No entiendo; Es un blog de reflexiones simples sobre cosas de la vida cotidiana que están muy naturalizadas, pero no las entiendo.
No entiendo el invierno
Los inviernos sin
nieve son menos inviernosos, pero tienen algunas cositas que nos delatan que el frío está entre nosotros para adecuar algunos hábitos.
Todos estamos de
acuerdo en que el invierno se inventó para comer.
La única diferencia que
podemos tener en este tópico es lo que comemos. Algunos somos indiscutidamente chocolatosos,
otros disfrutan más las sopitas, hay abanderados de las pastas, y militantes
del café con leche, hay fans de las harinitas y adoradores de las bagnacaudas,
pero todos, en invierno... elegimos la ingesta como bandera.
El invierno también
te hace otros regalos… como las reuniones en casas, las lecturas con mantita,
las ropas gordas que te abrazan, el humito en la boca de charlar en la vereda…
El reto deliberado de las bajas temperaturas a nuestros cuerpos nos disfraza con narices
rojas, nos sorprende con la solidaridad en la distribución desinteresada de fármacos
de venta libre entre compañeros o en la trasmisión oral de remedios caseros. 7
Es cierto que en
invierno nos enfermamos un poquito más, sí, pero eso nos sirve para construir
montañas de pañuelitos descartables, plegar grullas con prospectos de pastillas y
buscar la excusa para que nos mimen un poco o mimar a los más chicos.
Los días más
cortos nos devuelven al nido con ganas de interiores y nos reencontramos con
nuestra casa para sumergirnos en almohadones, comidas, lecturas y el muy
postergado calor de hogar... las duchas calientes nos disuelven el frío de los exteriores
y nos dejan poner las pantuflas. Las mascotas están de fiesta y se acurrucan a
compartir lo blandito de la temporada, porque en invierno estamos todos
mulliditos, con ropas peluditas y colores cálidos que desafían el clima con el
poder de la sugestión.
Nadie entiende
mucho el invierno y unos cuantos lo rechazan con palabras feas, pero a mí me
enamora de las jornaditas de procrastinaciòn y los abrazos gorditos con los seres queridos.
No entiendo a Agosto
Agosto empieza con “A” de alegría, cuando las
vacaciones de invierno nos dejaron contentos y listos para enfrentar la segunda
mitad del año
Agosto, sigue con “G” de grullas, cada el seis de
ese mes mientras recordamos esperanzados el aniversario de aquel espantoso día de
Hiroshima y plegamos con la convicción que nos congrega a construir la paz
cotidiana
Agosto, con “O” redonda,
como un globo, porque es el mes de los niños y la chocolatada compartida,
el mes que celebra la infancia y hace fiesta en cada barrio para invitarnos a
jugar
Agosto con “S” de sol, como el
que reaparece para regalarnos algunas tardecitas tibias que nos reencuentran en
el parque.
Agosto con “T” de tormenta,
porque nos regala la furia de Santa Rosa que parte el cielo para hacernos
vibrar con el fenómeno atmosférico que anuncia su despedida
Agosto que termina con la “O” de omisión, porque es un mes con perfil
bajo, que silba despacito y sin hacer mucho ruido, pasa inadvertido entre la
humanidad
Agosto pasa sin dejar huella,
, antes de la maratón de fin de año... agosto de mucho
viento y rutina sin sobresaltos, no tiene muchos relieves y llega cuando
estamos con el piloto automático encendido, surfeando el año, con la rutina
estable y las cosas regularmente en su lugar
No hay mucho que decir de agosto, no entiendo el
hechizo que lanza sobre nosotros cuando nos hipnotiza con dominguitos que
invitan al aire libre y nos acorrala con heladas matutinas, pero todo con una
sonrisa calma que nos hace quererlo sin querer, porque no es extraordinario,
pero viene bien, porque no siempre tiene que ser todo explosivamente bueno.
No entiendo las grullas
Semba-Tsuru, Mil grullas…
...es una creencia popular japonesa que asegura
que siguiendo la milenaria técnica de origami,
plegando mil veces la grulla, se logra alcanzar la larga vida y
felicidad.
Estoy en mi infancia… escuela primaria,
primeras lecturas elegidas sin que la seño o mamá nos inviten a
leer. Decisiones profundas. La tapa del libro anuncia “No somos
irrompibles”, un libro clásico de biblioteca áulica de mi
generación, leo el prólogo y es justo lo que esperaba. Entre los
cuentos, paso las hojas entusiasmada, y entonces se abre una bisagra
eterna en mi mundo: Mil grullas
Elsa Bornemann cuenta la historia de dos chicos
que juegan juntos, hasta que la guerra hace su triste paso por las
jóvenes vidas de estos enamorados. Yo atravieso renglones sumergida
en la historia real de una ciudad lejana que en 1945 vio desvanecerse
a medio millón de japoneses. Yo, en pantuflas en mi casa de Rosario,
me imagino el corazón hecho un bollito de un nene que plegó durante
toda la noche cuadraditos de papel para salvar la vida de su amiga.
Mi primer cuento sin final feliz.
Años más tarde escribo una poesía y me animo
a leerla en público en un grupo de adultos interesados en la
literatura. Soy por lejos la más joven, leo con voz temblorosa y el
aplauso me pone muy colorada
“No
era cielorraso pintado en color fuego,
No había sido inventado por un niño cuentero,
No era año nuevo, noche buena o navidad,
con fuegos artificiales de un color en especial
El cielo de Hiroshima,
cielo rojo fue ese día,
la guerra fue fatal
terminando por completo con el pueblo japonés,
pueblo que, sabes, que no volvió a ver el sol”
Nunca me olvidé de esos versos, nunca me
olvidé de las grullas.
Muchos años después, estaba por casarme y
decidí plegar mis mil grullas. Ya eran tiempos de internet y en la
búsqueda de tutoriales, apareció una acción por la paz que tenía
sede en mi ciudad. Tuve que encontrarlos, tenía que ser parte de ese
grupo.
Aprendí
los pasos. Plegué grullas, me casé, seguí
plegando. Me sumé a Mil Grullas por la Paz, la acción pública de
Rosario que cada seis de agosto expone montones de grullas
de papel a montones de kilómetros del lugar en el que nació la
leyenda.
Conocí
gente. Plegué con otros. Enseñé a plegar. Expliqué la guerra como
si tuviera explicación. Doblé papelitos junto a dedos chiquitos,
dedos arrugados, dedos largos, dedos torpes, dedos ágiles… todos
los dedos del mundo pueden construir la paz.
Cada año, las grullas me hicieron distintos
regalos. Personas, momentos, juegos, lágrimas. Cada año, en algún
lugar, alguien me preguntó la razón por la que mis manos siempre
juegan con cuadraditos de papel.
El acto de plegar una grulla es tan simple,
pero tan complejo como la mismísima sinfonía de la paz. Cada
pliegue requiere una prolijidad que lleve al equilibrio la pieza, y
cada una implica una dedicación que el conjunto no resta.
Pienso en niños plegando grullas, pienso
grupos de gente en una mesa y papeles cuadrados, pienso en patios de escuela con grullas, pienso en brazos
abrigados con camperas gordas, que pese al invierno sacan las manos
de los bolsillos para plegar. Pienso en discusiones y pliego grullas,
pienso en momentos tristes y pliego grullas, pienso en gente querida
mientras pliego grullas. Un niño desconocido en la espera de un
aeropuerto, pliego una grulla, comparto una sonrisa. La fila del
banco, un momento de espera, espero entre grullas. Una reunión de
trabajo, tensa, dinámica o aburrida, se charla distinto mientras se
pliega una grulla. Una golosina muy rica, pliego el papel. El boleto
de colectivo, el esfuerzo del trabajo cotidiano, pliego el papel. El
ticket del supermercado, el pan de cada día, pliego el papel. La nafta, un pasaje o un peaje... pliego cada viaje. Invento rituales dentro del ritual de las grullas.
Las amontono en cajitas por toda la casa, las enhebro de a cincuenta, las entrego cada año al viento de agosto en el que Hiroshima sobrevuela Rosario para que no nos olvidemos que la Paz es tarea de todos.
Las amontono en cajitas por toda la casa, las enhebro de a cincuenta, las entrego cada año al viento de agosto en el que Hiroshima sobrevuela Rosario para que no nos olvidemos que la Paz es tarea de todos.
Cada año, en Rosario, se despliega la paz, se
elevan los deseos colectivos, esos que las sociedades se olvidan de
tener, lo grupal, lo que nos une, nos convoca, a todos. ¿Quien
podría no querer la paz?
No entiendo las grullas, pero ellas me
entienden a mi.
No entiendo las vacaciones de invierno
No entiendo la interminable fila del cine, el teatro o el
espacio cultural al que muchos chicos no van durante el resto del año pero es
impostergable hacerlo entre esas dos semanas que las escuelas cerraron sus
puertas para obligarlos a cumplir con tareas impuestas por los padres, tíos,
abuelos, padrinos y demás personas que necesitan sentirse buenos guías espirituales
de las generaciones futuras, aunque quizás en el resto del año no se hacen
presentes en la vida de los chicos y no intentan encontrar ratitos para
compartir tiempo de calidad.
Abuelos con las manos repletas de camperas y racimos de
paraguas soportando muchas horas de nietos en medio de multitudes de niños y gastando
altas cifras en cosas que pocas veces lo valen, es una imagen repetida. ¿Quién los
culparía de no querer hacerlo nunca más?
Una tía coquetea con el payaso que intenta convertir un
globo en un perrito para su sobrino, que los mira a ambos con cara de pocos
amigos. Una señora grita en la boletería de algún lugar en el que ya no hay
entradas mientras zamarrea del brazo a su hijo que no sabe si es peor no poder
entrar o padecer la reacción de la madre. Una hermana mayor interrumpe todos
los juegos de un chiquito para que mire a cámara… “Foto, Gordi, Foto…”, el
juego es solo la escenografía de una historia de instagram para muchos. Un tío
juntó valor y sacó a pasear cinco sobrinos de edades diferentes y no tiene idea
de cómo elegir una película adecuada para todos. Diez vendedores ambulantes ensordecen la fila del teatro promocionando productos de espantosa calidad y generando caprichos en los niños que esperan para entrar a ver un show que no vale la pena, pero todavía no lo saben. Muchos automovilistas discuten en el estacionamiento de muchos shoppings. Tres nenes malcriados lloran
a gritos para deleite de la cajera de la juguetería a la que un papá divorciado
le quiere hacer decir cosas que lo salven del drama. Alguien repite "te dije que no tengo plata" en algún lugar, ante algún producto a algún niñito. Una señora apura a un niño
para que termine de jugar y vaya a otro juego, porque “no se puede quedar toda
la tarde jugando a lo mismo” (¿por?). Una abuela atormenta con su teléfono a un
pequeño niño para tomarle una foto con un extraño muñeco gigante que camina
hacia él causándole horror.
Tienen las vacaciones una cosa de obligación que les hace un
cortocircuito raro, hay unos detalles de
que compartir no es consumir (en el más amplio sentido del término) que me hace
pensar en las inevitables caras de fastidio de los adultos que recorren esos
espacios con chicos de una forma tan poco disfrutable que hace entendible que
no quieran repetirlo hasta el próximo año… unas panzadas de actividades con sobrecarga
de expectativa en un clima poco amigable y con temperaturas que tampoco suman
al disfrute.
Padres y parientes muestran su afecto sobreviviendo a
amontonamientos humanos con la pretendida ilusión de que ese sacrificio vale el
amor de un infante, al menos hasta el próximo julio. Circulan resignados a dar lo
que haga falta para que sus chicos cumplan el ritual de lo que las vacaciones
implican. No entiendo la obligación de comprar el pororó, la gaseosa,
el helado, el libro, el juguete y la cajita feliz en esos días. No veo genuinas
un montón de muestras de amor con carita de consumo.
¿Sabrá esta gente que hay cine todo el año? ¿Qué hay niños todo el año? ¿Qué podemos
espaciar un poco las cosas lindas para dar gratos momentos sin tanta presión? Hay
juegos, paseos y actividades de igual o mejor calidad a las que asistir con
menos stress y atravesando experiencias menos tormentosas.
Quisiera entender las vacaciones de invierno sin otra vez
sentir que es la rutina de la no rutina y que si no hay escuela corresponde
seguir una serie de paso ya trazados que son los que todos disfrutamos y todos
los chicos merecen… porque quiero pensar que ya sabemos que los chicos no todos
son iguales y sus interese y necesidades tampoco.
No entiendo las vacaciones de invierno, la voracidad de
consumir sin medida, de pasar por todo sin que el disfrute sea el objetivo. Lo hacemos
porque es lo que hay que hacer según alguna entidad superior y al costo que
sea, aunque eso implique no disfrutar nada.
No entiendo esta muñeca
Definitivamente la lógica de mercado tiene previsto hacer colapsar el
planeta y va a convencer a los niños de sumarse al plan.
Son varias las marcas y muchos los ejemplos de juguetes que promueven el
contaminante e infinito consumo con matices de sorpresa y
entretenimiento; bolas, huevos, cajas, bolsas… son muchas las variantes de
productos que al comprar desconocemos y nos prometen sorprendernos al quitar las
capas de embalaje. Además, en todos estos casos, lo que encontramos es
coleccionable, acumulable y lo divertido es abrirlo (retirar la basura que lo
recubre) y no tanto jugar con él. De ahí el furor audiovisual que YouTube
celebra con el boom de los Unboxing (largos videos de gente desenvolviendo
juguetes sorpresa)
Las modas nunca las entendí y
la terrible influencia del mercado sobre la infancia, menos aún.... Por
consiguiente, me cuesta comprender que por estos días, mientras muchos tratamos
de revisar nuestras prácticas de consumo en pos de la sustentabilidad, se les esté invitando
a las infancias a abrir y tirar envoltorios para encontrar un juguete
probablemente repetido cuyo fin último es ser acopiado junto a otros muchos
parecidos… al parecer, la parte creativa y saludable de jugar con el juguete, es
la menos relevante, y la diversión, se reduce al momento de vacío consumismo,
de abrirlos y ya…. Salgamos a comprar otro, para abrirlo y frustrarnos porque
no es el que teníamos ilusión de que nos toque y salgamos a comprar otro para abrirlo y
lamentarnos porque nos tocó uno repetido, y salgamos a comprar otro….. y así…
residuos, sinsabores, incompletitud, sensación de que nos hacen falta mas…
Podemos encontrar en esta tipología de juguetes, un montón de variables….
Los nombres son un poco extraños (incluso, de este lado del mundo, nuestros
peques no saben pronunciarlos), pero queda la posibilidad de googlear, para
conocer cada versión; Num Noms, Hatchimals
Colleggtibles, Pikmi Pops, Roblox Toys,
Shopkins, Care Bears Care-moji, Disney Tsum Tsum Mystery, Lost
Kitties. Smooshy Mushy, Surprizamals, Cutie Fruities Minis, Gift
Ems… en definitiva… hay miles… hasta podemos suscribirnos para recibir una
Kawaii box cada mes, que es una caja llena de cosas que no necesitas y ni sabes
que las compraste, pero prometen ser “tiernas”
Hoy me senté a escribir las muchas cosas que llevo tiempo pensando en torno
a las populares y pequeñas muñequitas L.O.L. Surprise, las más populares dentro
de esta tipología de juguetes que desconocemos al momento de la compra.
Empecemos por presentarlas; se trata de una bola de plástico rígido,
cubierta por varias capas de plástico desechable que finalmente encierran una
diminuta niñita de plástico (en una versión nueva hay un muchachito, pero
el resto, son niñas) que puede ser una de las muchas que tendremos el afán de
coleccionar. Lo primero que nos sorprende es su costo altísimo, sabiendo
que tener una no alcanza, porque hay que coleccionarlas, la elevada cifra llama
un poco la atención, puesto que la colección es casi infinita, porque a la
amplia variedad de muñecas se le han sumado variables en las diferentes “series”
que aportando cambios muy mínimos, nos incentivan a no dejar de estar atentos
al mundillo L.O.L. (aquí se pueden conocer las diferencias https://munecaslol.com/lol-surprise-todas-las-series/)
Las bolas de L.O.L. se anuncian con el pretencioso compromiso de ofrecer
siete sorpresas y podríamos pensar que se trata de siete juguetes, pero no… no
son siete juguetes, y la sorpresa no es tan sorprendente. Lo que encontraremos
en las primeras capas de envoltorio son anticipos de la muñeca y lo siguiente
son sus partes. En concreto, las primeras tenían las siguientes instancias:
1. Mensaje secreto: un papelito con dibujos que nos anuncian a que subcolección
de la colección pertenece la muñeca que se oculta en esa esfera
2. Stickers para marcar en la lista de colección cual es la “habilidad de
la muñeca” (llorar, hacer pis, escupir…)
3. Una mamadera, botella, cajita de leche para darle de beber a la muñeca
4. Zapatos
5. Ropa
6. Accesorio sorpresa (vincha, lentes, corona, pañuelo…)
7. La muñeca
En síntesis: Basura-basura y la muñeca despedazada que es la única cosa en
líneas generales, entonces, ya no compremos una muñeca en una tienda, porque a
los niños se les está enseñando a comprar juguetes sobre envueltos que ni saben
exactamente que juguete es.
En torno a la característica de “coleccionable”, me parece (junto a lo anti
ecológico) una de las peores trampas comerciales…¿hay algo más perverso que
exacerbar el consumo y potenciar las diferencias económicas entre niños? Y para
colmo, se trata de una colección infinita, porque cuando estas por pagar las
suficientes bolas como para completar la “lista de colección” que la muñeca
trae consigo… aparece una nueva temporadas con cambios mínimos, o las pequeñas
hermanitas de las anteriores, o sus mascotas… o quien sabe que esté por venir.
De repente me sentí Lisa Simpson al momento de defenestrar a la Stacy
Malibu que la llevaría a crear la Lisa Corazón de León, y es que la
generación de estereotipos y mensajes espantosos para entretenimiento de las
nuevas generaciones no es un problema nuevo, lo novedoso deberían ser las
soluciones, o los juguetes alternativos que empiecen a volverse hegemónicos,
porque es terrible que cada vez estemos más convencidos de que jugar es
aprender valores, sentidos y modos de ser en esta comunidad, y aun así, los chicos
jueguen con conceptos tan hartamente comprobados como nocivos para las
ciudadanías esperables.
No entiendo el innegable éxito de L.O.L., la muñeca que odia el planeta
No entiendo lo descartable
Vivimos en un planeta cuyos recursos deberíamos optimizar y el
condenable reino de lo descartable no para de crecer hasta niveles de
obsolescencia difíciles de entender.
Lo descartable nos aparece como fácil, barato, rápido y práctico,
y nosotros, revestidos de un imperdonable cortoplacismo, nos dejamos seducir
por la propuesta y allá vamos, como si elegir esos productos no tuviera
consecuencias, como si la necesaria toma de decisiones opuestas a esta
corriente no fuera impostergable para marcar la diferencia en un planeta que
pide a gritos que lo dejemos de intoxicar.
En la mayoría de los casos, hablar de cosas descartables, es sinónimo
de plástico; vasos, platos, cubiertos, manteles, botellas, bandejas, embalajes,
packs, bolsas y más bolsas. Usamos mucho plástico para la comida y para la
higiene… sospechosamente los más frecuentes momentos de nuestra vida. Increíblemente,
el plástico es un material muy duradero, lo cual hace muy posible su reutilización
una buena cantidad de tiempo, mientras que su fabricación involucra elementos
naturales no renovables… lo cual, es más desastroso aun.
Sin embargo, mientras cientos de organizaciones con argumentos
científicos motivan a abandonar el consumo de plásticos de un solo uso,
erradicar las bolsitas de nylon y reducir las compras con envoltorios
excesivos, no paran de aparecer nuevas alternativas de cosas que antes no se
tiraban, pero ya las podemos tirar. Los productos que se vendían sueltos,
vienen con su envoltorio descartable, los pañales que antes se reutilizaban, ahora
se pueden tirar, los productos recargables, escasean y entre lavar y tirar,
elegimos ahorran un cuarto de minuto y hacer un bollito un vaso, una bandejita
o un tenedor de plástico. Basta.
La palabra descartable remite al doble daño de extraer de
recursos, aplicar energía y procesos de dudosa sustentabilidad para obtener un
producto por el que alguien va a pagar para usarlo uno a pocas veces y tirarlo,
contribuyendo a la abominable generación de residuos con todos los males que
esta implica; en el peor de los casos, deposición final en montañas de basura
que no paran de crecer, ocupar espacio y generar enfermedades a los que viven
cerca y mucho tiempo para degradar estos materiales, en el mejor de los casos, descartarlo
como residuo reciclable (en los pocos casos en que eso es posible) y volver a
invertir energía y procesos en que ese material vuelva a ser algo útil que
posiblemente en poco tiempo se vuelva a descartar y así…
No entiendo la cultura del descartable a la que nos hemos aficionado,
como si tuviéramos un mundo plan B para cuando terminemos de colapsar este.
No entiendo las neuronas espejo
Cierto es que no las entiendo, y cuando me puse a leer... me entusiasmé escribiendo un cuentito... que no responde claramente a la definición de neuronas espejo... pero si me llevó de paseo con la actitud de elegir imaginarse espejando a otras personas, este momento de duda, donde no sabemos si seguir el camino y pegar un volantazo y tomar otro... ahí cuando elegimos mirar al resto, para ver si alguien mas tiene las claves de nuestro existir
Otro viernes a las seis de la tarde. Julia cerraba la puerta de aquella
oficina para la que trabajaba a cambio de un salario, pero sin ninguna satisfacción.
La llave crujió en la cerradura aprisionando los problemas ajenos hasta el
lunes en que Julia volvería a abrir esa puerta para sentir esos problemas como
propios a cambio de dinero.
Se acercó a la esquina para cruzar la calle y un taxi retuvo su atención.
Se imaginó conduciendo ese auto sin rumbo por la ciudad a merced de que algún
fulano se suba al asiento trasero para indicarle un nuevo destino, incierto
cada día, sonrió.
En la siguiente esquina una pareja entretenía conductores con sus
destrezas circenses el tiempo que duraba la luz roja del semáforo. Julia sintió
ganas de aprender aquellas artes y decidir cómo y dónde montar sus shows,
arrancar sonrisas, despertar admiración de chicos y grandes. Sonrió.
En otra esquina encontró un revuelo. Muchas voces, mucha gente y en el
medio, un periodista empuñando un micrófono para interpelar a los presentes. Quizás
Julia sería feliz recorriendo el lugar de los hechos, entrevistando testigos,
buscando noticias, generando contenidos de prensa. Volvió a sonreír.
Esa tarde, entre llamados telefónicos y timbrazos, Julia había leído sobre
las neuronas espejo, un grupo de células dedicadas a reflejar acciones ajenas
(como el contagio del bostezo o las ganas de ser taxista, artista callejera o
periodista). Según la ciencia, estas neuronas explican que un bebé llore porque
otro lo hace y que casi podamos sentir dolor por ver a una persona herida. Son la
clave de la imitación como medio de aprendizaje y quizás la explicación de las
ganas que experimentaba Julia de ser como cualquiera, menos como ella misma.
Otro viernes a las seis de la tarde con la posibilidad de elegir no
volver a aquella oficina el lunes.
No entiendo las neuronas espejo, ni entiendo a quienes no cuestionan cada día su recorrido por esta vida...
No entiendo la sinestesia
No se si todos deberíamos ser sinestésicos... por momentos se me hace muy interesante que lo fuéramos.
Si no tuvimos la suerte de que nuestro cerebro se
desarrolle de forma atípica y nos permita volvernos sinestésicos, estaremos
toda la vida viviendo el mundo según el esquema de pensamiento que procesa la información
sensorial por separado.
| Alicia en el país de las Maravillas by Pablo Bernasconi <3 |
Cada uno de los cinco sentidos nos brinda datos acotados y
un disfrute multisensorial solo será posible haciendo esfuerzos de abstracción,
metáforas y rituales tendientes a producir alucinaciones.
Sin embargo, como personas no sinestésicas, el juego de
mezclar los sentidos no resulta feliz para inventar mundos nos son inasibles.
- Que sabor tienen las palabras que disolvemos en el paladar?
- De qué color son las letras cuando las soltamos por la boca?
- Que forman las notas musicales en el aire?
- A que huelen los colores? Y las formas?
- Que sabores son pinchudos y cuales son esponjosos?
- Cuál es el sabor de la música? Y que color tiene?
- Como suenan los colores?
- Que gusto tienen las texturas?
- De qué color son los números?
- Son más dulces los colores verdosos? O los amarillos?
- Que sonidos son ásperos y cuales son mullidos?
- Es acido o amargo algo rugoso?
- Hay olores fríos?
En el caso de los sinestésicos estas preguntas no las
responden por asociación, sino con base en su percepción; involuntaria y automática.
Ante el estímulo de uno de los sentidos, experimentan sensaciones de otro y perciben
con los dos. Esto es otra prueba de que el mundo no es preexistente a nuestra
experiencia de él. La realidad es individual, creada por nosotros.
No entiendo como no me tocó ser sinestésica… quizás para
permitirme inventar mundos de sensorialidades superpuestas a mi voluntad.
No entiendo el Rio Paraná (1)
No entiendo como
lo hace, pero el rio que acompaña mi
ciudad tiene muchas formas de ser vivido, sentido y conocido… se ocupa de
contarnos algo a cada uno de los que le pasamos cerca… y con cada uno establece un vínculo, que como
todos los vínculos, fluye, muta y se renueva.
*****
El río se ve más
lindo esta mañana, me acerco para mirarlo brillar bajo un tibio sol de agosto
que traza un sendero dorado desde el cielo hasta donde estoy. Camino en
paralelo al curso del río y el sendero dorado siempre va del sol hacia mí. El mensaje
es absolutamente claro. Mientras cardúmenes (¿?) de camalotes navegan con calma
hacia el sur, el astro rey me señala el brillo, el fulgor, la fuerza y la
calidez de sus atributos, que me son conferidos a diario. Sus dones se vuelven míos,
me llenan y hoy los siento. Absolutamente claro. Sobre el agua destella un
senderito y yo camino, el sendero también.
El río marrón se
ve azul fuerte y la fuerza se llena de viento suave que invita a la
permanencia.
En pleno centro,
zona donde el río se luce pero no moja. Hay muchos ríos en mi río y con muy
pocos converso. El de hoy me habla manso y claro, me contagia, me potencia y me
invita. El río de hoy tiene ganas de darme un empujoncito y el sol baja por él
y me llama.
No es el de
siempre pero es el mismo. Panta rei, todo el tiempo, aunque no lo vea. Panta rei,
todo el tiempo mientras corremos. Hoy me habla, absolutamente claro.
*****
No entiendo a este
Río Paraná
No entiendo a los que no portean
No debe ser fácil andar por el mundo siendo bebé. Ir de mano en mano... pasar de nadar a respirar. .. Tener que aprender a usar tu cuerpo y hacerte a la idea de que el cuerpo en el que vivías.... No es tu cuerpo, es uno que esta al lado tuyo, pero se llama mamá.
Para suavizar estas novedades no hay nada más obvio que la crianza con apego... Un método que es lo mas parecido al que usan casi todos los otros seres vivos del planeta. .. Pero nuestra especie lo cuestiona bastante.
El método de crianza... No es el tema de hoy. .. Hoy nos centramos en el modo de transporte de la cria de sapiens.
Ya me ocupe de explicar que el cochecito y yo no tenemos buena relación. Lo considero un artefacto inútil y torpe... Sin embargo... Hay bebé y hay que moverse con él.
Creo que lo pensé por primera vez en África. Estaba de vacaciones (sin el mas remoto interés en la maternidad) y me sorprendía que... Muy pocas y breves veces había escuchado niños llorando.
Los niños africanos no lloran . Porque lloraría un niño que esta pegado al cuerpo de su mamá?
Atarse un niño al cuerpo es embarazarse otra vez... Y eso es genial para ambos. También es darle la oportunidad al padre o los abuelos de estar un poquito embarazados también.
Es compartir los latidos del corazón.
Es como hacer upa... Pero teniendo las dos manos libres (recuperando la capacidad de lavar platos o colgar ropa... Cosas que con una sola mano... No se pueden hacer).
Esta bueno para la postura... Para distribuir cuidadosamente el peso... Para moverse con libeatad por la ciudad... subiendo escaleras o viajando en colectivo sin complicaciones.
Atarse un bebe al cuerpo es lo mejor que le puede pasar a un bebé. Le permite viajar cómodo y seguro... Eso es relajante para cualquiera. A su vez puede comer... dormir y ver el mundo desde la proximidad con su persona de confianza...
No entiendo a los que no usan elementos de porteo de bebés. Los cochecitos son un invento para adultos que no tiene muy en cuenta a los niños.
No entiendo a los cochecitos
No quiero caer en el autoriturismo de suponer que hay un solo tipo de maternidad... ni quiero derrochar la sapiencia de un solo hijo y una antigüedad de quince meses en el puesto de madre. Tampoco hice las cosas de manera tan radical y en un rincón de mi casa... yace inmóvil un cochecito.
Es casí parte indiscutible del combo del bebé... Y si bien me resisti a varios artículos. ..Que alguien traiga un hijo al mundo y no le compre un cochecito. .. Es demasiado impensado... incluso para mi.
Cierto es que compre uno de los más baratos y el más liviano y menos aparatoso que encontre. Tuve la precaución de chequear que se pueda cerrar con una sola mano (atenta a la ineludible realidad de sostener un bebe con la otra mano) y que no tenga huevito para el auto (me pareció que ese bodoque de plástico más pesado que el bebé mismo no podía ser cómodo para llevar cual canasta de Caperucita).
Bastaron un par de salidas breves a vía pública para descubrir que el cochecito y yo no teníamos química. Las imperceptibles irregularidades de la vereda hacían saltar a la peque dentro de su transporte... La inoperancía de la mama primeriza aportaba descontrol... cruzar calles era una situación de stress irremontable y pisar gente era algo imposible de evitar.
Los comercios con dos escaloncitos en la entrada se volvían fortalezas impenetrables y la búsqueda de ascensores en lugares a los que siempre accedi por escalera fue todo un tema.
Estaba claro... esa cosa y yo no podíamos convivir.
Por otro lado... La tripulante de la nave tampoco era feliz en el paseo y lentamente todo fue llevando a que ese adminiculo dejará de ser bienvenido en la rutina.
Tantas cosas podría decir en contra de los cochecitos... Que me parece ridículo que la gente los siga usando.
Claramente no entiendo los cochecitos y la rarisima sociedad que los inventó y aun no los destierra.
(Continuará...)
No entiendo las manchas limpias (2)
Ya expliqué que son las manchas limpias (pueden recordarlo acá)
Las manchas limpias desfilan por la vida esperando a que descubramos que son obras de arte, cuadros pintados por la casualidad en rincones hermosos de nuestra rutina.
Pequeños llamaditos de atención para contemplar cunado pasamos apurados por los días. Guiños de ojo de la oportunidad de jugar sin que nadie sepa que estamos jugando, porque... como dice Dolina que dice Barri... resolvemos seguir jugando en secreto.
No estoy del todo segura que todos podamos ver las mismas formas en las manchas limpias (y no le quiero poner ninguna carga psicológica al juego), es por eso que comparto fotos sin especificar donde están los dibujos que veo, y supongo, que si con decir que hay en la imagen no pueden verlos, podrán encontrar otras cosas...
Una mañana, mientras trataba de no despertarme, vi desde mi cama una cara que me miraba entre mi ropa sin ordenar.
Un atardecer en Uruguay, creí que Mufasa me hablaba desde el cielo como en mi infancia vi que le habló a Simba.
En el tanque de agua que se ve desde mi ventana, hay una mancha de humedad sospechosamente parecida a un cuadro de Pablo Bernasconi perteneciente a la serie "Finales" sobre la novela "Ana Karenina"
En un revoleo de ojos me encontré con un robot con flequillo exhausto de tanto trabajar como aire acondicionado, el calor lo está llevando al limite de sus fuerzas y sus ojitos se ven cansados.
Durante un viaje en auto de noche, un paquete de miniRodhesias abollado, a contraluz, se volvió la silueta perfecta de un perrito, que nos acompañó gran parte del viaje (no se si lleguen a verlo, pero en vivo, era muy genial).
En el nudo de una cortina vi un bichito tragándose, o escupiendo, o teniendo por lengua la cortina misma
También tuve un conejito cachetón de rasgos muy nítidos, nacido de una manzana
Y un delicado pajarito que no le teme al frío y se asoma con sus delicadas plumas desde un pedazo de hielo
El mundo es un gran juego donde muchas pequeñas cosas nos esperan para sacarnos una sonrisa, no entiendo a las manchas limpias, pero acepto la invitación que me hacen de abrir la puerta para ir a jugar.
No entiendo el agua
Cae en forma de lluvia conformando un círculo de un diámetro aproximado de unos, quizá, sesenta centímetros. Cae sobre mí, que estoy enrollada bajo su dulce abrigo. Mi cabeza reposa sobre una esponja y cada célula de mi cuerpo comienza a perder sensibilidad para transportarse a otro mundo; a uno que queda cerca, pero aun así es otro.
La temperatura del agua contribuye a que ya no sienta que moja. Solo puedo percibir el tibio masaje de la energía hídrica sobre la piel, y ya mis oídos están completamente sumergidos en el agua. Puedo escuchar sonidos muy distintos con uno y otro. El agua protagoniza ambas sinfonías, solo puedo entregarme a la magia del momento. Mis ojos cerrados imaginan paisajes submarinos y espectáculos montados por coloridos cardúmenes danzantes.
Por momentos la realidad intenta abducirme sin el éxito esperado, se hacen presentes fragmentos del mundo al que pertenezco, pero aun así estoy convencida de ser una turista en algún universo paralelo que existe solo en mi bañadera, solo para mi, al que solo accedo yo. La temperatura del agua tiene una intensidad diferente dependiendo de la superficie de mi cuerpo con la que hace contacto. Las gotitas producidas por el rebote de las gotas sobre mí, impactan con increíble audacia transmitiendo una temperatura inferior al impacto de la gota original.
Llevo horas paseando por la nada que el agua dibuja sin pudor sobre mi vida, debería sentir culpa, si estuviera permitido en este estado, pero no es así. Sin embargo, la realidad, después de muchos intentos me roba un suspiro desganado y me invita a, muy suavemente y con total tranquilidad, abrir mis ojos. Una molesta sensación de gotitas impactando mi retina me irrita y fastidia. Busco alguna posición más cómoda. El espacio es muy reducido, no puedo estar del todo a gusto. Encuentro un punto de equilibrio. Mis ojos abiertos descubren, mirando al techo, que el espacio que me condiciona tiende a verse en constante reducción y por un momento creo sentir miedo, tal vez estoy en un error. Mi perspectiva óptica se contrae y la tranquilidad adquirida se desvanece ante la inminencia de un mundo que parece querer aplastarme y se burla de mi vulnerabilidad.
Estoy mojada. Ahora, otra vez, tomo conciencia de que lo que me toca es el agua, y por capricho de la naturaleza me siento mojada, cosa que hasta recién no percibía. Es agua.
Lentamente trato de volver al mundo del que soy habitante, participante, dueña y responsable… responsable? y, si… quizá, si. Puedo sentirlo… están presentes ambos, son dos mundos, están ahí y se baten a duelo por mi alma. Ambos quieren llevarme y yo no tengo voluntad para decidir donde ir, la realidad y el agua me atraviesan en todas direcciones y mi cabeza comienza a girar. Se agolpan las ideas, se mezclan las nociones, no se que quiero. El querer y el deber. Desfilan infinidad de dicotomías por mis pensamientos, si es que puedo afirmar que pienso.
El final todos lo conocemos… desde el momento en que estas letras fueron trazadas deducimos que la realidad me cuenta entre sus filas como una obrerita mas, trabajando sin mas remedio por hacer de este mundo un lugar mejor. Era más fácil dejar que el duelo lo gane el agua, pero no hubiera sido correcto. El paseo puede volver a repetirse, pero soy ciudadana naturalizada de la realidad. Habito la realidad, trabajo por ella, y aunque me tiente el mundo de los placeres tengo una misión que descubrir y concretar.
De todos modos, detrás de la mampara tengo una puertita que me conecta a otra dimensión y cuando la vida me agobia y el mundo se me viene encima, abrir esa puerta siempre va a ser mi contacto con el mundo del agua. Ese mundo que nos recorre por dentro y por fuera, en todos los estados y temperaturas. Es el agua, es la salida, es el escape, es la clave a la que recurrir en casos de emergencia. Solo hay que tener la convicción de saber que hay que volver.
(La yo del 26-6-2005)
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