a los consumidores en su tiempo libre.
Quizás en este pensamiento podamos comprender la necesidad de Marga, que ve con pena el balero recibido y elige no exponerlo para el reducido público que gusta del consumo reflexivo.
El objeto de arte, político por definición, se opone a la lógica lúdica que le es intrínseca al balero y en su imposición de intervenirlo, la artista reconfigura la propuesta e intenta liberarlo, darle al juguete la posibilidad de volver a ser.
Esta primera rebeldía de la artista convocada, encuentra su correlato en una segunda rebeldía, a cargo de los niños encargados de revivir el objeto clásico caído en desuso; se niegan a jugar con él.
Llegado el momento de entregar el producto a la muestra temática, la alternativa se plasma en la devolución de la pieza en su estado original adjuntando una nota que expresa la situación por la cual este balero no tiene marcas de transformación.
Quienes montan la pretendida muestra incurren en la tercer rebeldía por la que tiene que atravesar este objeto y rechazan en la práctica lo que aceptan en la teoría. Explicito:
El texto que acompaña el balero culmina con la expectativa de que algún niño juegue y hasta se adueñe del juguete (en alusión a la idea de la artista convocada); el mismo texto inicia (con la frase que cito al inicio de esta reflexión) con una negativa de poner en el nivel de concepto una pieza que la artista elige mantener en la acción.
Quienes invitan a Marga a intervenir un balero, rechazan la intervención. De qué manera? En una doble negación de su mirada artística. En primer lugar, niegan su idea de dejar que ese balero recupere su función y sea instrumento de juego y hasta propiedad de algún niño que participe de la exposición (como intentó hacerlo antes de que sea expuesto). En segundo lugar, a este balero se le niega la voluntad de la artista, que inicia la esquela expresando la necesidad de no volver arte al objeto.
Inserto en una compilación grotesca de piezas multicolores, el balero no intervenido compone la pieza más notoria (y más discreta) de esta exposición.
Merece ser puesto de relieve en un intento de graficar la falta de respeto por las ideas ajenas, la falta de interés  por las motivaciones y propuestas, y,  porque no sumarle, la falta de comunicación que se evidencia en el hecho de que esta pieza no invita a hacer arte a la artista, no invita a hacer juego al niño y no logra que los que montan la muestra le den el lugar y la libertad que la obra reclama y la artista postula.

La existencia de esta pieza, engrampada a la mesa del revoltijo que pretende ser exposición, resume la confusión de la que fue víctima y ahoga su desgarrador grito de clemencia. Aflige su identidad y se cosifica volviéndose nada.


No entiendo esta necesidad fetichista de que muchos artistas deban hacer arte sobre un objeto designado por una organización y no entiendo cómo esta practica se vuelve cada vez más frecuente. Aquí, retomamos el debate.


No entiendo las deformaciones de la simbología de Pascua


Seguramente muchos de ustedes tampoco.
Ahora que ya todos celebramos la festividad y comimos todo el chocolate que nos permitió ingerir el cuerpo, ahora que tenemos encanutado el ultimo huevo para comer en alguna noche depresiva, ahora que ya el rito familiar fue cumplido tal y como lo marca la tradición, es ahora cuando podemos salirnos de nuestros cuerpos y mirarnos desde afuera y pensar ¿Qué estoy haciendo?

No vamos a ceñirnos a hablar de la valoración religiosa de ésta, porque como todas las festividades religiosas, salvo en contados hogares, se han vaciado bastante de significado. Sin embargo, si podemos pensar históricamente la cuestión religiosa para ver porque estamos donde estamos.

Si repasamos la génesis de la festividad, nos encontramos con el pueblo esclavizado de Israel, atrapado en Egipto, guiado por Moises a través de las aguas para llegar a la tierra prometida. Para algunos, la cosa llega hasta ahí. Años más tarde, la llegada del cordero de Dios que es sacrificado en la cruz para la salvación de todos (acotadísima síntesis, sabrán comprender que no es el eje del relato) e instituye el rito de la Santa Cena, en torno al pan y el vino.


Muchísimos años después, las palabras; sacrificio, cordero, esclavitud, liberación, cruz, paso, resurrección, renacimiento y otras consignadas u omitidas en el párrafo anterior, se desdibujan y las pascuas se alinean con iconos tales como; huevo, conejo, gallina y fundamentalmente; chocolate.



No entiendo exactamente. El tema del huevo, como nacimiento, ¿no estaría más cerca del significado de la navidad? Después, y relacionado al poco comprensible huevo, surge con una ampliamente legitimada relación la figura de la gallina, pero (seguramente salido de una galera, más que de un huevo) llega a nuestra mesa la iconografía del conejo. ¿Alguien me lo explica?.

El conejo, ¿qué pito toca? ¿Quien lo invito? ¿No es el aniversario del sacrificio del cordero de Dios? Tiene mucho más sentido una oveja que un conejo. Y como sugerencias ¿cruces de chocolate? ¿o coronas de espinas de pastillaje? 
Si lo que celebramos, en cambio, es la liberación del pueblo de Israel ¿No tendría mucho más sentido evocar el cayado de Moises en el formato del igualmente incomprensible bastón de caramelo navideño? Y el temita del chocolate… ¿cómo se vincula con la fe, el paso, o quien sabe que… con la delicia indiscutible del fruto del cacao?

No entiendo las deformaciones de la simbología de pascua, pero me encanta el chocolate.




No entiendo los nombres de los animales acuáticos


Uf, que alivio, ¡por fin lo dije!
Tenía exageradas ganas de contarles que no entiendo ese absurdo paralelo que la gente quiere inventar entre el fondo del mar y la superficie terrestre.
Me parece que es obvio, que allá abajo y acá arriba, no nos parecemos en nada… desde la forma de respirar, en adelante.
Eso no es ni bueno ni malo, digo… no estoy queriendo ser peyorativa, ni sacar ninguna conclusión trascendente. Solo aclarar lo obvio; son cosas distintas.

Ahora bien, si está tan claro esto de la diferencia entre vivir entre agua y vivir entre aire, ¿con qué necesidad queremos convencernos de que son mundos espejados que en la otra dimensión (¿?) tienen una suerte de correlato?
O sea… ¿para qué nos encanta pensar que hay sirenas que son como los nosotros en versión mojada?


¿Es un ejemplo exagerado? Ok, veamos algo más concreto, lo llamaremos “Desafío 1” (porque hay más)… esperen a la noche para hacer este experimento y quizás descubran algo asombroso;


Paso 1: imaginen una estrella de mar… si la imaginación no es confiable, pueden googlear una y mirarla, ¿listo? Ok.
Paso 2: levanten la vista hacia el cielo y ahora miren las estrellas del firmamento(pueden volver a usar el recurso de google imágenes si la noche no ayuda)
Paso 3: hagan una lista de tres mil diferencias entre una y otra.
¿Qué tal?
¿Alguien me puede explicar en que se parecen?
Si una es una bola de fuego y la otra está abajo del agua, ¡ya no pueden ser lo mismo!
¿Cómo pasa que la misma palabra nos sirve para describir dos cosas que  no se parecen ni en forma, ni tamaño, ni función, ni materialidad?… de hecho una es un ser vivo y la otra no. ¿A quien se le ocurrió la brillante (je, brillante) idea de que a las dos les digamos “estrella”?

Supongamos ahora que lo de la estrella fue un accidente, un científico poco creativo, un espíritu no muy iluminado (je, iluminado)… lo que fuera, ¿es un hecho aislado? ¡No! La lista de ejemplos sigue.
Ahora vamos a repetir el ejercicio de observación, pero para que sea más fácil, solo lo vamos a reducir a la búsqueda de imágenes on line (es un pasatiempo invaluable, me lo van a agradecer muchísimo); “Desafío 2”, repetir los tres pasos del primer desafío buscando imágenes de caballos y caballos de mar.
¡Ajá! ¿Qué tal esas conclusiones?
¿Dónde está el abrumador parecido físico que hace que las llamemos con el mismo nombre?, hay ilimitadas características para mencionar en nuestro juego de buscar diferencias, pero para no ahorrarles la diversión de jugar en familia una tarde de lluvia, tan solo quiero decir que uno tiene cuatro patas y el otro ninguna.

Seguro ya vienen entendiendo la dinámica de la comprobación de mi disgusto, hagamos ahora el “Desafío 3”, es el turno de comparar elefantes… solo quiero aportar que si el emblemático Elefante Trompita del cancionero popular infantil hubiera nacido bajo el agua, le hubiera sido imposible mover las orejas llamando a su mamita.

La lista de desafíos continua, pero como es claro que ya todos saben jugar este juego, me voy a limitar a darles algunas especies más y permitirles sacar sus propias conclusiones.
“Desafío 4”: lobo/lobo marino
“Desafío 5”: payaso/pez payaso
“Desafío 8”: carpa (de camping)/pez carpa
¡Seguro hay muchos más!
Pueden agregarlos en los comentarios del blog, o del perfil de Facebook.
Ahora sí, estoy segura de no ser la única que no entiende los nombres de los animales acuáticos.





No entiendo algunos carteles de Sudáfrica




Tal como lo explica una publicación anterior; me gustan mucho los carteles, me atraen, me dan risa, me cuentan cosas sobre la comunidad que los plantó ahí.
Ciertamente, los carteles dicen mucho más de lo que les quieren hacer decir.
Hoy compartimos algunos que me llevé por delante en Sudáfrica y me parecieron interesantes.

Hay carteles históricos que nos hablan de cómo eran las cosas

Carteles históricos que nos ponen en situaciones que hoy son impensadas
Hay carteles que nos cuentan sobre reglas de convivencia
Otros que sólo nos expresan sus mejores deseos


Algunos son graciosos por el cambio de idioma
¿De que color es tu hijo?
Los señorcitos de los carteles son encantadores

Cuando los carteles hablan todos juntos es muy difícil escucharlos

Hay carteles que dicen donde no se puede vender 

Hay carteles que dicen quienes están autorizados a vender
A veces los carteles dicen cosas que nos parecen obvias

O dicen cosas que deberíamos pensar sin su ayuda

O dicen cosas que no tendríamos que tener que decir
Hay carteles por todas partes y mirarlos es mirarnos. No entiendo algunos carteles de Sudáfrica, pero me resulta fascinante lo que reflejan.




No entienden mi heladera.




Hablo de mi marido, mi familia y mis amigos. Hablo de todos cuando digo que no entienden mi heladera… pero yo la amo.

Hay algunas cosas que la vida moderna no me va a poder sacar. Algunas comodidades que no me serian cómodas y algunas actividades retro que me hacen muy feliz.

Cuando yo era chica, no tuve grandes hazañas con la heladera familiar de mi casa. Poco es lo que recuerdo de la heladera de mi abuela; solo que era petisa y estaba siempre excesivamente llena, tanto que mirar a su interior equivalía a no ver nada… barroca por dentro, pero súper minimalista por fuera, con muy poquitos imanes que había elegido ella, siempre en el mismo orden que hasta hoy (en una heladera más grande y moderna) conservan, nunca accede a agregar ninguno más. Menos recuerdos tengo de la heladera de mi bisabuela; enorme, aparatosa y pesada, con una manija muy dura y agarrada como “refuerzo” con una cámara de bicicleta (quizás por temor a que se le escape la manteca ¿?), cuando me pedía que le alcance algo, nunca la podía abrir.

No, las heladeras de la familia no han sido pieza clave en mi vida. No soy una apasionada de la cocina y las mujeres de mi árbol genealógico tampoco. Cuando me casé, mis suegros nos ofrecieron una heladera; habían cerrado una sucursal comercial y tenían en algún deposito una heladera sencilla, de supervivencia, casi sin uso. Sin freezer, sin mucho espacio, sin el estante de vidrio de abajo y la mejor parte; sin costo. Por supuesto, como toda parejita que se casa joven y sin muchas pretensiones, aceptamos felices y la adoptamos.

Después pasaron los años, crecimos, nuestros empleos mejoraron,  nuestros ingresos también (bah… ponele), fuimos mejorando la casa, cambiando algunos muebles, agregando otros, y la heladera sigue ahí. Empecé el relato explicando que no guardo gran nostalgia por electrodomésticos de esta línea, y no fue un legado con una fuerte carga emotiva, nada de eso. Tampoco me conmueve demasiado el título de “mi primera heladera”, el amor que le tengo no viene por ahí; sencillamente la amo porque me invita a jugar.

Esta heladera, a diferencia de las que seguramente ustedes tienen en casa, no está ni cerca de ser no frost, casi diríamos que es recontra frost (porque los años la pusieron ñañosa y hace más escarcha que ninguna) y gracias a eso, me veo en la obligación de jugar con estalactitas y estalagmitas en la comodidad de mi hogar de vez en cuando.


Descongelar la heladera (algo completamente pasado de moda) es para mí un juego fabuloso, en invierno o en verano, con lluvia o con sol, de día o de noche, en el stress y en el relax, me encanta!!!
Desenchufarla, y empieza el juego. Dejarla bien abierta y bastante vacía. Trapos, toallas y repasadores en todos lados para cuando comience a gotear. Llenarla de baldes y tarritos para cuando gotee más fuerte.

Ahora; música! Plik, plak, plik, plak. Gotas sobre plástico y gotas sobre metal, varía el ritmo según el clima y va aumentando la frecuencia a medida que el proceso avanza.
Peeeeeeero, no solo es música, también recreamos la vista. Muñecas, muñequitos, objetos muchos, luz, cámara, acción! Book de fotos en la escarcha! Miles de personajes aparecen en escena; princesas de hielo, monstruos de las nieves y seres varios posan para mi cámara y los flashes rebotan en el brillo de las chorreaduras de mi vieja heladera re-frost















Y como si todo esto fuera poco, más adelante, aparecen los derrumbes. Los pedazones de hielo de techo y paredes del congelador comienzan a ceder y se pueden liberar trozos grandes que amo reventar contra el piso del patio y verlos estallar en montones de astillitas brillantes, como vidrios que no cortan y que en pocos minutos serán agua corriendo en dirección a la rejilla, o evaporándose si el sol quema las lajas.



Verdaderamente, no entiendo a la gente que me insiste para que cambie mi heladera.




No entiendo algunos carteles... y me imagino historias.

Hace ya unos muchos años que escribí este textito.
Ordenando archivos lo encontré hoy y me sigue impactando la foto.
Surgió en medio de una de las salidas a campo de un curso que creo que hice en 2009.
¿Entienden en que cabeza cabe un cartel de estas características?
Yo no lo entendí, y me imaginé la noticia que sigue.

Cargill prohibiría la libertad a sus empleados.



Se presume que habría carteles con mensajes ocultos promoviendo la no libertad a los empleados de la empresa.
Fuentes cercanas a la organización dejaron trascender la existencia de carteles en varios puntos de la planta en los que se puede ver la imagen de una paloma tachada. Hay quienes sostienen que se habría dado la orden de intimar al personal a abandonar su condición de seres libres durante su permanencia en el puesto de trabajo.
Sin embargo, las autoridades de la firma Cargill sostienen que se trata de un malentendido causado por los carteles ubicados en las instalaciones del complejo Villa Gobernador Gálvez, que indicarían precauciones a tomar por los operarios respecto del ingreso de palomas al sector en el que se hallan los granos en las distintas etapas del proceso.
“El mensaje es muy claro, la imagen de la paloma es contundente. Si el objetivo hubiera sido lograr que los operarios mantengan la puerta cerrada, no habría necesidad de involucrar la imagen del ave; es sabido que un candado, o una puerta, o incuso la leyenda que acompaña el icono gráfico, son mucho más efectivos. Es lógico suponer lo que las autoridades están tratando de hacer; aquí hay mecanismos que operan en el inconsciente de los empleados y la empresa no lo va a querer admitir” afirmó un informante que solicito mantener su identidad en reserva.
Si bien ambas versiones parecen tener  una cuota de credibilidad, lo cierto es que la imagen capturada nos remite a la escena de un operario ingresando a las áreas rotuladas con ese cartel durante su jornada laboral, y es, cuanto menos, desmoralizadora.
Otras versiones sugieren que tal vez el icono este dirigido a las palomas vecinas, de manera que ellas puedan comprender que en ese lugar no es pertinente su presencia (como es de publico conocimiento, las palomas no saben leer). Sin embargo, esta ultima hipótesis, también genera controversia; ¿Acaso se trata de una discriminación directa a las aves? ¿Tenemos que leer entrelineas que estaría permitida la entrada al sector por parte de perros o gatos? ¿Nos encontramos frente a un caso de discriminación?
El mensaje escrito es muy claro, la imagen es confusa y polémica