No entiendo el calentamiento global.




Resulta que hace unos cuantos años, en alguna tarde de delirio (perfectamente tengo ubicado que era de tarde, porque no es de mis ideas trasnochadas, ni de las mañaneras), se me dio por pensar en el calentamiento global, pensé en la contaminación y el rastreo genealógico de las causas, y llegué al título "M`ijo el dotor. Historia del calentamiento global"
Y si, aunque no suene coherente, creo que en los años más agrarios de nuestra historia, la benevolente mirada cargada de orgullo a los profesionales otrora escasos es la raíz de que cada vez sean necesarios más aires acondicionados.

Ante todo, una declaración de principios; no tengo, no pretendo tener, no uso y no hago prender aires acondicionados. Sospecho que aumentar el uso de energía potencia el calentamiento global y sospecho también que mi cuerpo no tiene que acostumbrarse a las bajas temperaturas artificiales, sino adaptarse a las temperaturas de su nuevo medio. ¿La conclusión? No la paso excesivamente mal, tomo agua más fría y refrigero de adentro hacia afuera, uso ropas más holgadas en verano y resisto, porque mis convicciones me lo piden (no, no tienen que abrir su propio blog para contar que lo que no entienden es a la autora de este).


Las generaciones de campesinos que se esforzaron por garantizar a sus hijos una educación de nivel superior usaron su libertad para asignar a las profesiones un valor superior al de los oficios. Sus hijos se volvieron profesionales. Con muchos profesionales provenientes de clases postergadas en los lugares de toma de decisión, se democratizó el acceso a las universidades. Los oficios caen en desprestigio, muchos más padres fomentan en sus hijos el deber de acceder a la educación superior. Quedan pocos seres humanos con intenciones de aprender a reparar cosas que se rompen y esos pocos aumentan sus tarifas. Las cosas se rompen y los precios de las cosas nuevas hacen que no sea rentable pagar a esos pocos reparadores. Los profesionales prefieren comprar otra vez las cosas que ya tenían y se han roto, en lugar de pagar por su reparación. Se produce el descarte de las cosas rotas que han sido reemplazadas por nuevas porque los pocos que las podían arreglar aumentaron sus tarifas y la industria con sus máquinas bajó los costos de reponer ese objeto. Aumenta el descarte de objetos que no se intenta arreglar. Crecen los factores que tienden al calentamiento global.

La libertad bienintencionada de aquellos padres que prefirieron la educación de nivel superior a los oficios pone en riesgo la sustentabilidad de nuestro planeta

Esta publicación forma parte del proyecto “30 días de escribirme”, propuesto por el blog escribir.me (todos invitados a jugar!) 
Día 25: escribí acerca de un tema del que no tenés ni idea. Inventá todo.

Esta consigna me resultó particularmente irónica, porque siempre escribo de cosas que no sé, como si supiera!


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