No entiendo como no amar mi oficinita



Hace poco tiempo, entre las reformas de mi casa, incluí la existencia de una oficinita. La casa es chica, pero necesitaba dejar de tener papeles, carpetas, cajas y cajitas despatarradas por todos lados, entonces, una oficina del tamaño de un armario, pareció ser la solución.


Todavía nos estamos conociendo, cada día surgen nuevas cosas que agregarle y descubro que otras no eran tan prácticas como parecían. a fin de mes van a instalarle puertas, todavía le faltan estantes, y  todo el tiempo cambio cosas de lugar para poder escribir a gusto.

Algunas de las cosas que la hacen muy adecuada;

Su tamaño, que sea pequeña la vuelve práctica para tener todo a la mano. No hay que interrumpir la tarea para buscar nada, a lo sumo pararse sobre la silla y todo está al alcance.

Sus colores no generan stress, el verde y el lila tienen una frecuencia tan lúdica que es imposible sentir que lo que allí sucede es desagradable y preocupante, no importa lo que pase, genera un mimo visual màgico.

La ventana, aunque estemos en pleno centro de la ciudad, la casa es interna y en el corazón de la manzana, se escuchan pájaros cerca y motores lejos, es como tener lo mejor de lo urbano y lo natural sonando de fondo en el silencio de la tarde. Cada tanto, la voz de un vecino, un televisor ajeno o mi gato, hablando con las palomas en el patio.

La silla pesada, nunca me gustaron las sillas pesadas, pero para este lugar, quería una que si lo fuera, sin ruedas, sin patitas finas, un bodoque de madera. Cuando yo me siento, no se mueve y cuando cambio cien veces por hora de posición, la silla sigue donde inicialmente la apoyé. Está tapizada en pana lila y suele tener enormes almohadones para mayor confort 

La mesa blanda, esta fue una adaptación reciente, uno de mis grandes hallazgos oficiniles. Nunca me senté derecha “como una señorita”, en términos de mi mama. Prefiero “enroscarme" sobre la silla, y suelo tener las rodillas a la altura del pecho. Por eso, las tablas de la mesa siempre me lastiman, y para ello, descubrí que agregar un flotador al borde de la mesa en una caricia para mis rodillas, y también hace más cómodo el uso del mouse (ver foto)

El escritorio no tiene patas, es una tabla que va de pared a pared, eso lo hace perfecto para limpiar fácil y no renegar con la silla. Además está forrado en contact lila (al principio estuvo pintado de blanco) para que sea más fácil pasar un paño y retirar los muchos pelos de gato que inevitablemente hay en él.

Climatización, en un intento por no artificializar el clima, pero no morir en el intento, he dispuesto en el espacio un ventiladorcito de mano violeta que tira agua mientras gira para verano y una mantita verde para invierno, de esta forma, nos adecuamos al clima sin generar calentamiento global ;)

Chucherías, no soy yo sin mis cachivaches, quienes me conocen lo saben, y es por eso que me regalan cosas hermosas que mi escritorio luce; la vaca con luz led, el cactus pincha notas, el globito terráqueo, biromes con formitas, cajitas, artículos de librería (más lindos que útiles), todos están aquí, a mi alrededor, sumando color y evocando instantes.

Imanes y notitas, desde siempre me gustaron los imanes, me parecen un recuerdo practico, chiquito, simbólico, fácil de transportar y útil… es por eso que los laterales de mi escritorio tienen pintura magnética y en ella puedo adherir notitas, recordatorios y mucho color!

Además; el monitor lleno de stickers, una malaquita y una turmalina negra, el multipuerto usb robot con ojos luminosos, la bolsita con consignas de escritura, las cajas y portalápices verdes y lilas, los mandalas de alambre, las libretitas de diferentes temas, la ludoteca en el estante más alto, muchos clips de colores, una maderita de palosanto, el bolsillo para papeles en el respaldo de la silla, la agenda abierta siempre cerca, las fibras de colores, mis libros más queridos, los post it por todas partes, algunas frases pegadas, tijeras con formitas, barritas de azufre, algún dibujito de un  niño, flores de origami, un sapo, un pato, un ornitorrinco, una muñeca, varios gatos, recuerditos de momentos y personas…

Mi pequeña oficina me abraza. No entiendo como no amarla.

Esta publicación forma parte del proyecto “30 días de escribirme”, propuesto por el blog escribir.me (todos invitados a jugar!)

Día 3: desde donde estás sentado, escribí diez cosas a las que no les habías prestado atención.


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