No entiendo lo descartable



Vivimos en un planeta cuyos recursos deberíamos optimizar y el condenable reino de lo descartable no para de crecer hasta niveles de obsolescencia difíciles de entender.
Lo descartable nos aparece como fácil, barato, rápido y práctico, y nosotros, revestidos de un imperdonable cortoplacismo, nos dejamos seducir por la propuesta y allá vamos, como si elegir esos productos no tuviera consecuencias, como si la necesaria toma de decisiones opuestas a esta corriente no fuera impostergable para marcar la diferencia en un planeta que pide a gritos que lo dejemos de intoxicar.



En la mayoría de los casos, hablar de cosas descartables, es sinónimo de plástico; vasos, platos, cubiertos, manteles, botellas, bandejas, embalajes, packs, bolsas y más bolsas. Usamos mucho plástico para la comida y para la higiene… sospechosamente los más frecuentes momentos de nuestra vida. Increíblemente, el plástico es un material muy duradero, lo cual hace muy posible su reutilización una buena cantidad de tiempo, mientras que su fabricación involucra elementos naturales no renovables… lo cual, es más desastroso aun.


Sin embargo, mientras cientos de organizaciones con argumentos científicos motivan a abandonar el consumo de plásticos de un solo uso, erradicar las bolsitas de nylon y reducir las compras con envoltorios excesivos, no paran de aparecer nuevas alternativas de cosas que antes no se tiraban, pero ya las podemos tirar. Los productos que se vendían sueltos, vienen con su envoltorio descartable, los pañales que antes se reutilizaban, ahora se pueden tirar, los productos recargables, escasean y entre lavar y tirar, elegimos ahorran un cuarto de minuto y hacer un bollito un vaso, una bandejita o un tenedor de plástico. Basta.


La palabra descartable remite al doble daño de extraer de recursos, aplicar energía y procesos de dudosa sustentabilidad para obtener un producto por el que alguien va a pagar para usarlo uno a pocas veces y tirarlo, contribuyendo a la abominable generación de residuos con todos los males que esta implica; en el peor de los casos, deposición final en montañas de basura que no paran de crecer, ocupar espacio y generar enfermedades a los que viven cerca y mucho tiempo para degradar estos materiales, en el mejor de los casos, descartarlo como residuo reciclable (en los pocos casos en que eso es posible) y volver a invertir energía y procesos en que ese material vuelva a ser algo útil que posiblemente en poco tiempo se vuelva a descartar y así…



No entiendo la cultura del descartable a la que nos hemos aficionado, como si tuviéramos un mundo plan B para cuando terminemos de colapsar este.


No entiendo las neuronas espejo



Cierto es que no las entiendo, y cuando me puse a leer... me entusiasmé escribiendo un cuentito... que no responde claramente a la definición de neuronas espejo... pero si me llevó de paseo con la actitud de elegir imaginarse espejando a otras personas, este momento de duda, donde no sabemos si seguir el camino y pegar un volantazo y tomar otro... ahí cuando elegimos mirar al resto, para ver si alguien mas tiene las claves de nuestro existir


Otro viernes a las seis de la tarde. Julia cerraba la puerta de aquella oficina para la que trabajaba a cambio de un salario, pero sin ninguna satisfacción. La llave crujió en la cerradura aprisionando los problemas ajenos hasta el lunes en que Julia volvería a abrir esa puerta para sentir esos problemas como propios a cambio de dinero.
Se acercó a la esquina para cruzar la calle y un taxi retuvo su atención. Se imaginó conduciendo ese auto sin rumbo por la ciudad a merced de que algún fulano se suba al asiento trasero para indicarle un nuevo destino, incierto cada día, sonrió.
En la siguiente esquina una pareja entretenía conductores con sus destrezas circenses el tiempo que duraba la luz roja del semáforo. Julia sintió ganas de aprender aquellas artes y decidir cómo y dónde montar sus shows, arrancar sonrisas, despertar admiración de chicos y grandes. Sonrió.
En otra esquina encontró un revuelo. Muchas voces, mucha gente y en el medio, un periodista empuñando un micrófono para interpelar a los presentes. Quizás Julia sería feliz recorriendo el lugar de los hechos, entrevistando testigos, buscando noticias, generando contenidos de prensa. Volvió a sonreír.
Esa tarde, entre llamados telefónicos y timbrazos, Julia había leído sobre las neuronas espejo, un grupo de células dedicadas a reflejar acciones ajenas (como el contagio del bostezo o las ganas de ser taxista, artista callejera o periodista). Según la ciencia, estas neuronas explican que un bebé llore porque otro lo hace y que casi podamos sentir dolor por ver a una persona herida. Son la clave de la imitación como medio de aprendizaje y quizás la explicación de las ganas que experimentaba Julia de ser como cualquiera, menos como ella misma.

Otro viernes a las seis de la tarde con la posibilidad de elegir no volver a aquella oficina el lunes.

No entiendo las neuronas espejo, ni entiendo a quienes no cuestionan cada día su recorrido por esta vida...


No entiendo la sinestesia




No se si todos deberíamos ser sinestésicos... por momentos se me hace muy interesante que lo fuéramos.

Si no tuvimos la suerte de que nuestro cerebro se desarrolle de forma atípica y nos permita volvernos sinestésicos, estaremos toda la vida viviendo el mundo según el esquema de pensamiento que procesa la información sensorial por separado.

Alicia en el país de las Maravillas by Pablo Bernasconi <3

Cada uno de los cinco sentidos nos brinda datos acotados y un disfrute multisensorial solo será posible haciendo esfuerzos de abstracción, metáforas y rituales tendientes a producir alucinaciones.
Sin embargo, como personas no sinestésicas, el juego de mezclar los sentidos no resulta feliz para inventar mundos nos son inasibles.

  • Que sabor tienen las palabras que disolvemos en el paladar?
  • De qué color son las letras cuando las soltamos por la boca?
  • Que forman las notas musicales en el aire?
  • A que huelen los colores? Y las formas?
  • Que sabores son pinchudos y cuales son esponjosos?
  • Cuál es el sabor de la música? Y que color tiene?
  • Como suenan los colores?
  • Que gusto tienen las texturas?
  • De qué color son los números?
  • Son más dulces los colores verdosos? O los amarillos?
  • Que sonidos son ásperos y cuales son mullidos?
  • Es acido o amargo algo rugoso?
  • Hay olores fríos?

En el caso de los sinestésicos estas preguntas no las responden por asociación, sino con base en su percepción; involuntaria y automática. Ante el estímulo de uno de los sentidos, experimentan sensaciones de otro y perciben con los dos. Esto es otra prueba de que el mundo no es preexistente a nuestra experiencia de él. La realidad es individual, creada por nosotros.

No entiendo como no me tocó ser sinestésica… quizás para permitirme inventar mundos de sensorialidades superpuestas a mi voluntad.


No entiendo el Rio Paraná (1)



No entiendo como lo hace, pero el rio que  acompaña mi ciudad tiene muchas formas de ser vivido, sentido y conocido… se ocupa de contarnos algo a cada uno de los que le pasamos cerca…  y con cada uno establece un vínculo, que como todos los vínculos, fluye, muta y se renueva.

*****

El río se ve más lindo esta mañana, me acerco para mirarlo brillar bajo un tibio sol de agosto que traza un sendero dorado desde el cielo hasta donde estoy. Camino en paralelo al curso del río y el sendero dorado siempre va del sol hacia mí. El mensaje es absolutamente claro. Mientras cardúmenes (¿?) de camalotes navegan con calma hacia el sur, el astro rey me señala el brillo, el fulgor, la fuerza y la calidez de sus atributos, que me son conferidos a diario. Sus dones se vuelven míos, me llenan y hoy los siento. Absolutamente claro. Sobre el agua destella un senderito y yo camino, el sendero también.


El río marrón se ve azul fuerte y la fuerza se llena de viento suave que invita a la permanencia.
En pleno centro, zona donde el río se luce pero no moja. Hay muchos ríos en mi río y con muy pocos converso. El de hoy me habla manso y claro, me contagia, me potencia y me invita. El río de hoy tiene ganas de darme un empujoncito y el sol baja por él y me llama.
No es el de siempre pero es el mismo. Panta rei, todo el tiempo, aunque no lo vea. Panta rei, todo el tiempo mientras corremos. Hoy me habla, absolutamente claro.

*****


No entiendo a este Río Paraná


No entiendo a los que no portean



No debe ser fácil andar por el mundo siendo bebé. Ir de mano en mano... pasar de nadar a respirar. .. Tener que aprender a usar tu cuerpo y hacerte a la idea de que el cuerpo en el que vivías.... No es tu cuerpo, es uno que esta al lado tuyo, pero se llama mamá.

Para suavizar estas novedades no hay nada más obvio que la crianza con apego... Un método que es lo mas parecido al que usan casi todos los otros seres vivos del planeta. .. Pero nuestra especie lo cuestiona bastante.
El método de crianza... No es el tema de hoy. .. Hoy nos centramos en el modo de transporte de la cria de sapiens.

Ya me ocupe de explicar que el cochecito y yo no tenemos buena relación.  Lo considero un artefacto inútil y torpe... Sin embargo... Hay bebé y hay que moverse con  él.

Creo que lo pensé por primera vez en África. Estaba de vacaciones (sin el mas remoto interés en la maternidad) y me sorprendía que... Muy pocas y breves veces había escuchado niños llorando. 


Los  niños africanos no lloran . Porque lloraría un niño que esta pegado al cuerpo de su mamá?
Atarse un niño al cuerpo es embarazarse otra vez... Y eso es genial para ambos. También es darle la oportunidad al padre o los abuelos de estar un poquito embarazados también.


Es compartir los latidos del corazón.
Es como hacer upa... Pero teniendo las dos manos libres (recuperando la capacidad de lavar platos o colgar ropa... Cosas que con una sola mano... No se pueden hacer).


Esta bueno para la postura... Para distribuir cuidadosamente el peso... Para moverse con libeatad por la ciudad... subiendo escaleras o viajando en colectivo sin complicaciones.

Atarse un bebe al cuerpo es lo mejor que le puede pasar a un bebé. Le permite viajar cómodo y seguro... Eso es relajante para cualquiera. A su vez puede comer... dormir y ver el mundo desde la proximidad con su persona de confianza...

No entiendo a los que no usan elementos de porteo de bebés. Los cochecitos son un invento para adultos que no tiene muy en cuenta a los niños.


No entiendo a los cochecitos



No quiero caer en el autoriturismo de suponer que hay un solo tipo de maternidad... ni quiero derrochar la sapiencia de un solo hijo y una antigüedad de quince meses en el puesto de madre. Tampoco hice las cosas de manera tan radical y en un rincón de mi casa... yace inmóvil un cochecito. 


Es casí parte indiscutible  del combo del bebé... Y si bien me resisti a varios artículos. ..Que alguien traiga un hijo al mundo y no le  compre un cochecito. .. Es demasiado impensado... incluso para mi. 

Cierto es que compre uno de los más baratos y el más liviano y menos aparatoso que encontre. Tuve la precaución  de chequear que se pueda cerrar con una sola mano (atenta a la ineludible realidad de sostener un bebe con la otra mano) y que no tenga huevito para el auto (me pareció que ese bodoque de plástico más pesado que el bebé mismo no podía ser cómodo para llevar cual canasta de Caperucita).  

Bastaron un par de salidas breves a vía pública para descubrir que el cochecito y yo no teníamos química. Las imperceptibles irregularidades de la vereda hacían saltar a la peque dentro de su transporte... La inoperancía de la mama primeriza aportaba descontrol... cruzar calles era una situación de stress irremontable y pisar gente era algo imposible de evitar.

Los comercios con dos escaloncitos en la entrada se volvían fortalezas impenetrables y la búsqueda de ascensores en lugares a los que siempre accedi por escalera fue todo un tema. 
Estaba claro... esa cosa y yo no podíamos convivir.  

Por otro lado... La tripulante de la nave tampoco era feliz en el paseo y lentamente todo fue llevando a que ese adminiculo dejará de ser bienvenido en la rutina.

Tantas cosas podría decir en contra de los cochecitos... Que me parece ridículo que la gente los siga usando.
Claramente no entiendo los cochecitos y la rarisima sociedad que los inventó y aun no los destierra.

(Continuará...)


No entiendo las manchas limpias (2)



Ya expliqué que son las manchas limpias (pueden recordarlo acá) 
Las  manchas limpias desfilan por la vida esperando a que descubramos que son obras de arte, cuadros pintados por la casualidad en rincones hermosos de nuestra rutina.
Pequeños llamaditos de atención para contemplar cunado pasamos apurados por los días. Guiños de ojo de la oportunidad de jugar sin que nadie sepa que estamos jugando, porque... como dice Dolina que dice Barri... resolvemos seguir jugando en secreto.

No estoy del todo segura que todos podamos ver las mismas formas en las manchas limpias (y no le quiero poner ninguna carga psicológica al juego), es por eso que comparto fotos sin especificar donde están los dibujos que veo, y supongo, que si con decir que hay en la imagen no pueden verlos, podrán encontrar otras cosas... 

Una mañana, mientras trataba de no despertarme, vi desde mi cama una cara que me miraba entre mi ropa sin ordenar.


Un atardecer en Uruguay, creí que Mufasa me hablaba desde el cielo como en mi infancia vi que le habló a Simba.


En el tanque de agua que se ve desde mi ventana, hay una mancha de humedad sospechosamente parecida a un cuadro de Pablo Bernasconi perteneciente a la serie "Finales" sobre la novela "Ana Karenina"



En un revoleo de ojos me encontré con un robot con flequillo exhausto de tanto trabajar como aire acondicionado, el calor lo está llevando al limite de sus fuerzas y sus ojitos se ven cansados. 



Durante un viaje en auto de noche, un paquete de miniRodhesias abollado, a contraluz, se volvió la silueta perfecta de un perrito, que nos acompañó gran parte del viaje (no se si lleguen a verlo, pero en vivo, era muy genial).

























En el nudo de una cortina vi un bichito tragándose, o escupiendo, o teniendo por lengua la cortina misma


También tuve un conejito cachetón de rasgos muy nítidos, nacido de una manzana


Y un delicado pajarito que no le teme al frío y se asoma con sus delicadas plumas desde un pedazo de hielo


El mundo es un gran juego donde muchas pequeñas cosas nos esperan para sacarnos una sonrisa, no entiendo a las manchas limpias, pero acepto la invitación que me hacen de abrir la puerta para ir a jugar. 


No entiendo el agua



Cae en forma de lluvia conformando un círculo de un diámetro aproximado de unos, quizá, sesenta centímetros. Cae sobre mí, que estoy enrollada bajo su dulce abrigo. Mi cabeza reposa sobre una esponja y cada célula de mi cuerpo comienza a perder sensibilidad para transportarse a otro mundo; a uno que queda cerca, pero aun así es otro.


La temperatura del agua contribuye a que ya no sienta que moja. Solo puedo percibir el tibio masaje de la energía hídrica sobre la piel, y ya mis oídos están completamente sumergidos en el agua. Puedo escuchar sonidos muy distintos con uno y otro. El agua protagoniza ambas sinfonías, solo puedo entregarme a la magia del momento. Mis ojos cerrados imaginan paisajes submarinos y espectáculos montados por coloridos cardúmenes danzantes.

Por momentos la realidad intenta abducirme sin el éxito esperado, se hacen presentes fragmentos del mundo al que pertenezco, pero aun así estoy convencida de ser una turista en algún universo paralelo que existe solo en mi bañadera, solo para mi, al que solo accedo yo. La temperatura del agua tiene una intensidad diferente dependiendo de la superficie de mi cuerpo con la que hace contacto. Las gotitas producidas por el rebote de las gotas sobre mí, impactan con increíble audacia transmitiendo una temperatura inferior al impacto de la gota original.

Llevo horas paseando por la nada que el agua dibuja sin pudor sobre mi vida, debería sentir culpa, si estuviera permitido en este estado, pero no es así. Sin embargo, la realidad, después de muchos intentos me roba un suspiro desganado y me invita a, muy suavemente y con total tranquilidad, abrir mis ojos. Una molesta sensación de gotitas impactando mi retina me irrita y fastidia. Busco alguna posición más cómoda. El espacio es muy reducido, no puedo estar del todo a gusto. Encuentro un punto de equilibrio. Mis ojos abiertos descubren, mirando al techo, que el espacio que me condiciona tiende a verse en constante reducción y por un momento creo sentir miedo, tal vez estoy en un error. Mi perspectiva óptica se contrae y la tranquilidad adquirida se desvanece ante la inminencia de un mundo que parece querer aplastarme y se burla de mi vulnerabilidad.

Estoy mojada. Ahora, otra vez, tomo conciencia de que lo que me toca es el agua, y por capricho de la naturaleza me siento mojada, cosa que hasta recién no percibía. Es agua.

Lentamente trato de volver al mundo del que soy habitante, participante, dueña y responsable… responsable? y, si… quizá, si. Puedo sentirlo… están presentes ambos, son dos mundos, están ahí y se baten a duelo por mi alma. Ambos quieren llevarme y yo no tengo voluntad para decidir donde ir, la realidad y el agua me atraviesan en todas direcciones y mi cabeza comienza a girar. Se agolpan las ideas, se mezclan las nociones, no se que quiero. El querer y el deber. Desfilan infinidad de dicotomías por mis pensamientos, si es que puedo afirmar que pienso.

El final todos lo conocemos… desde el momento en que estas letras fueron trazadas deducimos que la realidad me cuenta entre sus filas como una obrerita mas, trabajando sin mas remedio por hacer de este mundo un lugar mejor. Era más fácil dejar que el duelo lo gane el agua, pero no hubiera sido correcto. El paseo puede volver a repetirse, pero soy ciudadana naturalizada de la realidad. Habito la realidad, trabajo por ella, y aunque me tiente el mundo de los placeres tengo una misión que descubrir y concretar.
De todos modos, detrás de la mampara tengo una puertita que me conecta a otra dimensión y cuando la vida me agobia y el mundo se me viene encima, abrir esa puerta siempre va a ser mi contacto con el mundo del agua. Ese mundo que nos recorre por dentro y por fuera, en todos los estados y temperaturas. Es el agua, es la salida, es el escape, es la clave  a la que recurrir en casos de emergencia. Solo hay que tener la convicción de saber que hay que volver.
(La yo del 26-6-2005)


No entiendo los cementerios de televisores



Si yo tengo dos fotos de situaciones distintas de esta realidad... implica que hay muchas... Pero muchas más.


Y quizás peco de nostálgica si digo que me angustia ver estas escenas que se dan cita desde hace años con diversos matices e intensidades.


Desde que alguien delineó televisores chatitos y coquetos... Los entrañables aparatos de la foto sintieron que serian víctima de la obsolescencia programada (categoría conceptual incluso posterior al nacimiento de muchos de ellos... Pero fenómeno que logra sumarlos a la lista de cosas que tienen que dejar de usarse porque les llegó su tiempo).

Ni quiero enchufar alguno de ellos para comprobar que no es el funcionamiento... Si no el estilo lo que los expulsó de sus hogares. No quiero imaginarme explicando a las nuevas generaciones porque se le llamaba caja boba a algo que no tiene forma de caja, como los modernos televisores... o contar una anécdota de haber perdido algo que apareció arriba del televisor... porque en mi época los televisores tenían un arriba.

Me apena ver a los patriarcas de la familia de los ochentas y noventas dejar de estar en la cabecera de la mesa para estar en un contenedor de residuos sin el mas mínimo honor (vil metáfora de un geriátrico. .. No debería sorprenderme).

Hay algo bucólico en verlos de a montones... Como un llamado de atención ... Como una manifestación de jubilados reclamando que algo pase... trato de entenderlos... gritan fuerte... Pero en la euforia... Se hace poco claro. Que nos quieren decir esos televisores... Que nos reclaman esos adalides del entretenimiento vacío que ahora nos miran desde la intemperie. Es acaso una invitación a volver a jugar en la calle? Es una propuesta de recuperar el aire libre?  Es una celebración de lo que nos perdimos por su culpa y no nos tenemos que volver a perder? De pronto podemos pensar que si las nuevas pantallas nos caben en un bolsillo... quedarnos encerrados ya no tiene fundamentos. Y ni los televisores se quisieron quedar en casa...

No entiendo si sobreinterpreto los mensajes de los televisores en sus cementerios.


No entiendo al paso (9)



A veces me preocupa saber donde están las prioridades de la humanidad que nos concierne.
A veces veo cosas que me reconcilian con esa humanidad
A veces, el dinero, el trabajo, el deber.... dan paso a lo importante.
No entiendo como no pasa más seguido.


No entiendo al paso... pequeñas cositas cotidianas,


No entiendo de números



Si bien durante mi colegio secundario los números me resultaban de gran facilidad... nunca fueron mi preferencia. Claramente... Mi orientación tenía más raíces en las letras y alguna vez... Hace ya varios años... Me puse a jugar con  una calculadora y de repente... entre los números emergió un cuento...

Les comparto esta pequeña discusión numérica que escribí seguramente hace más de quince años... no lo edité, enriqueci o modifiqué porque es una versión de aquella que fui y no se si hoy tengo autoria de lo que aquí se puede leer.  Porque como no entiendo mucho de números... Los vuelvo relatos.


La venganza del 8
En la calculadora se estaban peleando los diez dígitos. Estaban discutiendo quien era el más importante de ellos. Todo esto se desató cuando el número cinco preguntó:
-          Ustedes chicos, quien creen que es el mas importante de nosotros?
-          Y… yo- dijo el número dos- yo soy el mas elegante, el cisne que dibujan los niños pequeños, el primer numero par, el segundo digito, el…
-          El mas vanidoso! –interrumpió el numero tres- yo soy la mas linda, si una mamá le dá un plazo a su hijo es obvio que dice “cuento hasta tres”, hasta el número mas lindo, hasta el numero de mejores curvas, hasta el número mas elegante, hasta el número con mas popularidad mundial… hasta tres!
-          A veces la mama que da el plazo dice cuento hasta diez y es ahí cuando Uno y yo tenemos mas importancia que vos- dijo el cero con voz suave y tranquila- además el Uno es el mas lindo de nosotros y el segundo puesto es para mi.
-          No comparto tu opinión Cero- dijo el ocho- el mas lindo soy yo, tengo mas curvas que el tres, mas elegancia que el dos, mas importancia que el uno, mas…
-          Mas vanidad que todos y sos mas caprichoso que Cuatro- dijo Siete- aceptalo Ocho, no sos mas importante que Uno.
-          Uno!!! Te desafío a un duelo a muerte- grito Ocho enojadísimo.
-          No Ocho, Uno no va a aceptar, el no es peleador como vos. Mejor dejémoslo ahí- dijo Cero con su voz dulce- Vamos a jugar
-          Si!- Exclamaron todos entusiasmados y con ganas de no discutir mas
-          Vamos a marcarnos en la pantalla de la calculadora- propuso Uno, y todos estuvieron de acuerdo
Se fueron ubicando en la pantallita en forma muy ordenada 1; 2; 3; 4: 5: 6: 7: y como Ocho estaba ofendido, siguió 9. Una vez ordenados todos Cero llamo a Ocho para que se una al juego y como el seguía ofendido y era muy vengativo acepto jugar con ellos y los multiplicó.
Queres saber cual fue la venganza del Ocho?
Hace la prueba!
12345679    X   8  = 

Cuando tengas el resultado de la multiplicación podrás ver que el Ocho se vengó de Uno.


No entiendo las mariposas



Otra vez escribiendo sobre bichitos… en alguna vida pasada debo haber sido entomóloga
Hoy me reencuentro sonriéndole a las mariposas, esos bichos que son las nenas bonitas entre los insectos, porque nadie se tatuaría una cucharacha, o usaría remeras con imágenes de mosquitos, ni tomaría el te en una taza con escorpiones. Las mariposas gozan de buena reputación entre los humanos, de una manera poco usual que ni las polillas alcanzan, a pesar de su gran parecido. Y hoy también las ponemos de relieve, porque si hay algo que sorprende, maravilla y no se entiende es la metamorfosis que las alumbra.

Las Asclepias son las plantas elegidas por las Mariposas Monarca

Las mariposas son lo que son después de haber pasado por una serie de sucesos que inician cuando una mariposa de coloridas alas pasa cerca de una planta para dejar sus diminutos huevos. De ese huevo, sale imperceptible, lento y poco querible un gusanito, cuyo objetivo será comer para crecer… engordar



En algún momento que solo esa oruga sabe cual es... Se aleja de las plantas para convertirse con movimientos veloces en un capullo. 



Y al cabo de un tiempo... Por la parte de abajo del capullo sale finalmente una débil mariposa de alas húmedas y enrolladas, que necesitará del sol para completar su transformación 



Ese es el largo proceso que un bichito rastrero y poco popular atraviesa para llegar a ser un querible espécimen con positivas connotaciones 



Claramente hay mucho que aprender de estos pequeños seres y son una metáfora que aplica a muchos campos de la vida!



No entiendo los viernes



Lo principal es tener mucho cansancio, el cuerpo lleno de cosas hechas y la satisfacción de merecer una recompensa


También vamos a necesitar una silla, para sentarnos y sacarnos los zapatos, revolear las ataduras físicas. Necesitamos para eso ropa muy holgada, gastada, de esa que el paso de los años le saco la forma y nos queda blandita.

Otro súper ingrediente es el chocolate, en polvo para la leche, en chips para picar, en bombones para mimarnos, en barra para excedernos, en helado para deleitarnos, en todas sus maravillosas formas, no hay viernes sin chocolate.

Sumemos a eso algún jueguito, de internet, o del teléfono, lo importante es que no requiera pensar, un jueguito pavo, sensillón y si se puede colorido, se puede reemplazar por un mazo de naipes, si se tiene conocimiento de "Solitarios", con eso terminamos de limpiar la cabeza de las impurezas de la semana.

Algunos opcionales pueden ser películas, libros, cuadernos para escribir o dibujar, algo para modelar o elementos para alguna actividad manual (que nada tenga que ver con el trabajo del resto de la semana)


Y en este punto quizás muchos no estén de acuerdo, pero para mí el gran condimento de los viernes es un gato. Todo lo anterior se potencia con un buen ronroneo sanador. Ahora si, estamos en condiciones de encarar el fin de semana.

No entiendo otra forma de celebrar un buen viernes.




No entiendo algunos rituales (4)




Para hablar de rituales, nos salimos de la vida cotidiana y nos situamos en un tiempo espacio determinado y situaciones extraordinarias, que reconocidas como tales por los sujetos, dan lugar a la práctica ritual. ¡El rito del cumple feliz es una cosa de no creer!


¿Que se supone que festejamos? Juro que no me molesta festejar, pero de verdad haber sobrevivido no creo que sea un motivo de “felicitación”, y que la gente nos de regalos por la simple proeza de haber llegado vivos a la fecha en que nacimos una vez más.


No entiendo algunas exageradas demostraciones de aprobación; como aplaudirte por soplar una vela (un pequeño logro que te festejan muchos). A todos nos aplauden por apagar velas soplando… en tu próximo cumpleaños, pensalo entre los aplausos; “qué onda? que hice? Apague una pequeña velita soplando y decenas de personas me o celebran desproporcionadamente… raro.

La decoración... La torta... La vela... Hay cosas que deben haber tenido una explicación y ahora ya no se entiende para que o porque lo hacemos.

No entiendo muchos rituales. .. Los cumpleaños... No son la excepción 


No entiendo el cielo



 A veces me olvido que el cielo no existe                         


Voy a trabajar temprano,  y el colectivo me deja en un movimiento que evita que me despierte del todo. En un momento del  recorrido, una curva, un río preponderante se abre paso entre los edificios y el cielo, haciendo juegos de colores distintos cada día, sorprende.
El sol, la humedad, las cuatro estaciones, es tanto lo que influye en los colores del cielo, que cada mañana se ve distinto, cada mañana se muestra radiante, esplendido, dan ganas de estamparlo en una foto, de volverlo postal... ya no lo hago, pero antes trataba de tomar fotos y con solo tratar de sacar la foto, lo recuerdo
El cielo es algo que no está  ahí. Me olvido, saco foto, lo recuerdo. El cielo es luces y el obturador no se puede permitir capturar su show


 El cielo no existe, son proyecciones de sol en las nubes, en las partículas suspendidas, son danzas de luces entre cuerpos celestes, son inventos de nuestros ojos cuando miran a un arriba que  no llegamos a terminar de ver, un arriba donde no hay nada y está todo, el cielo con su paleta de acuarelas no existe, con sus estrellas en la noche, no   existe, con su poesía urbana, no existe.
No hay tal cielo, no existe más que en la postal de la mañana desde el colectivo con sueño, solo existe en la imagen al final de la ruta desde el parabrisas, existe desde la cama frente a la ventana en tormenta eléctrica, existe entre las ramas cuando nos tiramos panza arriba en el parque, existe en el horizonte, existe en la retórica, existe sin existir y espera que le demos existencia.       

No entiendo como me olvido que el cielo... No existe                     

No entiendo los menonitas



En esto no hay novedad, no soy la única que dice no comprender aquellas comunidades rurales, voluntariamente aisladas de la tecnología que deciden hacer un stop en el avance del tiempo y rendir culto a la indumentaria naif, digna de un libro de Sarah Kay.

En medio de no entenderlos, logré alimentar en mí una mal sana curiosidad que no hice muchos intentos en detener. Primero un relevamiento bibliográfico que me ayudara a entender sus fundamentos (algo que les recomiendo y no les voy a ahorrar), después un paseíto entre los blogs de personas que compartieron algo con ellos… y finalmente, geolocalizar la colonia más cercana. La Pampa.

Fue solo cuestión de buscar un fin de semana largo en el calendario (odio viajar en esas fechas, pero los argentinos son muy organizados… van todos a la costa y Córdoba, mi ruta, no implicaba embotellamientos). GPS activado, allá vamos.


Establecimos otros hitos en el itinerario para evitar que el viaje se haga largo, y una mañana, nos abrochamos los cinturones con rumbo a La Pampa (ya habíamos hecho noche en una localidad del sur de Buenos Aires, y estábamos muy cerca). La ruta estaba claramente señalizada, y fácilmente encontramos el ansiado desvío, apenas treinta kilómetros de camino de tierra nos separaban de los tres campos que conforman la Colonia La Esperanza.

Un claro indicador de estar en la nada

A los saltos llegamos al primer campo. Al igual que los otros dos, se componía de una calle única con grandes casas a cada lado que indicaban la ruralidad de la forma de vida; amplias extensiones de césped y arboles entre el alambrado de inicio de la vivienda y la casa misma. Maquinaria agrícola en cada patio, gallinas como únicos seres visibles al principio de nuestra visita.

Ni un ser humano a la vista. Ni un espacio público donde hacer picnic para esperar que pase algo. Nos costó tomar la decisión de bajar del auto, y tras ir hasta el final del primer campo, estacionamos en el inicio para intentar un contacto cercano.


En algún momento entre el silencio se escucho un caballo. El conductor del carro, pálido adolescente de cachetes colorados, nos saludó levantando un corazón, supongo que en señal de bienvenida (una señal poco clara, y nada reflejada en su rostro)


Agudizando la mirada empezamos a ver niños jugando en las casas, niños espiándonos desde las cortinas de las casas, niños entre los arboles, niños a lo lejos. Parecía una aldea de niños solitarios, temerosos y espectrales.


Sus vestimentas, bastante homogéneas y siempre oscuras se perdían en el horizonte en el momento en que cruzábamos miradas y corrían a esconderse llenos de vergüenza.
En algún momento, otro carro, esta vez con dos caballos y la onírica imagen del lechero, llevando con sigo una buena cantidad de los tarros de zinc que afloraban en todas las tranqueras de la Colonia.


El resto de la tarde, el resto de los campos, el resto de nuestros intentos, no arrojaron mayores novedades, vimos muchos chicos jugando, varios caballos, muchos tarros de lechero, algunos hombres con niños dentro del perímetro del alambrado, ninguna mujer, un niño montando genialmente a caballo, una cantidad exagerada de gallinas. 

No cruzamos palabra con ninguno... no fue de su interés, nos retiramos cuando nos sentimos invasores. Fue en el preciso momento en que tuvimos la impresión de estar haciendo intentos de cosificarlos, de observarlos en modo zoológico, de ir a mirar lo raro, a robar la foto... y la idea era compartir un ratito, pero como no hubo idea similar desde el otro lado... nos fuimos, para no molestar.

No entiendo a los menonitas, pero la curiosidad, es mutua